Inteligencia emocional 11: la intuición


Necasito una caja de herramientas, me dije el otro día mientras intentaba acceder a una cinta de embalar, para lo cual necesité sacar absolutamente todo de aquella caja, pero bueno pasado lo peor enseguida se me olvidó.

Dos días después caminaba de vuelta a casa, ya había hecho todos mis quehaceres y estaba relajada, al pasar por un bazar mis ojos me llevaron a leer todas las palabras que contenía el cartel: ropa y complementos, menaje de la casa, juguetes, ferretería, carpintería, informática..., ferretería leí de nuevo, mis ojos me llevaban una y otra vez a esa palabra mientras yo pensaba que ya lo había hecho todo y sólo tenía que caminar tranquilamente hacia casa, qué tontería leer una y otra vez ese cartel, me dije, sin embargo, ya sabía que estas cosas me habían pasado otra vez y era porque una parte de mí me estaba señalando algo, entonces llevé mi atención al estómago para comprobar si notaba que tenía alguna correspondencia o eran tonterías mías, y en ese mismo instante me acordé de que quería comprar una caja de herramientas, ¡eureka!, fantástico salí de allí con una maravillosa caja de herramientas y por fin pude poner todo en orden para que fuera más cómodo acceder a una cinta de embalar y a cualquier otra cosa que necesitara de allí.

Es como si dentro de nosotros hubiera un apuntador, como en el teatro, y este apuntador se encarga de hacer la lista de cosas y va coordinando a las partes implicadas para que se lleve a cabo.

La ínsula es una parte de nuestro cerebro ubicada detrás de los lóbulos frontales, tiene la función de monitorizar nuestros órganos internos, esta parte cartografía nuestro cuerpo interior, actúa como centro de control de las funciones viscerales, enviando señales, pero no sólo se conecta con nuestros órganos, sino que de ella depende también la percepción de cómo nos sentimos. De alguna manera lo que hace es simplificar nuestras decisiones vitales y orienta nuestra atención hacia opciones más inteligentes, así cuanto más adecuadamente interpretemos esos mensajes, mejor será nuestra intuición.

Pues bien, si nos fijamos en el suceso de más arriba podemos ver cómo mi decisión de comprar una caja de herramientas se grabó en mi cerebro, y mi apuntador hizo bien su trabajo apuntándolo en la lista de deseos, el resto de mi cuerpo y mi mente lo único que hicieron es obedecer a esa decisión, luego tan sólo tuve que dejarme guiar pues el mecanismo ya se había puesto en marcha aunque yo hubiera olvidado que quería comprar una caja de herramientas.

Pero me pregunto en cuántas ocasiones tomamos decisiones importantes para nuestra vida y años más tarde seguimos funcionando de forma automática con esa misma decisión, aunque ya no sea lo mejor para nosotros y lo que mejor se adapte a nuestra mueva situación, por ejemplo, nuestro novio acaba de dejarnos y decidimos que ya nadie nos hará jamás daño de ese tipo, con lo cual todo nuestro organismo se dispone a obedecer, cerrando así las compuertas para que nadie pueda acceder a nosotros más de lo que quisiéramos. Eso sí, en esta decisión, si no se han hecho matices de ninguna clase, se va a tomar al pie de la letra, y puede que nos afecte incluso en relaciones de amistad, estando menos abiertos y dispuestos a implicarnos, y desde luego si aparece la persona apropiada para comenzar de nuevo una relación, esta decisión, si no se hace consciente, puede perjudicarnos mucho más de lo que quisiéramos.

El mecanismo de la ínsula, por otra parte, tiene un gran potencial que podemos aprovechar, por ejemplo, nos puede ayudar en nuestro trabajo, a planificar y a crear, en concreto tiene una gran relación con la creatividad, se trata de tener un objetivo que se quiera conseguir, siempre que sea realista por supuesto, se deja ese mensaje en la mente, cual correo electrónico que acabamos de enviar, y la mente en nuestra vigilia y en nuestros sueños se encarga de fabricar ideas en relación a lo que queremos, eso sí, es un mecanismo que no se puede forzar, más bien hay que dejar que afloren con libertad todas las ideas y que se vayan relacionando unas con otras, sin censura, sin ese juez interior que dice lo que vale y lo que no. Y de esta forma más pronto que tarde de repente tenemos una idea que se nos antoja fantástica.

Este es el mecanismo que yo practico al escribir cada semana en este blog, y desde luego os puedo decir que funciona, pero hay que entrenar, y esta es una buena forma de trabajar la inspiración. Espero que os resulte, para ayudaros os dejo aquí el siguiente ejercicio de entrenamiento en atención, hoy vamos a crear nuestra morada interior.


Ejercicio 12: la morada interior