La tormenta de Senda



Allí estaba Senda sentada en aquella roca, era su preferida, bueno tampoco había más en aquel trocito de campo, a las afueras de la ciudad, pero ella siempre imaginaba más, se sentía más acompañada, y lo necesitaba. 

Las manos sujetaban su cabeza, como si se fuera a desmoronar, como si estuviera haciendo un esfuerzo para que los pensamientos no salieran a borbotones y se esparcieran por todos lados contaminando aquí y allí de esa desesperanza que sentía y de ese tormento que parecía no tener solución.
Otras veces se había sentido mal pero nunca como en esta ocasión. Por otra parte, también era consciente de que cuando estaba mal siempre parecía el peor momento de su vida, así se lo hacía sentir su cárcel interior. Imaginaba que cada persona tendría su propia cárcel, ese rincón oscuro en el que a veces uno se mete sin darse cuenta, pero la suya era la peor, claro, ¡cómo no!. En fin, este era uno de los muchos conflictos que en estos momentos había dentro ella.

Por eso tenía que sostener su cabeza, pesaba demasiado, sentía que no podía mantenerla en orden. Dentro había como pequeños demonios, cada uno diciendo cosas negativas, sólo ella sabía maltratarse mejor que nadie.

- Mira, eso sí que lo sabes hacer muy bien. Apostilló uno de los demonios.

Trataba de solucionar algo, ni siquiera tenía claro cuál era el problema, y parecía que la estrategia para solucionarlo era fustigarse continuamente. De alguna manera creía que dándose latigazos lo iba a solucionar todo.

Pero el único problema era el látigo, que siempre se las ingeniaba para decirle las cosas más crueles que se pueden decir a una persona.  

El sonido de los pájaros era uno de los que más le gustaba a Senda y, en ese momento, era realmente delicioso, pero el sonido de su interior parecía tener mucho más volumen. ¿Podría ella manejar esos volúmenes, incluso la ecualización de su vida? ¿Qué había hecho otras veces para salir de ese atasco?


Aquí paré de escribir este relato porque se me ocurrió preguntar a otras personas en las redes sociales qué hacen ellas para salir de sus cárceles interiores, y estas fueron las respuestas:

1. Pienso en algo positivo.
2. Cambio de tarea inmediatamente y consigo sentirme bien.
3. Intento tener paciencia y comprensión conmigo, así me calmo.
4. No me sirve ni pensar ni hacer otra cosa pero sí preguntarme por qué me siento así.
5. A veces escucho música y me doy una ducha, otras en cambio necesito caminar, me da igual campo que ir por la calle.
6. El contacto con la naturaleza, soñar despierta, pensar que estamos de paso y pronto acabará todo, decirme que ¡soy muy afortunada!
7. Observo el estado de ánimo negativo y así logro desimplicarme de él.
8. Hago manualidades, costura, cualquier actividad que me tenga concentrada.
9. Me pongo a ver un programa de risa y soy capaz de quitarle peso a lo que estaba sintiendo.

¿Te suenan estas estrategias?

¿Se te ocurren más?
¿Qué crees que podría hacer Senda?