Psicología de la atracción


Psicólogos de todo el mundo estarían encantados de hablar sobre esto, después de leer estudios que muestran cómo por miedo, odio o prejuicio las personas pueden privarse unas a otras de sus derechos civiles, robarse la libertad o incluso destruirse.

Pero ¿hay algún modo de disminuir la agresión y estimular a las personas para que asuman responsabilidades por el bienestar del prójimo? Vamos a ver qué factores provocan el afecto en las personas.

En realidad todos vamos buscando, de una u otra forma, la aceptación de los demás, la atención, el cariño. Lo que ocurre es que no siempre acertamos con la manera pues, en ocasiones, por celos e inseguridad lo que hacemos es alejar más a las personas.

Otras veces hacemos recaer todo el peso de nuestro sufrimiento en aquel que nos acompaña, responsabilizando de alguna manera a la otra persona de nuestro sufrimiento o como si fuera nuestra tabla de salvación, y así también la alejamos. Bien diferente es ese compartir tanto alegrías como penas y apoyarse mutuamente, pero sabiendo que sólo nosotros lograremos gestionar nuestras emociones. Nadie más que nosotros mismos nos va a salvar de ese sufrimiento "gratuito" para el que los humanos somos especialistas, ese que nosotros mismos nos causamos cuando nos criticamos duramente, cuando nos abandonamos, cuando nos despreciamos dejando a un lado nuestro valor como personas.
 
Pueden existir una variedad de razones por las que alguien nos atrae:

1. Aquellas personas cuyas creencias e intereses son similares a los nuestros.
2. Aquellos que poseen ciertas aptitudes, capacidades o competencias.
3. Aquellos que poseen ciertas cualidades agradables o admirables, como lealtad, sensatez, honestidad, bondad.
4. Aquellos que nos quieren a cambio.

Uno de los factores que nos lleva a aumentar nuestra atracción por las personas es la alabanza. Se podría preveer que cuando recibimos una alabanza sentimos más atracción por esa persona, pero si la alabanza es excesiva o parece inmerecida, no resultará  muy estimado.

Por otra parte, una evaluación negativa puede incrementar en general la admiración que sentimos por quien evaluó, siempre que no esté evaluándonos, digamos que no sea nuestro profesor o miembro de un jurado, sino simplemente una persona que ha querido hacernos una crítica a un trabajo nuestro, con el ánimo de ayudar.

No obstante el tema de la alabanza es un tema complejo pues depende mucho de las atribuciones que nosotros hagamos a las intenciones de esa persona. En muchas ocasiones, la mejor de las alabanzas la cogemos, la minimizamos, la despedazamos y la convertimos en un insulto si atribuimos malas intenciones a la otra persona, o bien, si no nos creemos merecedores de esa alabanza. Tan difícil puede ser dar como recibir.

También solemos querer a quien nos hace favores, a quienes contribuyen a nuestra victoria, aunque no tuvieran intención de hacernos un favor.

Las alabanzas y los favores no constituyen recompensas universales, dependen de algunos factores o variaciones  menores en la situación, incluso muy sutiles; es arrriesgado hacer un favor a alguien para tener su atención, en cambio, pedir un favor a alguien es un modo más seguro para incrementar el atractivo hacia la otra persona. Cuando alguien nos pide un favor y accedemos, justificaremos nuestra conducta convenciéndonos de que el beneficiario es un individuo atractivo, amable y merecedor del obsequio.

Ya lo transmite la sabiduría popular, uno de los más grandes novelistas, León Tolstoy escribía en 1869: "No amamos a la gente tanto por el bien que nos han hecho, sino por el bien que les hemos hecho".

Además la atracción mutua aumenta cuando las personas cooperan entre sí. También ocurre cuando estamos en un grupo de personas con un mismo objetivo, o incluso cuando viajamos en el tren y todos nos vamos a bajar en el mismo destino, hay algo que une también en este caso.

Es de resaltar otra cuestión y es que no nos suele atraer más la persona más brillante de un grupo. En grupos de resolución de problemas, los participantes considerados más competentes y más inteligentes no suelen ser los más queridos. Resulta pradójico pero las personas demasiado capaces quizá hagan que nos sintamos incómodos. Por eso cuando vemos a alguien cometer alguna torpeza es posible que nos sintamos más identificados y aliviados, ante su imperfección nos permite aceptar mejor la nuestra.

Quizá por eso personajes como Steve Urkel o Mr. Bean pueden resultar entrañables.

Resultado de imagen de Steve Urkel

Es posible que todos llevemos dentro un Steve Urkel o un Mr. Bean.