Eclipse de pareja


Eso que dicen de que los opuestos se atraen, creo que no es más que una excusa y una justificación de esas parejas diametralmente opuestas que quieren seguir juntas, a pesar de las tempestades.

Solemos idealizar el concepto de amor y aguantar carros y carretas, normalmente hacemos las cosas y luego las justificamos para no sentir la incoherencia en nosotros, una especie de disonancia muy molesta que nadie quiere.

De la misma forma en que un espectador sale como voluntario a un espectáculo de hipnosis, una vez dentro del trance le hace abrir un paraguas, y cuando le saca del trance le pregunta qué hace con ese paraguas si no llueve, oiremos decir a esta persona toda clase de justificaciones de por qué está allí con el paraguas abierto, apuntando por supuesto a que lo abrió por propia decisión por alguna razón que ahora trata de encontrar.

El peligro de todo esto es que, una vez metidos en una situación, que quizá no es la que deseamos, para salir tendremos que sortear esta tendencia a autojustificarnos. 

Pero volvamos al tema que nos ocupa y al título de este post, ¿qué pasa cuando un miembro de la pareja eclipsa al otro? por ejemplo, si uno de los dos es más activo y solícito puede terminar siéndolo aún más ante la pasividad del otro. Esto puede llegar a eclipsar la propia forma de ser del miembro que es más pasivo, pues no le dará tiempo a reaccionar, ya estará hecho todo, llegando a parecerse la convivencia más a padres e hijos que a parejas.

Realmente esta dinámica tenderá a desequilibrar lo que es una relación de pareja y los papeles se irán dando a medida que la película transcurra.

Salir de una dinámica creada y a la que uno se acostumbra no es tarea fácil y obligará al miembro más activo a serlo pero más centrado en sus propias cosas, más que en ayudar al otro que, por otra parte, también es adulto y no hay que menospreciar su capacidad de autonomía. 

Esta sería la única forma de devolver más equilibrio a una relación de estas características. Y si no, siempre es mejor la opción de dejarlo que tirarse los trastos a la cabeza, y así poder conservar la dignidad uno y otro.

En cada etapa de nuestra vida nos atraen unas cosas y otras no, esto va cambiando a lo largo del tiempo, pero si no lo respetamos terminaremos forzándonos quizá a hacer lo que otros quieren. Respetarnos a nosotros mismos requiere de mucha valentía, pero será la única manera de respetar realmente a los demás.