Para qué sirve la psicoterapia



Eran las 18:55, había llegado antes de tiempo, así es que esperé un poco al lado del portal caminando a un lado y a otro, cada vez que volvía no podía evitar leer una y otra vez la placa: 
Psicólogo-psicoterapia dinámica. 

Estaba deseosa de entrar y a la vez nerviosa, era un momento muy esperado por mí desde hacía muchos años.

Por fin, eran en punto y llamé al telefonillo, abrió sin más, absoluta discreción, una vez en la puerta del despacho me abrió con un cálido y tranquilo saludo, ya habíamos hablado por teléfono para coger la cita y sabía que sentía mucha tristeza y por eso iba allí.

Me senté en la butaca y, entre los nervios y las emociones que se agolpaban por salir y ser escuchadas, comencé a llorar, fue mi presentación, sin embargo, seguro que así ofrecía mucha más información sobre mí.

Había estado huyendo mucho tiempo de tantas cosas que los duelos se me fueron acumulando, y nada más comencé a llorar empecé a sentir un gran alivio, por fin alguien al otro lado iba a escucharme y a ayudarme a comprender todo un sistema de vida, por primera vez me sentí acompañada de verdad.

Por fin pude secarme los ojos, viendo que le grifo se iba cerrando, y comecé a hablar, no tenía que pensar mucho, las palabras salían por mí, llevaban mucho tiempo esperando ese momento.

Así sesión tras sesión, trabajando fantasías, idealizaciones, sueños, pensamientos y deseos, pude durante 3 maravillosos años reescribir la historia de mi vida, ordenar cada cosa en su sitio, y ante todo comprender a los que me rodeaban y a mí misma, no había otra cosa que más me apasionara desde siempre.

Llamaron a la puerta, ¿Senda estás en casa?, - dijo su amiga Elisa al otro lado -, Sí, estoy, te abro, disculpa es que estaba terminando uno de los capítulos del libro, nunca pensé que escribir fueran tan terapéutico. Me alegro mucho Senda pero date prisa que nos están esperando para ir al cine, - dijo Elisa entre comprensiva y algo cansada de sus tardanzas -.

Senda estaba literalmente reescribiendo la historia de su vida, pero ya con una perspectiva más amplia que le permitió entender a sus padres y sus propias dificultades, entenderse a sí misma, y por qué a cada relación de pareja parecía pasar siempre lo mismo, como un patrón que no iba a dejar de repetirse a no ser que ella misma lo parara. Sin embargo, el trabajo no acababa ahí, aún quedaba mucho por hacer y puede que algunas cosas aún quedaran como señas de su propia identidad, por ejemplo, llegar tarde a las citas. Al fin y al cabo nadie es perfecto.

Y para terminar te invito a ver este vídeo tan gracioso y terapéutico.