Por qué tu hijo no quiere jugar con muñecas


Conocí a una mujer que le encantaban las diferencias existentes entre entre hombres y mujeres y sabía que aquello era una gran oportunidad para aprender de lo mejor de forma recíproca en las relaciones.

Cuando creó su propia familia estaba ilusionada con poder tener un niño y una niña, su sueño se cumplió por azares del destino. Ella apasionada por dar una buena educación a los dos y, llevada cómo no por ese enamoramiento que hace posible tantas noches sin dormir, quiso ofrecer juguetes que no implicaran algo convencional para cada uno, nada de coches para el niño y muñecas para la niña. Quería, por ejemplo, que su hijo fuera más sensible.

Sin embargo, pronto descubrió que era algo imposible, si le daba una muñeca a su hijo para ver cómo se comportaba, lo que hacía era arrancarle las piernas para utilizarlas como puente en el scalextric.

Pronto abandonó su intento de influir en sus hijos con los juguetes, por supuesto siempre ofreciendo y alentando a juegos que implicaban el desarrollo de capacidades que uno y otro compartían.

Es curioso porque se sabe científicamente que todos los embriones son femeninos al principio, después de la octava semana de vida fetal, los diminutos testículos del feto masculino empiezan a liberar enormes cantidades de testosterona que conectan con los circuitos cerebrales y los transforman del tipo femenino al tipo masculino.


El debate de lo innato y lo adquirido es apasionante, las últimas conclusiones es que son en realidad lo mismo, los cambios en lo adquirido se codifican en las células del cerebro. La biología no marca totalmente nuestro destino, pero sin duda nos predispone hacia ciertas conductas, pensamientos y sentimientos.
Hombres y mujeres son bien diferentes en muchas cosas, aunque la base sea la misma. Hombres y mujeres sienten lo mismo pero lo expresan, a veces, de forma diferente. Por ejemplo las mujeres cuando están estresadas necesitan hablar porque generan progesterona, que las calma. En cambio, un hombre estresado tiende a necesitar un poco de tiempo solo para "retirarse a su cueva". Por tanto, preguntarle qué te pasa puede ser contraproducente.

Las mujeres cuando tienen un problema suelen necesitar ser escuchadas, que las comprendan. En cambio, el hombre por cultura y por genética, tiende a querer encontrar soluciones concretas a los problemas de su pareja, eso puede aumentar el estrés de su compañera. Por ello una mujer tiende a buscar a otra mujer para que simplemente la escuche.

Por supuesto no todos los niños rechazan jugar con muñecas, todo dependerá también de la orientación sexual que se vaya marcando en su desarrollo.

Los estudios con transexuales nos han mostrado que administrando testosterona a una mujer durante unos meses, adquiere no sólo los rasgos físicos de un hombre sino que también le cambia la estructura del cerebro y, por tanto, su forma de pensar tradicional, y viceversa.

¿Aprenderemos a convivir con las diferencias de género que nos permitirá ser más diversos?