Psicólogos que estudian la violencia y presentación en Gijón del libro: "Infierno, cielo y en la Tierra un traje verde".


No sé si aquel día en Gijón había psicólogos interesados por el fenómeno de la violencia y el terrorismo, pero allí estaba yo, en el Ateneo de Jovellanos, el viernes día 10 de marzo, en aquella presentación de tres libros, de tres personas que habían encontrado una forma de expresar aquel horror, el de la lucha contra el terrorismo de ETA. El objetivo es que no quede en el olvido el dolor que nos hace humanos. Eran las I Jornadas sobre víctimas, violencia y terrorismo.

Xavier Eguiguren con Infierno, cielo y en la Tierra un traje verde
José Alfonso Romero P. Seguín con La hija del txacurra
Juanjose Mateos San José con Los verdugos voluntarios

Yo había tenido la oportunidad de conocer antes a Xavier, no dudé en ir a la presentación, intuía que sería enriquecedor, pero no imaginé que tanto.

Allí estaban tres hombres valientes que no escondían sus emociones, por eso más valientes aún. Las circunstancias les había expuesto al horror de lo que los humanos somos capaces de hacer.
Mientras escuchaba, reflexionaba y sacaba mis conclusiones, fui teniéndolo cada vez más claro. Una vez más comprobaba que huir de nuestro dolor lo único que hace es causarnos más daño, separándonos de nuestra esencia. 

Cuando se adoctrina a una persona hacia el odio, el radicalismo y la violencia, lo que se hace precisamente es separar a la persona de su propio dolor, de su sensibilidad, de sus emociones y sentimientos, menos de uno, el único que queda impune y ensalzado es el odio y con una dirección muy peligrosa.

Acabo de leer un interesante artículo donde se estudia, desde un punto de vista científico, los comportamientos extremistas para tratar de evitarlos: Deconstruyendo a un terrorista ¿Cómo? pues generando pensamiento crítico siempre, para que no dejemos que un grupo tóxico esté por encima de lo que nosotros consideramos sensato y ético, para que no genere separación sino comprensión, para que no excluya al que piensa o siente diferente a mí.

Podemos comprobar que, más que tratarse de problemas mentales individuales, se trata de un problema de algunos colectivos, de una dinámica destructiva, que gradualmente va cogiendo terreno desde su comienzo, la enfermedad de todo un grupo que puede llevar a cometer los actos más terribles, alentando hacia el odio.

Precisamente el tema del odio es uno de los que salió al final de la Jornada y que más interesante me pareció, cómo hacer frente al odio del terrorista y cómo afrontar el propio, como víctima. Hay una tendencia a rechazar el sentimiento de odio sólo por el hecho de que eso es lo que los terroristas experimentan, de forma radicalizada, sin embargo, hay una diferencia crucial. Cuando una persona es adoctrinada, es separada también de su dolor como humano, de su sensibilidad, entonces es desconectado de sí mismo de alguna manera, de su esencia. Una vez hecho esto y sembrado el suficiente odio hacia otro colectivo no parece haber vuelta atrás.

El odio es un sentimiento natural y humano en algunas situaciones, sobre todo, situaciones límite y descorazonadoras como que te arranquen de tu vida a un ser querido. Cuando lo sentimos, lo único que nos recuerda es el profundo dolor que hay en nosotros, la función de ese odio es señalar el dolor para que nunca desconectes de él, de ti mismo, y jamás puedas convertirte en alguien como los radicales y violentos.

El dolor es algo de lo que todo el mundo suele huir como puede, pero el dolor inevitable de la vida es eso, inevitable, y además es el que nos conecta a nosotros mismos y a la vida. Todo el que trata de huir de él le espera más sufrimiento, lo veo cada día en mi consulta. Es comprensible y lógico ¿quién quiere sufrir? nadie, pero a veces, nos confundimos de dirección, queriéndolo arrancar de nuestro interior, causándonos más daño.

Después de asistir a la presentación aún tuve alguna sorpresa agradable como una conversación al día siguiente, por Facebook, con otra asistente a las Jornadas, quien me dijo: "yo creo que el dolor, como otras sensaciones, tienes que dejar que te atraviese para poder superarlo". Ella había dado con una importante clave.
Eso es lo que consigue Xavier con su libro, es un viaje que te invita a conectar con tu esencia como humano.



Xavier descubre en este libro toda su sensibilidad, desde lo más terrible, en el infierno, hasta lo más tierno, en el cielo. Al principio nos enseña la herida de su alma para mostrar cómo la sublima a través de una escritura creativa y juguetona. Su experiencia la deja marcada en el libro como huella transparente, desde donde podemos verle a él, tal cual. Cuando una persona muestra su esencia nos invita a nosotros a ver la nuestra, como en un espejo,  y esta es la mejor invitación que podemos tener. 

Así es que el odio te recuerda lo que no quieres, lo que te hace daño, para mantenerte alejado y a salvo, si es que puedes. Te recuerda lo que sí quieres y amas y te hace bien. Te conecta con tu dolor y con los demás, con tu verdadera valentía, la de enfrentar el sufrimiento. Con una buena dirección, este odio lo podemos sublimar en el arte, creando las cosas más bellas de esta vida. También podemos utilizarlo para ayudar a otras personas a afrontar el dolor.

El odio está en el continuo del enfado y es una energía muy potente que pone rumbo a nuestras vidas, en el mejor de los casos, es creación. Si no reconocemos estos sentimientos en nosotros, más fácilmente nos gobernarán y en vez de crear, nos destruirán. 

El que dice no tener odio a lo mejor no es que mire a otra parte sino que ha conseguido sublimarlo o canalizarlo de alguna manera, integrarlo, ha logrado transformarlo en algo constructivo o en compasión y amor.

En este fragmento del libro de Xavier podemos leer un párrafo, sacado de su esencia, transformando el sufrimiento en belleza: 

"Emocional, mejorando, escribir lo que dictan los sentidos, redactar con el alma, que interpreta el sufrimiento pasado y lo colorea a su libre albedrío".Y tengo que decir que bello como el más puro estilo de Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido. De quien quiero recordar también unas palabras: "No había que avergonzarse de las lágrimas, pues ellas testimoniaban la valentía del hombre, el valor de encararse con el sufrir".
Pero me gustaría terminar con otro fragmento de Infierno, cielo y en la Tierra un traje verde, el que alude a eso que nunca debiéramos dejar de ser:

"Siempre me llama la atención que los extremismos, radicalismos y otros ismos, aparecen en personas que dejan de ser niños. La maldad no nace, se hace, a mi juicio".

A mi juicio también, Xavier. Odio/amor, un binomio que queda patente en este libro y que debemos construir sano nosotros mismos, en nuestro interior, para que seamos nosotros los que lo gobernemos, si miramos a otra parte quizá otros lo gobiernen. Así es que yo también odio y amo, al reconocerlo, lo gobierno yo, y no otro.