Enseñar a los niños a gestionar sus emociones: la felicidad



Sólo la palabra felicidad suscita emociones. Unas personas aspiran a ella pensando que es algo que pueden conseguir, otras en cambio no aspiran a ella porque piensan que es algo que no pueden conseguir. Depende de cómo definamos el concepto de felicidad tendremos unas creencias sobre ella u otras.
En ocasiones se activa un cierto rechazo al hablar de felicidad: ¿de qué me hablas? ¿pero en qué mundo vives tú con todas las desgracias que hay?

Independientemente de lo que cada uno piense, en el fondo la mayoría de las personas busca la felicidad, sean o no conscientes de ello.


Más que una emoción, la felicidad es un sentimiento, un fenómeno caracterizado por la vivencia de emociones positivas. Pero lo cierto es que no obedece a los continuos vaivenes externos, esta es la buena noticia.

La felicidad es el resultado de las acciones intencionales de la persona, es el fruto de un trabajo personal profundo de interioridad. Es una actitud y una predisposición interior, más que el resultado de las circunstancias materiales que nos rodean.

Se trata de que cada uno ha de construir su propia felicidad y así contribuye a la felicidad de los demás con sus actitudes, sentimientos, pensamientos y acciones. Aunque no siempre somos conscientes del bien que podemos hacer a los demás contagiándoles con una actitud positiva. 

Esto no quiere decir que no tengamos problemas, días malos y sentimientos negativos, inevitables, necesarios y adaptativos en ciertas ocasiones. Pero detrás de esto siempre puede permanecer cierto grado de felicidad, es más cuestión de grados que de verlo blanco o negro, lo radical se aleja de la realidad, pues esta tiene muchos matices.

Entonces ¿cómo podemos aprender y enseñar a nuestros hijos a tener esta actitud positiva de felicidad a pesar de los contratiempos?

La respuesta es aprender a tener tolerancia a la frustración y aprender a ser resiliente. La resiliencia es la capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Si encuentras obstáculos en el camino de tus objetivos, que estos obstáculos no hagan que desistas en lo que quieres, utilízalos para aprender y que te impulsen con más motivación aún.

Para que un niño aprenda a tener tolerancia a la frustración lógicamente tiene que frustrarse en muchos momentos de su desarrollo. Si se lo damos todo hecho, si le damos todas las facilidades del mundo, o se lo damos simplemente todo, un día el niño puede sospechar que tiene que trabajar para sobrevivir, como bien decía el juez de menores Emilio Calatayud. Y desde luego le estaremos enseñando a tener muy poca tolerancia a la frustración.


En un contexto interior de tolerancia hacia la frustración lo que nos queda es construir nuestra felicidad, principalmente haciendo las cosas que nos hacen sentir bien y esforzándonos para que nuestra vida sea rica a nivel social, creando amistades verdaderas y profundas. 

No se trata tampoco de crear una dependencia patológica hacia esas actividades, sino de realizarlas de forma variada, moderada, pero también siendo capaces de pararnos, de descansar e incluso de disfrutar del arte de no hacer nada en algunos momentos. 

Sólo dando una dimensión de profundidad y de conexión con nosotros mismos en todo lo que hagamos podremos conseguir una verdadera actitud de felicidad. Por el contrario, sin buscamos la felicidad con lo superficial de lo material o de las relaciones, entonces será una felicidad bastante engañosa y llena de humo en realidad. Esto hará que dependamos siempre de tener más cosas materiales o más relaciones superficiales, un acumular que nunca se acaba. Esta situación causará mucha infelicidad y vacío interior, aunque quizá se nos pase desapercibido.

Te propongo algunas claves o ideas que te pueden ayudar para construir tu propia felicidad:

1. Hacer un repaso de las propias potencialidades y limitaciones como toma de conciencia de uno mismo.

2. Confiar en tus capacidades y no dejar de realizar las actividades que te gustan.
3. Asumir las dificultades como una oportunidad para aprender.
4. Practicar relajación o mindfulness para saber conectar con el interior de uno mismo, sin huídas.
5. Rodearse de personas que tienen una actitud optimista.
6. Afrontar la adversidad con humor.

Con todo esto sólo queda enseñarle a nuestros hijos lo que ya estamos aplicando en nosotros mismos, es la mejor manera de transmitirlo. Los niños aprenden mucho más de lo que ven en los padres como modelos, que en lo que dicen.

¿A qué esperas? no te pares y sigue construyendo tu felicidad, sólo tú puedes hacerlo.