Maldita felicidad



En las enriquecedoras charlas que voy teniendo con diferentes personas de mi entorno voy descubriendo y teniendo más presentes mis valores y mis convicciones. Voy forjando, puliendo, flexibilizando y cambiando una perspectiva que va cobrando sentido en la medida en que es más amplia, más inclusora e integradora de la realidad tal cual es, con más perspectivas que completan el maravilloso cuadro de la vida.

En cualquier lugar puedes siempre encontrar personas que también se hacen las mismas preguntas que tú. Por qué la gente se suicida, qué hace que una persona encuentre la felicidad, cómo solucionar nuestros problemas, cómo dejar de sentir la soledad, de qué manera encontrar un poco de paz, cómo superar las crisis...

Para la persona que está en dificultades, preocupada de su supervivencia, la felicidad es conseguir el dinero, pero cuando se consigue todo lo básico para vivir, se cree que la felicidad es tener más de eso. En el caso de tener la "suerte" de poder conseguir más, la persona puede seguir creyendo que ahí está la felicidad para ella. Puede ser más dinero o pueden ser más títulos, más ropa, más comida, más tiempo, tener familia, tener pareja, más viajes, etc. 

Pero cuando se tiene la "suerte" de conseguir todo, todo lo material, todo lo más tangible, ocurre algo extraño, aún así muchas personas no obtienen la felicidad. Pero entonces aumenta la infelicidad porque no se explican cómo, teniéndolo todo, aún no son felices. Entonces se culpan y torturan alimentando esa infelicidad, ese alejamiento de sí mismas.

¿Qué está ocurriendo? Puede que entonces nos empecemos a dar cuenta de que una creencia errónea nos ha llevado a una mayor infelicidad. Puede que tengamos la suerte de entrar en crisis y gracias a ella poder cuestionar algunos de nuestros valores, algunos de nuestros principios, algunas de las cosas que creíamos que nos funcionaban pero que el en fondo no es así. El concepto de felicidad que teníamos se está resquebrajando como un cuadro antiguo que necesita ser restaurado.

Sería genial poder aprovechar ese momento de crisis para resetearnos como un ordenador y hacer las actualizaciones pertinentes. Entonces podremos empezar a darnos cuenta de que la felicidad es algo que va mucho más allá de la superficie. Se trata de algo más profundo, de algo que sólo está dentro de nosotros. Pero lo difícil es encontrarlo, sobre todo, en momentos de oleaje, en momentos en los que la tormenta hace que estemos constantemente saboteándonos, enfadándonos, deprimiéndonos, aterrorizándonos, criticándonos, asqueándonos, exigiéndonos, culpándonos y destruyéndonos de mil maneras creativas que tiene nuestra mente.

Si no aprovechamos la crisis para resetear, la situación nos obligará a poner parches urgentes, a poner más capas y más capas que nos alejan de nosotros mismos y, por tanto, de la búsqueda de la verdadera felicidad.

La búsqueda más fructífera es hacia dentro, pero para bucear en las profundidades primero hay que echar el ancla y volver a buscar nuestro timón. Éste es un símil que me gusta mucho y es que la ingeniería naval puede enseñarnos mecanismos sorprendentes y fácilmente aplicables a la ciencia del comportamiento humano. Curioseando en internet me he encontrado con una web muy completa y generosa en conocimientos, la del ingeniero marino Roberto García. Vamos a ver su definición de timón:

"El timón de un barco es un componente elemental en cualquier embarcación, es el encargado junto a la propulsión de la maniobra del buque.

Se define al timón como el dispositivo utilizado para maniobrar un medio de transporte que se mueva a través de un fluido, en este caso, un buque. El  timón es el encargado del aprovechamiento de los efectos hidrodinámicos del fluido produciendo un efecto de giro o de empuje gracias a la incidencia de las partículas del fluido."

Como buques únicos que somos, nuestro timón es 
la atención, el "músculo" más importante de nuestra mente. El cultivo de nuestra atención será la verdadera clave para encontrar esa felicidad, la que no depende de nada externo, la que no está exenta de dolor pero sí de sufrimiento, la que nos hace vivir en congruencia con lo más profundo de nuestras convicciones y de nuestro corazón.

Esta es una de las conclusiones a las que la neurociencia ha llegado gracias a las ya numerosas investigaciones científicas.

Uno de los geniales descubrimientos de la ciencia ha sido cómo la atención no es algo que esté a la deriva en nuestra mente, sino que se puede cultivar y determina, de hecho, hacia dónde coloquemos la proa de nuestro maravilloso buque insignia. Determina nuestro carácter y nuestra vida al completo.

¿Te atreves a cultivar tu atención? en el próximo artículo recogeré las formas, 
científicamente probadas, de cultivar la atención, porque son variadas y cada una desarrolla diferentes funciones cerebrales. Comienza aquí una aventura, creo que la más apasionante que ninguna persona pueda vivir.