Me ha dicho mamá que no me quieres


Sam era un niño al que le encantaba jugar poniendo dos sillas, una al lado de la otra, y colocaba una manta encima, luego se metía debajo y tenía una agradable sensación de familiaridad, de acogimiento.

Esas sensaciones eran parecidas a las que tenía cuando paseaba por la calle y se fijaba en las ventanas donde había luz, siempre imaginaba dentro una familia llena de cariño y tranquilidad, era lo que él anhelaba siempre, no tenía edad para juzgar, tan sólo sentía ese anhelo de amar, sin conflictos.

Desde que nació lo único que quería y necesitaba era amar a todos, para él todo el mundo era maravilloso, nuevo y lleno de cariño, realmente, aunque todavía no fuera consciente, podía apreciar el sentido infinito del amor, el de verdad nunca se acaba y no tiene límites, pero pronto le fueron enseñando que eso no era cierto, que el amor era un recurso muy limitado en el mundo, que había mucha carencia de amor y como era limitado muchas veces tenía que elegir a quién querer, y para ello le quedó muy claro que había bandos, de hecho su madre le preguntaba frecuentemente si quería más a su padre o a su madre, e incluso le preguntaba que con quién se iría si se separaban, sin imaginar el gran dolor que le ocasionaba a un niño semejante pregunta e hipótesis.

Un día ocurrió. Sus padres ya no vivían en la misma casa. Entonces había aún más cosas que Sam no entendía, ¿por qué papá era muy bueno para su madre cuando estaban juntos y él podía quererle sin problemas, y por qué cuando sus padres se separaron ya no podía querer a su padre?, ese era el mensaje que su madre le lanzaba constantemente hablando mal de él.

A medida que Sam crecía su espalda se encorvaba más, era el peso de cada uno de los secretos familiares que sus padres iban depositando en él, como se le veía un niño tranquilo y demasiado maduro para su edad, pues sus padres aprovechaban para tenerlo de confidente, ante las carencias de amor que ellos mismos desgraciadamente habían tenido en su infancia y no habían sabido encauzar para llegar a ser adultos, era como si el hijo fuera el padre y la madre de los dos. Demasiado peso para un niño que pronto le pasaría factura.

Los secretos familiares Sam los fue guardando en su interior dentro de un baúl, pero lo que él no sabía era el tesoro que encerraba, porque para abrirlo y sacar lo que había dentro hacía falta todo un proceso de trabajo personal y maduración que le llevaría a su liberación total cuando fuera adulto, aunque para hacer ese trabajo era necesario también pasar por mucho sufrimiento.
Pero esta historia la contaré en otro momento.

Este relato hace referencia a un libro: ¡Me ha dicho mamá que no me quieres!, ¿mami tu elegiste a mi papá?, escrito con mucho amor y sensatez, por una mujer llena de valor, Carmen Serrano, escritora y guionista que lucha por que los niños tengan su merecida infancia.