Enseñar a los niños a gestionar las emociones: el miedo


"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender". Marie Curie.

El miedo al miedo es lo que más problemas nos causa, conocerlo lo solucionará.

Solemos decir: "no tengas miedo", sin embargo, muchas veces, eso es como decir: "no tengas frío" en una noche gélida de invierno en la que nos falta el abrigo.

Por un momento podemos imaginar cómo sería todo si no tuviéramos miedo. Seguro que rápidamente se te ha dibujado una sonrisa en la cara sólo de pensarlo. Bien, pues sigamos imaginando.

Podrías hacer todo lo que quisieras, te sentirías libre, no habría nada que se te pusiera por delante, podrías con todo. No habría límites para ti, tampoco semáforos en rojo, ni demasiada altura sin barandilla, cualquier negocio te resultaría atractivo, dirías todo lo que pasase por tu cabeza, aunque hiciera daño a alguien, te daría igual, al menos en ese momento. No habría acantilado que se te resistiera sin ganas de echar a volar, aprovechando alguna térmica. No lo harías porque sabes que ahí se acabaría todo, pero sin saber que el miedo estaría haciendo su trabajo, protegerte.

Se suele asociar con la cobardía, quien tiene miedo es cobarde, no hay que tener miedo, hay que ser valiente.

Pero su función original nada tiene que ver con la cobardía sino precisamente con la supervivencia, con ayudarnos a sobrevivir en muchas circunstancias. Por tanto, está asociado directamente con la valentía.

Esto es lo que podemos transmitir a nuestros hijos, hay que ser valiente para reconocer al miedo cuando se presenta en nuestro cuerpo y saber utilizarlo para que nos proteja.
Los niños pasan por diferentes miedos evolutivos, estas son las etapas por las que pasan, aunque no de manera exhaustiva: 

1. Miedo a los extraños ( a los 6 meses de edad)
2. Miedo de abandono (en torno a los 2 años)
3. Miedo a la oscuridad (a los 4 años)
4. Miedo a los animales (entre los 3 y 5 años), si no se han tenido animales en casa.

Pueden tener pesadillas y miedos nocturnos desde los 2 a los 6 años. Hacia los 6 años aparecen temores e inseguridades diferentes y más elaboradas. Son miedos más realistas y específicos, desapareciendo los temores a seres imaginarios o del mundo fantástico. En cambio aparecen miedos a daño físico, a fracaso escolar, a la crítica y otros miedos diversos en relación con sus iguales.

Es normal e inevitable tener miedo en muchas circunstancias, en cada etapa de la vida van cambiando los miedos que podamos tener, pero lo importante es qué hacemos con ese miedo, cómo reaccionamos ante él y cómo lo gestionamos.

Solemos enterarnos de que el miedo está ahí sólo cuando está dando voces porque hay algún peligro que no queremos ver, y su forma de dar voces, en muchas ocasiones, es causando ansiedad o problemas de fobias, o bien nos bloquea en nuestras decisiones. Desde luego tiene mala prensa, creemos que nos quita libertad. Lo tenemos asociado a cosas muy negativas y nada funcionales. 

Si lo rechazamos sin más estamos perdiendo una información muy valiosa, el miedo muchas veces lo que está haciendo es señalar hacia algún sitio, como el perro que ladra para que alguien venga a socorrer a su dueño. 

Cuando el miedo lleva mucho tiempo ignorado, habiendo señales de peligro para nuestra vida o nuestras decisiones, es una de las razones por las que pueden producirse fallos en el sistema y dar lugar a los frecuentes problemas de ansiedad.

Tener en cuenta esta emoción y los sentimientos, que como consecuencia nos produce, nos hace más fuertes, hace que tengamos más datos sobre cualquier situación, nos permite poner una mayor precaución, cuidado y mimo en todo lo que hacemos.

Normalmente se nos pasa por alto una cosa, lo que nos gusta hacer con mimo, cariño, cuidado, todo aquello que queremos que salga bien, no podríamos conseguirlo sin esta emoción. Pero en esta ocasión no está dando voces, sino ayudándonos a poner atención, esa atención que, si además es plena, nos hace tener nuestra mente en "estado de flujo". 

El flujo es el estado mental operativo en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. 

Si todo va bien, el miedo nos ayuda a prestar una atención serena, si hubiera algún peligro entonces se activa para avisarnos, sólo tenemos que escucharle y poner solución.

Quizá estarás pensando, ojalá siempre fuera tan fácil. Es cierto que aún nos falta a todos mucha educación emocional pero, desde luego, podría ser mucho más sencillo si lo practicamos.

Te propongo hacer una lista de todas aquellas cosas que te dan miedo en este momento. Si piensas que no te hace falta porque nada te da miedo, entonces es que tienes cierto problema en conectar con esta emoción. Si piensas que la lista sería tan larga que te da pereza hacerla, entonces es que tu miedo está presente y activado en demasiadas ocasiones y tengo que decírtelo, puede que te esté dando voces porque no le quieres escuchar.

Todos tenemos diversos miedos en las diferentes etapas de nuestra vida, asumirlo como algo natural y hasta necesario es lo mejor que podemos transmitirle a nuestros hijos. Si nosotros lo vemos con naturalidad y hablamos de sus miedos abiertamente con ellos, será de gran ayuda.

No hay cosa que más pueda aliviar a un niño que charlar sobre los miedos que tiene y confesarle los miedos que nosotros teníamos a su edad. Esas conversaciones quedan grabadas y hacen el efecto de un bálsamo. Por tanto, imagina que te sientas a charlar tranquilamente con tus propios miedos, haciendo que se sientan comprendidos y viéndolos como algo natural. Sería un bálsamo en tu interior que te haría más fuerte, más valiente.

Pero nos falta hablar de otra maravillosa función que tiene el miedo, y es que nos sirve de reto. Si queremos conseguir algo, el miedo nos señala el temor a fracasar y nos ayuda a mantener la atención y el esfuerzo en el objetivo para que eso no ocurra, y finalmente lo conseguimos. No sólo hemos tenido éxito en la tarea sino que hemos logrado superar un miedo. Es el mecanismo que nos hace salir de nuestra zona de confort y superarnos día a día.

¿Cuál es tu próximo reto?