Quién eres tú


A la llegada de febrero puedo oler la primavera cerca, puedo sentir la nueva oportunidad de regeneración, de empuje y de descubrimiento de lo nuevo. Pero para descubrir lo nuevo hay que dejar un hueco, ese espacio sólo puede quedar vacío si te liberas de algo que ya no te sirve. Claro que primero hay que caer en la cuenta de que te aferras a algo, y luego de que ya no te sirve. Quizá la forma de comprobarlo sea en los momentos en los que quieres hacer algo y sabes que tienes recursos para ello, pero sientes que no puedes, te sientes tan pequeña...

Entonces Senda de nuevo intentó no distraerse en su meditación. El maestro siempre decía que si te das cuenta de que tu atención se ha ido a otra cosa que no es la pura observación, entonces la traes de vuelta amablemente para seguir observando, o más bien abres de nuevo tu perspectiva, soltando eso que acaba de enganchar tu atención, eso con lo que te acabas de identificar de nuevo. Al abrir el foco te liberas de lo que quiera que sea eso que te ha arrastrado o a lo que te aferras.

Esto es parte de lo que ocupaba la mente de Senda en aquel retiro de meditación. ¿De qué tendría que liberarse ella? no tenía duda, de demasiadas cosas. Su cabeza no sólo estaba llena de "tengo que...", también de "soy esto, soy lo otro", engañándose a cada momento, desaprovechando así oportunidades magníficas para tomar su poder y poner su granito de arena en este mundo.

¿Cómo me describiría a mí misma? se preguntó, pero aparecían descripciones tan reducidas, rígidas, desilusionantes e inciertas que se hacía un tremendo lío.

"Soy un desastre, es que soy despistada, no sé relajarme, no tengo concentración, no puedo dejar de comer, no puedo dormir..." etc.

La pauta del maestro era clara, si puedes observar tu cuerpo es que no eres tu cuerpo, si observas tus pensamientos, no eres tus pensamientos, si observas tus emociones y sentimientos, no eres eso tampoco, igual que no eres tu puesto de trabajo, ni lo que tienes, ni los triunfos que consigues. Entonces ¿quién eres tú?, decía. Buena pregunta, pensaba ella, y va y nos deja así, sin contestarla, después de nuevo el silencio llenándolo todo...

Tú eres mucho más que eso, lo que tú eres va más allá de eso. Esta es la verdad y Senda lo sabía, pero sentía que no era capaz de llevarlo a su vida, sólo en ciertas ocasiones conseguía vislumbrar un poco de lo que realmente era. Y ni siquiera eso, que ya era un triunfo, lo valoraba como se merecía. Cuando sentía algo, por incierto que fuera, lo creía, precisamente a una de las cosas que más se aferraba ella era a las emociones. 

Las emociones son un camino más de descubrimiento muy importante, sin embargo, cuando nos aferramos como si fuera lo único, entonces nos engañamos nuevamente.

Cuando éramos pequeños hicimos una descripción de nosotros mismos, nos la creímos y ahora vivimos de acuerdo a esa descripción y no de acuerdo a nuestra naturaleza, que ya es perfecta, completa.

Bellas palabras que había escuchado al maestro resonaban en la mente de Senda, trataba de grabárselas a fuego para recordarlas en días de escasez de alegría y serenidad.

Senda creía que incluso, aunque sus pensamientos estuvieran en estas reflexiones, la meditación sería muy provechosa, entonces se dio cuenta de que también podía observarse a ella misma mientras pensaba que estas reflexiones eran provechosas. Y casi se vio como en una cadena de naipes, o como en el juego de muñecas rusas Matrioshkas.
Una muñeca mayor incluye a otra más pequeña en su interior y otra más pequeña y así hasta la última que es tan pequeña que cuesta cogerla con los dedos. Pero la grande incluye a todas las demás. Una perspectiva mayor es más incluyente, más global y consigue ir más allá, acercándose a lo que es la realidad, de la que sólo vemos una parte y, normalmente, muy pequeña. De la misma manera que cuando subimos una escalera de caracol y a cada piso podemos tener una visión más amplia e incluyente de los pisos de abajo, una vista panorámica que nos hace valorar todas las etapas por las que hemos pasado y sin las que no hubiéramos llegado donde estamos. Pero claro, hay que subir.

Entonces Senda se propuso ser la muñeca mayor, aunque para eso hacía falta que pasara más tiempo y ella aún no sumaba demasiada edad. Pero estaba segura de que cuanto más lograra observarse, más podría aprender de su naturaleza, más podría liberarse de sus creencias limitantes, más podría coger las riendas de su vida, desarrollarse y con esto ayudar a los demás. Para ella ayudar a los demás era el fin último, sin el que todo lo demás perdería el sentido.

Cada nueva etapa estaría llena de nuevos aprendizajes, de nuevas creencias limitantes cazadas y puestas en observación, porque son pájaros heridos que necesitan ser curados y liberados, transformados hacia su verdadera naturaleza. 

¿Quién eres tú? atrévete a descubrirlo, ¡ven! sube por la escalera...