Dónde van los deseos


Solemos tener muchos deseos, quizá van cambiando según las diferentes épocas de nuestra vida, otros a lo mejor continúan siendo los mismos, con gran perseverancia, deseamos pequeñas cosas y grandes cosas, para nosotros, para los demás, y suelen ser abundantes, todos metidos en un baúl y lanzado al mar creyendo que alguien los tiene que descubrir para ayudarnos a que se hagan realidad, seguramente deseos mezclados, sin ordenar, sin definir, sin pensarlos de forma realista, como si la realidad fuera a hacerlos desaparecer, como si deseo y realidad fueran dos cosas opuestas.

Cuanto más lejos mandamos ese baúl, cuanto menos merecedores nos sentimos de descubrirlo nosotros mismos, más se ocultan en las profundidades de nuestro interior, como si no estuvieran, como si no fueran posibles, y entonces comenzamos a ver los deseos cumplidos de los demás con gran admiración, sí es justo eso que llaman envidia, bendita envidia que nos trae recuerdos de aquel baúl nuestro, esperando a que lo descubra la persona más especial para ti: tú.

Si te atreves a abrir el baúl, recuerda que primero debes ordenar los deseos, ver los que son más factibles y los que lo son menos, y decidir los que más beneficios te pueden reportar, los que tienes más cerca para poder conseguirlos y eso motivarte en el comienzo de este camino.

¿Te atreves?

Y ahora continuamos con el entrenamiento de la atención y la voluntad, para que puedas concentrarte mejor en la consecución de tus deseos. Si uno de tus deseos es darte, en pleno invierno, un relajante baño, en un precioso paisaje, con temperaturas de verano, ahora se puede hacer realidad.

Ejercicio 10