El suicidio


Se hace un minuto de silencio por una persona que ha muerto y nuestra mente hace un paréntesis, como si el tiempo se pudiera parar ¿en qué pensamos? puede que nos cuestionemos el por qué de esa muerte, más si se trata de un suicidio, que deja un rastro de enigmas de todo tipo pero, sobre todo, un tabú que se evita nombrar.
Muchas veces digo que a todos nos vendría bien un paseo por el cementerio cada mes, se trata de un paseo en el que es difícil huír de nosotros mismos, de nuestra naturaleza y de nuestras emociones.

Esta es la gran cuestión, por eso si quieres seguir huyendo de tus emociones no te aconsejo que sigas leyendo, pero si crees que es momento de mirar las emociones de frente, te aseguro que el sufrimiento siempre es menor, desde luego menor del que imaginamos, tan sólo te enfrentarás al dolor inevitable de la vida pero que conlleva también vivirla con más dignidad y alegría. 

Las razones para quitarse la vida pueden ser tantas como personas hay en este mundo, pero una cosa seguramente es cierta y es que la situación que estaba viviendo, ya sea por un motivo externo o interno, le resultaba insoportable. 

Los familiares no pueden evitar sentir enfado hacia la persona que se ha ido, también hay silencio, culpa y vergüenza por no haber podido evitarlo. El enfado de los familiares les lleva a creer que no ha pensado en ellos por un momento, o bien que uno no ha tenido el peso suficiente en su vida como para que se decante por vivir, sin embargo, es posible que estuviera muy ocupado en el dilema de quererse a sí mismo o no, precisamente es lo que trata este fragmento de la película Angel-A, cuyo comienzo es el intento de suicidio del protagonista:


La reflexión a la que quiero invitarte ahora es la que hace referencia a esa sensación de secreto que encierra un suicidio, creo que hace juego con todas esas emociones que llevamos dentro pero que no nos atrevemos a compartir por diferentes motivos. Porque creemos que vamos a cargar a la otra persona, porque creemos que eso nos va a hacer más vulnerables y nos podrían atacar, porque son emociones demasiado intensas que ni nosotros mismos sabemos qué hacer con ellas y vemos peligroso mostrar algo que más bien desconocemos..., y no sé si a ti se te ocurren más razones, que desde luego me gustaría saber, pero finalmente lo que solemos hacer con frecuencia es quedárnoslo para nosotros.

Yo creo que cuando alguien se suicida, en lo profundo de cada uno, nos recuerda lo frágil que es la vida, lo frágiles que somos los humanos, que todos podemos ser capaces de lo peor y de lo mejor, y que en eso coincidimos todos. No aceptar nuestra fragilidad nos invita a hacernos los "fuertes", matándonos poco a poco o de una sola vez.

Cada vez que nos avergonzamos de sentir algo enterramos a una de esas emociones, contribuimos al mismo tabú que supone un suicidio, y que luego hace que siga la tradición porque nos avergonzamos del suicidio de nuestro familiar, guardando nuevamente todas esas emociones en nuestro cementerio interior.

Te invito ahora a dar un paseo por este pequeño cementerio, el de las emociones, todas esas emociones que van quedando encerradas en ti, de las que nadie sabe nada, teniendo que hacer el gran esfuerzo de ocultarlas, desgastando tus energías, que bien necesitarías para centrarte en el disfrute o dolor de cada momento, el que sea que te haya tocado vivir, porque aunque estés en medio de algo desagradable, siempre será un alivio compartirlo con tus seres queridos. Ellos tendrán la oportunidad de sacarte de algunos errores de pensamiento, a veces nos los creemos demasiado y dentro pueden hacer eco durante horas o días, si no los compartimos con nadie.

¿Cómo crees que se puede sentir esa emoción de la que te avergüenzas? Este rechazo cada día, como una gota de agua que va mojando y calando, se transforma en sufrimiento, o en puro odio a uno mismo. ¿Cómo crees que puede quedar de herido cada sentimiento que no aceptamos? si no nos parece aceptable sentir eso difícilmente lo vamos a compartir. Finalmente se va creando una senda de tumbas que lo único que hacen es debilitarnos.

Matamos diversas partes de nosotros mismos pero poco a poco, ¿no es eso un suicidio lento? puede que no siempre termine con la vida, pero sí podemos seguir viviendo algo muertos por dentro.

Hay muchas formas de "enterrar en vida" las emociones, tantas como creatividad tiene el ser humano: con el trabajo, con las drogas, la meditación, el deporte, el silencio... en realidad todo cuanto se te ocurra puede ser utilizado para huir de ellas, la clave muchas veces no está en "el qué" sino en el "cómo".

Venga, date un paseo por ese cementerio interior y haz revivir a esas emociones, haz que se muestren de la manera más constructiva posible, quizá en un poema, quizá en un "te quiero", quizá en un "perdóname", quizá en un "esto me dolió", quizá en un "te voy a escribir una canción" como ésta.