Psicóloga mi vocación, Gijón mi destino


Psicólogos de diferentes escuelas, cada vez más, abogan por un eclecticismo que les lleva a utilizar las herramientas psicológicas necesarias, todo con tal de adaptar la terapia al paciente y que la ayuda sea lo más eficaz y rápida posible.

Pacientes, o clientes, según el enfoque que utilicemos, podemos ser todos y, desde luego, lo recomiendo. Siempre pensé que la mejor forma de ayudar a los demás es primero ayudarse a uno mismo, y así lo hice cuando acudí a terapia en 2007.

Por fin podía compartir con alguien mis inquietudes más profundas, mis dudas sobre mí misma y sobre los demás, me ayudó a entender y colocar mi pasado y poder posicionarme verdaderamente en el presente. Resultaba curioso darme cuenta de que en el día a día no solemos hablar y reflexionar con los demás de ciertas cuestiones profundas de nosotros mismos. 

Parece que no nos permitimos verbalizar ciertas cosas más que en el contexto de una terapia, a la cual quizá hayamos llegado después de haber agotado todos los recursos que teníamos y porque sentimos que no nos queda más remedio. Cuando por fin lo hacemos, entonces empezamos a comprender que hablar de esas cosas es muy sano y natural. Nos damos cuenta de lo enriquecedor que es charlar con alguien de confianza sobre nuestras dudas hacia nosotros, hacia los demás, hacia la vida, nuestras inseguridades, nuestros enfados, tristezas, pero también nuestras alegrías.

Y entonces ocurre algo tan maravilloso como que la otra persona nos entiende perfectamente, porque también le ocurren cosas parecidas, siente algo similar en ocasiones y se cuestiona el sentido de su vida. De repente, sentimos que no estamos solos en el universo.

Ir al psicólogo, muchas veces, supone el primer ensayo importante de nuestra vida para aprender a compartir de verdad. Adquirimos la facilidad de poder hablar de nuestra vulnerabilidad e inseguridades sin que se nos caigan los anillos, y eso es lo que finalmente nos llena de verdadera seguridad.

Quizá nos hemos pasado toda la vida pensando que si mostrábamos un ápice de inseguridad nos iban a comer, pero nada más lejos de la realidad. Como ésta un montón de otras creencias y pensamientos que siempre es bueno cuestionarse, más que nada porque la vida es muy corta e impredecible y la única manera de disfrutar es compartiendo desde la autenticidad.

Desde luego, si alguien no nos va a juzgar es el psicólogo, para ello se ha formado, para saber dar cabida, entender y acoger cualquier sentimiento humano, y para ayudarnos a comprendernos a nosotros mismos, él es el primero que nos está entendiendo seguro, porque desde fuera las cosas se ven muy bien. Sólo nuestro intento de ordenar los pensamientos y entender nuestras emociones ya es un acto de valentía, y comprobaremos que es muy pero que muy provechoso.

También la escritura es algo que  resulta muy terapéutico y nos ayuda más de lo que nos imaginamos, para ello te dejo aquí un vídeo de Elsa Punset donde lo explica muy bien, te recomiendo seguir sus consejos y experimentarlo en primera persona.




Yo así lo hice, después de mi terapia y de haber cogido soltura en escribir mis sueños y analizarlos, junto con el terapeuta, tuve la necesidad de seguir escribiendo. Por una parte, yo lo necesitaba, ya consciente del bien que produce expresar lo que llevas dentro, por otra parte, necesitaba compartir lo que iba descubriendo con la vida y con mi trabajo de terapeuta. Así salieron dos libros que nunca imaginé que escribiría.








Te animo a que escribas o a que leas, o bien, comparte tu autenticidad con personas de confianza, deja que esto te cargue las pilas y disfruta de la vida. Incluso te invito a que compartas aquí lo que esta entrada de mi blog te haya parecido, te lo agradeceré.
Esto es lo que tenemos en la vida, sácale partido ;)