Por fin escuchados


Nunca me habían preguntado, no de esta forma, cómo me encuentro, cómo me siento, qué le pasa a mi enfado, a mi tristeza, a mi obsesión, a mis celos, a mis deseos... Tuve la sensación de haber estado escondida por los tiempos de los tiempos, como si alguien hubiera levantado la tapa de piedra que me hundía en la tierra para siempre.

Las voces mías y las de los demás asistentes al taller se agolpaban en nuestras gargantas queriendo salir para ser escuchados, nunca nos habían llamado, nunca atendido así. Era como si todos tuviéramos once años y atendiéramos a la profesora de matemáticas una mañana cualquiera y, de repente, ella nos mirara como nunca lo había hecho nadie, como si de verdad estuviéramos allí, por fin, éramos visibles para alguien, entonces ella nos preguntara sinceramente cómo nos sentíamos, podría abrirse la Caja de Pandora y todos querríamos ser atendidos y contar nuestro mal, nuestra preocupación.

Pero no teníamos precisamente once años, ni estábamos en clase de matemáticas, habían pasado muchos años más y no habíamos perdido el tiempo, pues habíamos recorrido muchos caminos hacia nosotros mismos, y allí estábamos, queriendo conocernos más, queriendo recoger todas las miguitas de tesoros escondidos en nosotros, en nuestro pasado y nuestro presente, como si tratáramos de recoger algunos puntos sueltos de ese tejido de lana acogedora que construye nuestra vida y nuestro ser.

Una de las voces que fue llamada para que pudiera hablar en primera persona fue El escéptico, y desde allí se manifestó descubriendo todos nosotros que cuando no le escuchamos se expresa de muchas formas negativas y destructivas como, por ejemplo, bloqueándonos en un mar de dudas, o como desconfiando en exceso de unas cosas, llevándonos a confiar en exceso de otras, dejándonos agarrados a un puñado de "verdades" que en realidad nos cierran el camino al descubrimiento y a la investigación más sana.

Cuando esta voz era escuchada, aceptada e integrada, se transformaba en algo maduro en lo que confiar, en lógica, sensatez y sabiduría que nos ayuda a poner en cuestión, por ejemplo, algunas creencias nuestras que son irracionales, para así poder aprender y avanzar, desprendernos de lo que ya no nos sirve, desprendernos de tantas expectativas sobre uno, sobre los demás, sobre el mundo, que más tarde nos hacen sufrir mucho porque son muy restringidas y rígidas y nos estancan en los mismos bucles, sobre todo para acercarnos a ese mayor bienestar buscado por todos.

Por eso aquel taller de Meditación Integrativa de Alejandro Villar Martín (Big Mind de Genpo Roshi) usando el diálogo con las voces, y por eso tantos y tantos otros talleres siempre son especiales y siempre agradecida a todos los asistentes por estar ahí.