Cómo superarse en 5 fases


Brinda era una niña muy alegre que, cuando llegó a la vida adulta, se llevó algunas sorpresas sobre lo que en realidad era la vida. Como todos los niños ella fantaseaba y percibía la cosas de una forma fresca y también idealizada, por eso le resultó algo duro el cambio.

Muchas ideas que tenía de sí misma, de los demás y del mundo empezaban a no encajar, algo no cuadraba por muchos esfuerzos que hiciera.

Pasó por varios momentos nuevos para ella, al principio no podía creerse que la vida fuera como empezaba a percibir y por eso se negaba a aceptarlo, tenía la sensación de que algo podía hacer para que las cosas fueran como ella pensaba. 

Curiosamente comenzaba a ver cada vez a más personas que negaban otras cosas evidentes para ella y eso la ponía muy nerviosa, tan nerviosa que pasó por otra etapa en la que, sin saber por qué, sentía ira, un gran enfado y frustración, las cosas no encajaban, no salía todo como ella quería, se decepcionaba con algunas personas, y poco a poco empezó a ver a más gente enfadada por el mundo.

Casi estaba cansada de sentir tanto enfado, empezaba a estar agotada, aunque todavía le quedaban fuerzas para intentar de nuevo que las cosas fueran como ella creía que debían ser. Finalmente pasó una temporada haciendo una revisión de sus ideas y creencias,  dándose cuenta de que algunas no era realistas, no tenían nada que ver con la realidad, y otras sí, había sueños que tenía desde pequeña que sí eran posibles. Ésta fue una etapa en la que tuvo que negociar consigo misma para ver qué ideas eran desechables y qué ideas no y para descurbrir qué es lo que aún podía hacer para que las cosas fuesen como ella pensaba.

Sin embargo, no fue tan fácil pues era muy doloroso desprenderse de algunas de sus fantasías, descubrir que la vida no era toda de color de rosa y que tenía algunas creencias irracionales y cosas que no eran posibles, echaba tanto de menos la sensación de estar entre algodones, de ser la reina de su casa y de esa vida idílica que tenía en su cabeza, que fue muy duro darse cuenta de que las cosas no eran así. Esto hizo que pasara por una etapa de tristeza. Curiosamente comenzó a ver a más personas tristes por el mundo.

Esta etapa fue de recogimiento, decepción y reflexión, pero al fin y al cabo de conexión consigo misma, le llevaba a adentrarse en su interior, de hecho sintió como si hubiera vuelto a casa, pues muchas emociones las había tenido como abandonadas, era como conectar de nuevo con la frescura de su niñez y todas las emociones que bullían en su interior y que había aprendido a adormecer para no sufrir.
 
De repente se acordó de que alguien le había dicho una vez que cuando una persona no está en contacto con sus emociones lo que hace es proyectarlas en los demás, y justo ahí se dio cuenta de que era lo que le había estado pasando, cuando veía a todo el mundo negando, enfadado o triste, en realidad eran sus propias emociones con las que no era capaz de conectar y que ahora, en la etapa de recogimiento, había vuelto a sentir, era ella la que estaba negando, o estaba enfadada o triste.
 
Y es así como empezó a aceptar más la vida tal y como es, gracias a desprenderse de idealizaciones y fantasías no viables, y a recuperar la frescura de sus emociones.
 
Brinda descubrió que las 5 fases de toda crisis o duelo formaban parte de su vida y su crecimiento, y cuanta más apertura tenía para cuestionar su visión de la vida más se precipitaban otras crisis y más oportunidad tenía de crecer, pasando inevitablemente por el dolor pero liberándola por fin de algunas ataduras que sólo existían en su cabeza, acercándose un poquito más a ver la realidad tal cual es.