Cambia tu destino



La herencia genética es capaz de decidir ciertos rasgos en la personalidad de los hijos, los padres ansiosos tienen más probabilidades de tener descendencia ansiosa. 

Esto es lo que se ha demostrado en un reciente estudio donde quedaba patente una hiperactivación desde la infancia en el circuito: tronco cerebral, sistema límbico y corteza prefrontal. Lo que se hereda es una predisposición a la ansiedad.

Sin embargo, si bien los genes no pueden modificarse sí pueden transformarse las proteínas llamadas histonas, son las que cubren toda la cadena del ADN, estoy hablando de la transformación de la expresión de esos genes que podrían predisponer a la ansiedad.

Esto es lo que se llama epigenética, el estudio de todos aquellos factores no genéticos que intervienen en la determinación del desarrollo de un organismo a lo largo de toda su vida, desde la misma fecundación.

La neuroepigenética por su parte tiene un gran interés hoy en día, es el impacto que la experiencia ambiental puede tener en la función neuronal y los cambios duraderos que desencadena.

Esto es realmente esperanzador pues dependiendo del uso que hagamos de nuestro cerebro, los hábitos saludables que tengamos, y el ambiente del que nos rodeemos, así será la configuración de nuestro sistema hardware.

Los poderosos instrumentos con los que contamos para trasnformar este sistema son el conocimiento y trabajo con los tres ejes fundamentales de nuestra persona: pensamientos, emociones, cuerpo-instinto-comportamiento.

Pensamientos: se trata de lo que se llama reestructuración cognitiva o trabajo con los pensamientos para modificarlos junto con las creencias irracionales y disfuncionales que actúan como nuestro enemigo en vez de ayudarnos a vivir de una forma más saludable.

Emociones: la gestión emocional y el aumento de la inteligencia emocional es otro de los ejes cruciales, con la película Del revés tenemos una buena introducción para empezar a comprender la función tan importante que cumple cada una de las emociones. Puedes ver una buena síntesis sobre esta película por Nacho Gallego en InterSer Ediciones.

Cuerpo-instinto-comportamiento: aquí cabe toda actividad y hábito que comporte salud a tu cuerpo y así también a tu mente, la alimentación variada, equilibrada y moderada, el ejercicio, la lectura y un hábito imprescindible para el cuerpo y la mente como es practicar la atención plena.

La práctica de la atención plena o mindfulness es la práctica de la atención al momento presente, se trata de la meditación de tradición oriental pero adaptada a Occidente, sin connotaciones religiosas, ofreciendo ejercicios sencillos. 

Muchos estudios científicos avalan los beneficios duraderos de la práctica de la meditación, se han encontrado cambios estructurales y funcionales duraderos en zonas del cerebro que ayudan a la autogestión y al bienestar. 

El mayor representante de este tema en occidente es Jon Kabat-Zinn, un conocido médico de Estados Unidos que desde los años 70 ha llevado a cabo estudios científicos y ha implementado programas de reducción del estrés y ansiedad en 8 semanas a través de la atención plena con una alta eficacia en sus resultados.

Conoce cómo se está implementando la práctica de la meditación en los colegios de España y sus beneficios en el aumento del aprendizaje y el bienestar.

Gracias a la plasticidad de nuestros cerebros podemos ser responsables de él y crear el tipo de condiciones y el ambiente que sustente el desarrollo de cerebros sanos en nuestros hijos, y podemos influenciar de forma positiva a todo el que se relacione con nosotros, pues todos tenemos una gran influencia en los demás a lo largo de la vida.

Practica una vez al día este ejercicio sencillo que propongo al final de la entrevista en el programa De Hoy No Pasa en TPA y ya me dirás cómo de eficaz te resulta este minuto de atención plena en la respiración.



Consecuencias de la sobreprotección infantil


El amor y la felicidad son dos cuestiones claves que todos buscamos y necesitamos, aunque muchas veces tenemos una visión nada realista de estos términos y eso hace que nos alejemos más de conseguirlos.

Amar de verdad a los hijos es no dejarse arrastrar por el deseo egoísta de querer tenerlos siempre al lado, aceptar lo que él o ella quiera ser en la vida y dejar que acuda a nosotros cuando lo necesite y sólo cuando lo necesite, sin asfixiar ni presionar, respetando su intimidad, y sólo podemos hacer todo esto si primero sabemos hacerlo con nosotros mismos, si nos queremos y aceptamos.

La felicidad por su parte nada tiene que ver con la perfección o la ausencia de problemas, sino con el bienestar a pesar de ellos y gracias a ellos.

Cuando tenemos hijos es la prueba definitiva de nuestra vida para probarnos y ver cómo somos, para conocernos mejor si lo sabemos aprovechar. 

Nuestros hijos aprenden no tanto de lo que decimos sino de lo que hacemos, por ejemplo, si somos nosotros los que recogemos sus juguetes, les evitamos los problemas y les damos la razón aunque no la tengan, entonces aprenderán a delegar su responsabilidad en los demás, y no les estaremos enseñando a ser responsables ni autónomos e independientes, sino narcisistas y egoístas.

Los padres se debaten entre la fina línea que hay entre la necesidad de protección y la de dejarles valerse por sí mismos, pero en ocasiones por prisas, miedo a que fracasen o al qué dirán, terminan haciendo ciertas cosas los padres, como por ejemplo los deberes del colegio o las tareas de casa.

Otra de las causas por las que se sobreprotege a los hijos es por desavenencias en la pareja, de manera que alguno de ellos o los dos, aunque es mucho más frecuente en las madres, terminan volcándose en los hijos tratando de arrebatar su cariño al otro progenitor, desembocando en manipulación psicológica y en un tipo de maltrato infantil.

En otras ocasiones se sobreprotege por una necesidad de compensar una enfermedad que nuestro hijo tiene, algún problema o una discapacidad, sin embargo, especialmente en estos casos las consecuencias de la sobreprotección en su desarrollo pueden ser más graves, dificultando el avance.

Las consecuencias con las que nos encontramos es una incapacidad en general para ser independientes acorde a su edad, bajo concepto de sí mismos, retrasos y dificultades en el aprendizaje, dificultades con las habilidades sociales, pensamiento negativo, rechazo hacia los padres, depresión e incluso problemas con la justicia. Especialmente si les damos todo o casi todo lo que pidan o tratamos de evitarles las frustraciones normales de su edad lo único que hacemos es crearles una intolerancia a la frustración, por tanto pueden tener problemas de adaptación en su vida adulta.
Las problemáticas que ocasiona la sobreprotección depende también del temperamento del hijo, de manera que va en un contínuo desde problemas de inhibición a problemas de rebeldía y agresividad.

Por tanto lo mejor será proteger lo necesario pero a partir de ahí dejar espacio para que nuestro hijo pueda descubrirse a sí mismo, cometer errores y construir el currículum positivo de su vida, donde quedan reflejados todos los logros y aprendizajes gracias a los errores, será la única manera de que avancen con una buena autoestima y autoconfianza.

Aquí puedes ver la entrevista del jueves pasado, día 6 de agosto, en el programa +Dehoynopasa TPA hablando sobre este tema con el Doctor Alain Fernández.