Enseñar a los niños a gestionar las emociones: la tristeza


Con mucha frecuencia, problemas de ansiedad y depresión que veo en mi trabajo, se terminan solucionando comprendiendo y experimentando cosas de uno mismo, así de sencillo y difícil a la vez. Es un trabajo laborioso en el que hay que poner mucho cariño y paciencia.

Nos da mucho miedo caer en una depresión y pensamos que si nos dejamos sentir la tristeza no vamos a parar de llorar y caeremos en un pozo sin fondo. Y entonces empezamos a presionarnos para estar alegres. De esta forma puede que la tristeza se instale en nosotros más tiempo del deseado, porque la estamos rechazando, y a ninguna emoción le gusta que se la rechace.

Todo tiene su tiempo y su momento. Es normal que nos exijamos algo más si creemos que llevamos mucho tiempo instalados en la tristeza, pero si lloramos mientras otra voz en nuestro interior nos está reprochando por ello, entonces no vamos a avanzar mucho.

Se suele pensar que si se deja a la tristeza libre, entonces te va a secuestrar, pero recuerda, si te secuestra quiere decir que no has podido actuar con libertad ante ella, no nos engañemos, no le hemos dicho: "pasa y secuéstrame, te doy permiso". Cuando de verdad elegimos nosotros y le damos permiso para que se exprese es cuando podemos gestionarla, y siempre aparece después la calma y sensaciones agradables.

Te invito a imaginar la siguiente situación. Hay un niño o una niña enfrente de ti, que está sintiendo justo esa tristeza.

Imagina qué harías para que ese niño pueda calmarse. Puede que la primera tentación sea decirle que no llore, que no tiene motivos, que se sienta alegre, e incluso intentamos presionarle un poco para que haga ese cambio ya. Quizá somos nosotros los que nos sentimos incómodos ante su llanto, sin saber qué hacer.

¿Cómo crees que ese niño se sentiría? pues si para él existe una sola razón para estar triste, lo va a sentir, a pesar de lo que le digamos, e incluso puede que se sienta mal y culpable al mandarle el mensaje de que no debe sentirse así.

¿Qué ocurriría si le preguntamos qué le pasa y dejamos que se explique? seguro que se sentiría algo mejor. Si le escuchamos atentamente y además le hacemos saber que le entendemos, incluso si le transmites que si tú estuvieras en esa situación te sentirías igual, sería bien diferente. ¿Qué efecto crees que tendría esto en él? Si además dejamos que llore y permaneces tranquilo a su lado, estarías acompañándole realmente. Él se sentiría libre para llorar. Estaría aprendiendo a dar un espacio a su tristeza, a sentirla y a experimentar para qué puede servir o qué puede hacer con ella. Esto será de crucial importancia para su vida de adulto.

Solemos pensar que el problema es sentirse mal, pero no, sentirse mal en ocasiones es parte de la vida misma y algo adaptativo, pero lo fundamental es al actitud que tomamos ante cada emoción, como si de un trabajador de nuestra empresa se tratara y nosotros fuéramos el jefe. 

¿Crees que ese niño necesitaría llorar durante meses para dejar de sentirse triste? pues no, realmente lo que ocurriría es que necesitaría mucho menos tiempo si siente libertad para expresarse. Entonces antes de lo que pensamos, acompañado de un gran alivio, aparecerá su opuesto, la alegría.

Pero no sólo es importante cómo tratemos la tristeza de nuestro hijo, sino también nuestra propia tristeza, servimos de modelo para ellos, y con nuestro comportamiento es con lo que más aprenden. 

En ocasiones y con el estrés del día a día no atendemos nuestro interior, pensamos que no necesitamos nada, pero puede que dentro haya algún "niño" deseando que se le escuche.

Nunca se me olvidarán esos momentos emotivos en los que tengo el honor de ser partícipe en mi consulta, madre e hija se dan cuenta de que estaban ocultando su tristeza creyendo que se harían daño si la mostraban, y en ese preciso momento, al compartirla, sintieron más que nunca que las unía en un llanto de emoción, compasión y alegría.

Por tanto el aprendizaje empieza en ti. Ahora la pregunta sería, tú como adulto ¿qué haces con tu tristeza?

Si quieres enseñar a tu hijo a manejar las emociones tienes que empezar por ti. Aquí estoy para cualquier duda, buen viaje.