Aprendizaje social y emocional

 
El cerebro es un órgano muy sofisticado, difícil de comprender pero enormemente plástico, esta es una de las grandes enseñanzas que ha venido a ofrecernos la neurociencia, la otra gran enseñanza es que la razón no sirve para nada sin las emociones.

Mediante programas probados científicamente se ha comprobado que es posible desarrollar lo que llaman habilidades para la vida, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético que complementan y optimizan las habilidades cognitivas e intelectuales. 

Esto podríamos resumirlo diciendo que aprendiendo a sentir pensamos mejor. Y precisamente es una de las cosas que más me gustan de mi trabajo, cada día tengo la fortuna de asistir a momentos maravillosos de toma de conciencia, del darse cuenta y del sentir más profundo y sano al que el ser humano puede llegar. Hablar de inteligencia emocional es hablar del funcionamiento de todo nuestro cerebro. La emoción interfiere con la razón y la razón modifica la emoción, y no se pueden separar.

Aprender a sentir equivale a la parte práctica de toda enseñanza, si hoy aprendo una lección de matemáticas y debo hacer ejercicios para asimilarla, de igual manera hoy tengo un problema que me hace sufrir y busco la manera de solucionarlo para aprender en la gestión de mis emociones.

¿Cómo buscamos soluciones a nuestro sufrimiento?

Muchas veces intentamos deshacernos del sentimiento que nos molesta de las siguientes maneras:

1. Pensando en otra cosa, pienso para no sentir.
2. Aislamiento en casa para que no nos pregunten los demás.
3. Tomando sustancias para el olvido.
4. Haciendo cosas sin parar.

Pero seguro que hay muchas más formas, incluso muy sutiles, de escapar del sentimiento, para eso solemos tener una gran creatividad.

¿Cuál es la forma de encontrar soluciones a nuestro sufrimiento?

1. Sintiendo para poder pensar claramente.
2. Relacionándonos con los demás para conectar con perspectivas más amplias que la de uno mismo. Conectar con otras ideas y formas de hacer que nos enriquecen y nos ayudan a salir de nuestros bucles de pensamiento, nada productivos. 
3. Aceptando el cariño y la ayuda que se nos ofrece, abriendo nuestro corazón a esa conexión con los demás.
4. Seguir con el ritmo de nuestra vida, aunque parando cuando lo necesitemos.
5. Preguntando a todo el equipo interior de sentimientos cada mañana cómo están y qué necesitan. 

Si un niño, en vez de tirar el cuaderno y decir "los deberes son una mierda", te dice: "me temo que no soy capaz de terminar mis deberes", entonces ya sabrás cómo ayudarle. Esta será la clave para aprender unos de otros también en la vida adulta.

Entre los 12 y los 15 años los niños aprenden a decodificar las señales emocionales de los demás, en esta etapa, es común que vean a alguien preocupado y lo confundan pensando que está enfadado.

"Si enseño a un niño a interpretar bien las emociones de otros, mejorará su capacidad de construir relaciones, conectar y de empatizar con ellos." René Diekstra.

Por todo esto en la educación se hace urgente no seguir colocando las asignaturas de matemáticas o lengua por encima del aprendizaje social y emocional, como si tuvieran un mayor valor en una jerarquía de siglos atrás, que ha quedado claramente desfasada.

Si quieres saber más te recomiendo ver este vídeo de Redes.