Por qué odio a los demás


El odio es un sentimiento muy rechazado por todos pero es inevitable sentirlo en muchas ocasiones. Puedo odiar comer judías, o ir a comprar ropa, también puedo odiar a la persona que acaba de romper conmigo una relación, son muchas las cosas que podemos odiar. Se trata de un intenso rechazo, en definitiva un intenso enfado que quizá está tan acumulado que nos esclaviza. 

En general se suele negar, si yo me quiero considerar una buena persona y creo que son las malas personas las que sienten odio, entonces ese sentimiento va a estar prohibido para mí, no debo sentirlo. Pero estoy segura de que algo habrá que lo despierte, en algún momento, aunque sólo sea provocado por alguna de las noticias escabrosas que solemos escuchar en el telediario. 

Cada persona lo siente de manera diferente, hay personas muy intensas que todo lo experimentarán muy intensamente, otras están muy desconectadas de sus emociones y dirán que no lo sienten, desde luego será verdad, aunque seguro que en otras ocasiones les saldrá por las orejas; otras personas lo sentirán en un grado muy bajo y quizá utilicen otra palabra para describirlo, sobre todo, sabiendo el rechazo social que obtiene la palabra "odio", entonces quizá prefieran llamarlo rechazo.

Vamos a ver qué dice la Real Academia de la Lengua, el significado de odio es: "antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea". 

Esto es lo que más rechazamos en nuestra sociedad, el ser capaces de desear mal a alguien, pero ¿acaso no es lo mismo que desear que un asesino esté en la cárcel? no podemos desearlo si no somos capaces de sentir ese odio, esa repulsa. No podríamos tener un sentido de la justicia o un sentido de la ética.

Lo que yo siempre digo es que si existe en nosotros la capacidad para sentir odio para algo tendrá que servir. Imagina primero cómo sería tu vida sin odio, si no existe el odio en ti, ni el rechazo, ni la antipatía, ni la aversión, entonces ¡imagínate! no serías capaz de rechazar nada, no tendrías la suficiente fuerza para ir en dirección contraria al daño que otros te puedan infligir. Realmente creo que sería desastroso.

Entonces la cuestión no es no odiar sino cómo odiamos, qué cosas son las que odiamos y por qué, es decir, nuevamente se trata de cómo gestionamos este sentimiento, no de que sea malo sentirlo.

El primer paso fundamental para aprender a gestionarlo es detectarlo en nosotros lógicamente, es decir, que negarlo no nos va a ayudar. De hecho cuando negamos este sentimiento en nosotros siempre trae una factura y es más rechazo aún, ya sea hacia los demás o hacia nosotros mismos.

Y aquí quería yo llegar, en muchas ocasiones el odio hacia los demás lo disfrazamos de moralismo, exigencia, perfeccionismo, etc, pero sólo encierra una cosa y es el odio hacia uno mismo.

La película Cisne negro es un buen ejemplo donde se muestra con gran maestría que la única persona que se interpone en tu camino eres tú, lógicamente es una forma de hablar, no hay que tomarlo de manera literal, porque en otras ocasiones sí que hay enemigos reales, de los cuales hay que protegerse.

La protagonista de esta película está tan desconectada de su propio rechazo que su mente ha construido verdaderas fantasías sobre alguien que le persigue. Aquí puedes ver el trailer.



Otras veces la forma de alejarnos de nuestro sentimiento de odio hacia nosotros, al contrario que la protagonista de la película, no es creando una fantasía de alguien que nos persigue sino realmente llegar a creernos que nuestro intenso rechazo hacia los demás y hacia el mundo es real y tiene sus motivos.

No es posible sentir tanto rechazo hacia fuera o hacia el mundo sin que exista ese rechazo hacia nosotros mismos, pues todos sabemos que cuando nos sentimos en paz con nosotros mismos también nos sentimos más en paz con el mundo. Aquí me estoy refiriendo a lo que en psicología se llama el mecanismo de proyección, todos tenemos cierta tendencia a proyectar en los demás o en el mundo lo que en realidad está ocurriendo en nuestro interior.

Así es que ahora te preguntarás qué se puede hacer ante este panorama, pues lo veremos más claro con la metáfora del agricultor. Si hubieras heredado una buena porción de tierra, fuera lo único que tuvieras y además no pudieras venderla, imagino que no te quedaría otra que empezar a pensar cómo vas a sacarle partido para vivir. Tendrás que informarte sobre qué cultivos son más provechosos. También tendrás que informarte sobre cómo es el tipo de tierra en este lugar y tener en cuenta la meteorología.


Con toda esa información y asesoramiento tendrás que tomar una decisión, y es qué quieres sembrar en esta tierra y con qué fin,  El siguiente paso crucial será el cuidado diario que esta tierra requiere. Las tres cuestiones fundamentales son: qué, cómo y para qué.

Pues bien, esta decisión puede ser la más importante de tu vida, porque a partir de ahora el mando lo tienes tú, tomando conciencia de que esta decisión es tuya eliges no seguir siendo esclavo de ti mismo, sino coger todo este torrente de energía, fuerza y poder y manejarlo hacia donde tú quieras. 

Así es que la clave está en alimentar lo que quieras que crezca, este es el título de un cuento: "Alimenta lo que quieras que crezca" del libro 101 historias sanadoras para niños y adolescentes . Aunque sinceramente creo que es un libro también para adultos porque la metáfora, como bien se explica en su interior, es terapéutica, todos necesitamos historias en las que zambullirnos para entender de una forma amable lo que ocurre en nuestro interior. 

Ahora espero que las semillas que elijas den muchos frutos con los que, a su vez, beneficiarás a muchas personas
. Cuidándote tú cuidas a los demás.