Ser sensible no es ser débil


Sensible significa capaz de detectar, apreciar o reaccionar emocionalmente ante algo, lo que hagamos con ese algo ya es otra historia. Antónimos de sensible son: insensible, cruel, dañino, impasible, inhumano.

¿Crees que es más fuerte el que es más inhumano? ¿no verdad? desde luego no estaríamos hablando de la verdadera fortaleza humana, sino de una "fortaleza" robótica, artificial, incluso hablaríamos de psicopatía, de falta de sentimientos y de consideración hacia los demás, más bien estaríamos hablando de maldad.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, a la verdadera fortaleza, a esa sensibilidad humana, vamos a considerar a partir de ahora a la sensibilidad como un radar.


Todos tenemos sensibilidad, ese radar que puede detectar estímulos, tanto externos como internos. Digamos que este radar capta mucha información necesaria para una buena toma de decisiones y para reaccionar al medio de la forma más adecuada, para ti y para los demás. Pero ¿cómo está la salud de tu radar?



Esta cuestión es la clave, una de las cosas más importantes que nos podemos plantear. 

Solemos querer que todo vaya bien, a veces, este deseo es tan fuerte que lo que hacemos es fingir, nos engañamos a nosotros mismos, convenciéndonos de que todo va bien, cuando no es así. 

Algunas de las emociones se manifiestan en nuestro interior, mandándonos señales, pero tenemos que enterrarlas para que "todo siga bien", mientras alardeamos de ser fuertes.

Lo que estamos haciendo, no es que todo vaya bien, sino que todo esté bien enterrado, que es muy diferente, esto sí que nos hace más débiles.

Unas personas son más sensibles a todo lo que puede provocar miedo, otras a lo que puede provocar tristeza, otras a lo que provoca enfado. Aunque estas 3 emociones pueden estar presentes e incluso  entremezcladas en ocasiones.


Pero cuando hemos conseguido aprender muchos recursos para enterrar mejor estas señales y emociones, entonces el cuerpo empieza a manifestarse con problemas de estómago o dolores de cabeza,  cansancio, estrés, ansiedad, fobias, etc, y no nos lo explicamos, pensamos: "pero si estaba todo bien", "qué mala suerte", "no entiendo por qué esto ahora".

Es ésta la situación en la que se suele tomar, en el mejor de los casos, la decisión de ir a un especialista de la mente, a un psicólogo. La misión del psicólogo es tomar buena cuenta de los síntomas, ayudar y guiar a la persona para que pueda retomar el camino a casa, ese camino que le llevará a tomar conciencia de lo que hay detrás de esos síntomas. Entonces será el momento de emprender otra manera de afrontar la realidad, las estrategias utilizadas hasta ahora no han funcionado, así es que hay que utilizar otras.

Cuando volvemos a conectar con las emociones enterradas aflora una sensibilidad quizá extraña para la persona, puede que tenga la sensación de que ha empeorado, sin embargo, no hay mejor señal de mejoría que esa.

A partir de ese momento la persona ya tiene más datos, el de las emociones, sólo hay que aprender a sentir y traducir los mensajes en términos de emociones. La guía ahora será interna, de hecho una excelente guía. El psicólogo se convierte en el acompañante de los descubrimientos internos. Estos descubrimientos hacen que crezca la fortaleza de la persona, que aprende a gestionar más su mente, incluyendo el gran potencial de las emociones. Su radar estará ahora en perfecto estado. Se le habrá sacado brillo a esa sensibilidad que nos hace fuertes.

¿Cómo poner a punto tu radar? Por ejemplo, si se trata de ansiedad lo que padeces, estos podrían ser los pasos:

1. Apunta en un papel los síntomas físicos y psicológicos de tu malestar.

2. Recuerda en qué momentos se suele manifestar más y apúntalo también en el papel.
3. Ahora asocia la emoción protagonista a cada una de esas situaciones que has recordado: miedo, tristeza o enfado.
4. Cuando tengas ya la emoción que está detrás, hazte la siguiente pregunta: ¿qué me da miedo, entristece o enfada? apúntalo también.
5. Pregúntate ¿Qué necesita esa emoción? o incluso imagina qué diría si le preguntaras qué haría ella para que tú dejaras de sufrir esa ansiedad.

¡Ahora sí puedes decir que eres más fuerte!