Acoso escolar, origen y desarrollo


Una de las cosas que más me apasionan es saber el por qué de las cosas. Creo que esa etapa de mi niñez me quedó muy marcada. Había demasiadas incógnitas y misterios por resolver que me mantenían en pie y lista para preguntar, de nuevo, por qué, hasta agotar a mis padres.

Pero el caso es que sigo preguntándome el por qué de muchas cosas y algunas respuestas he encontrado. En el tema del acoso escolar me preguntaba qué factores estarían incidiendo en que hayamos permanecido y sigamos permaneciendo, por más tiempo del deseable, en esa pasividad que nos hace cómplices y que no está consiguiendo parar esta conducta humana para sustituirla por la colaboración y el altruísmo.


Hay tres partes implicadas en esta problemática: los niños instigadores del acoso, la víctima y los observadores.

Hoy voy a analizar a ese grupo importante que forma parte de este problema y es el
grupo de observadores de este acoso, estoy hablando de algunos profesores, algunos tutores, algunos directores, algunos cuidadores de patio, de comedor, otros padres, etc.

Cualquiera podría estar siendo cómplice con su silencio. Pero cuidado porque es muy fácil decir "esto no lo haría yo", seguramente todos haríamos esta afirmación a solas, sin embargo, hay que verse en grupo y en determinadas situaciones, quizá nos sorprenderíamos con nuestra pasividad. Por eso no sigamos diferenciándonos tan fácilmente de los que no hacen bien las cosas. Ahí los malos y, aquí en mi grupo, los buenos. No, esto no funciona así.

Una de las cosas que mantiene sin solucionar este problema es el pensamiento que nos lleva a vernos a salvo de todo, incluso del acoso. Si nosotros no somos los que estamos siendo acosados, cuando vemos a alguien que se queja de ello o realmente vemos cómo le acosan, llegamos a pensar que alguna razón habrá para que ese acoso se esté dando. Incluso pensamos que a nosotros no nos acosarían porque no tenemos esa característica de la víctima por la que parece le están acosando.
Esto es lo que se llama error de atribución.

De esta manera conseguimos rebajar el malestar que sentimos, en lo profundo de nosotros, cuando vemos una injusticia. Realmente si llegamos a reconocer que eso está sucediendo, tendríamos que hacer algo y esto puede que sea muy incómodo, es preferible la negación de la responsabilidad, gracias a ese proceso de diferenciarnos de la víctima.
 
Vamos a ver algunos otros factores para comprender esta pasividad, quizá saquemos algunas cosas en claro y nos ayude a pasar a la acción, entre todos.

En primer lugar, está el miedo al rechazo social. Todos convivimos con este miedo. Esto nos hace tener cierta tendencia a hacer lo que hace la mayoría, a no destacar por si acaso, a no hacer algo diferente, no sea que el clavo que más sobresale se lleve el primer martillazo.

La difusión de la responsabilidad, es otro de los factores que podemos analizar y que influyen en la existencia de esta pasividad. Este fenómeno social hace que dejemos que sucedan ciertos hechos que, si estuviésemos solos, no permitiríamos, es el efecto espectador.

Si vemos alguna injusticia podemos pensar que ya alguien estará haciendo algo para solucionarlo. Aguien habrá llamado ya a la policía, a los bomberos. No nos podríamos creer que en una calle llena de gente viendo un robo, nadie iba a llamar a la policía pero ¿y si todo los presentes están pensando lo mismo? que alguien habrá llamado y a a la policía.
Hay un refrán inglés que dice: "ninguna gota de lluvia cree haber causado el diluvio".

Además, estamos en unos momento aún de crisis económica, de valores, terrorismo. Todos esto genera a nivel colectivo lo que se llama sentimiento de indefensión aprendida. Se trata de una experiencia subjetiva de no servir para nada los esfuerzos que hagamos. Después de varios intentos infructuosos llegamos a la conclusión, aunque arrónea, de que no hay nada que podamos hacer, y entonces tiramos la toalla y nos resignamos.

Otro factor que me parece muy interesante es el efecto péndulo, en nuestra sociedad se ha llegado a un cambio muy radical y diferente en la manera de concebir y llevar a cabo la educación de nuestros hijos. Hemos pasado de un verdadero autoritarismo, en muchos casos, o una educación demasiado austera y rígida, en ocasiones con poco cariño, a una educación basada en el dejar hacer, en la ausencia de límites claros que se mantengan y se cumplan con coherencia.

Creo que hay tanto miedo a caer en la educación anterior que nos hemos pasado al punto opuesto, sin ser conscientes. Tan mala podía ser aquella educación llevada a su límite como esta educación que no saborea apenas lo que es eso de los límites. Y así el narcisismo, también natural, de todo niño no encuentra tope y llega a adulto creyendo que el mundo tiene que caer rendido a sus pies. Algunos de estos niños pueden llegar a tener tendencias psicopáticas en su niñez, estando en el grupo o siendo cabecilla de los instigadores del acoso hacia una víctima.


La buena noticia es que todos podemos reconducir esta situación, todos podemos sacar lo mejor de nosotros fomentando la colaboración, el altruísmo. Tenemos un gran poder para influir de forma positiva en los demás. Te animo a reflexionar sobre esto y a tomar tu propio poder para sacar lo mejor de ti y ayudar a sacarlo a los demás. ¡Ánimo y suerte!