Inteligencia emocional 2


Nuestra inteligencia puede determinar nuestra vida, depende de cuánta inteligencia apliquemos para que podamos adaptarnos mejor a situaciones muy difíciles y sepamos tomar decisiones complicadas.

Pero la inteligencia no es única ni global, sino múltiple, como bien explica H. Gardner, existiendo así varias que ni él daba por definitivas: inteligencia lingüística, inteligencia lógico-matemática, inteligencia musical, inteligencia espacial, iteligencia cinestésico-corporal, inteligencia interpersonal, inteligencia intrapersonal, inteligencia naturalista, inteligencia existencial.

La inteligencia emocional tiene unas características especiales, nos abre camino a un gran potencial por desarrollar que todos tenemos. La inteligencia emocional nos ayuda a poner en práctica los otros tipos de inteligencia, es como un catalizador y una centralita de la que depende que no se quede en mera teoría y de verdad nos ayude a vivir mejor.

Sin embargo, hay muchas cosas a tener en cuenta y que pueden anular nuestra capacidad de pensar con claridad, pues igual que tenemos un gran potencial por desarrollar, asímismo tenemos una gran capacidad para ser manipulados, aunque nos resulte más agradable pensar lo contrario. 

Desgraciadamente cuanto menos conscientes somos de que podemos ser manipulados de muchas maneras, es una de las cosas que justo nos hace ser más manipulables y vulnerables, pues bajamos demasiado las defensas y entonces nos la pueden colar mejor, se trata de una excesiva autoconfianza, sin contar con nuestros límites, lo mismo que el exceso de confianza de los conductores experimentados.

Sabemos de sobra el efecto que produce, por ejemplo, que una autoridad del arte diga que un cuadro es bueno, podríamos hacer la prueba a modo de experimento pero con un cuadro abstracto pintado por una persona totalmente ajena a la pintura, y una autoridad en la materia preparada para el experimento. Seguro que causaría un gran impacto en la opinión pública.
De la misma manera cada día convivimos con la manipulación cotidiana, que incluso puede anular nuestra capacidad de razonar con claridad ante lo evidente, y anular nuestra capacidad para pensar con sensatez y lógica.

Con este panorama lo que sí podemos hacer es esforzarnos por conocernos y por practicar con nuestra inteligencia emocional. Por ejemplo, las emociones juegan un papel muy importante
a la hora de tomar decisiones.

Hagamos un ejercicio al respecto, piensa en una decisión que debas tomar e imagina las diferentes opciones, apúntalas en un papel, ahora tómate tu tiempo parándote en cada una de ellas, imaginando qué ocurriría y percibiendo lo que sientes con cada opción.


Las sensaciones que tenemos a nivel corporal  son señales del cerebro emocional que nos previenen de posibles peligros, o bien nos anuncian las presencia de alguna oportunidad interesante. Si contamos con una alta inteligencia emocional, las señales serán claras, precisas y nos orientarán hacia el éxito; si no tenemos conocimiento y control sobre nuestras propias emociones, las señales que nos lleguen serán confusas, contradictorias e incluso erróneas.

Vamos a ver un ejemplo a modo de micro relato, de Jose Manuel Ruíz, sobre cómo las cosas pueden ser confusas cuando no se capta la evidente realidad de una forma clara, y cómo esto puede llevar a decisiones erróneas o a no tomar las decisiones oportunas, quedando en peligro la vida de alguien.

Manipulación en casa


Las relaciones de pareja o las relaciones padres e hijos son las más complicadas que pueden existir.

En primer lugar una relación de pareja, estable y en la que se comparte un proyecto de vida es todo un camino de aprendizaje.

Dependiendo de los patrones de conducta que cada uno de los miembros de la pareja haya aprendido en su familia, y de cómo esto lo haya asimilado en su mente, asímismo se comportará con el otro; por tanto, lo que suele ocurrir frecuentemente en un momento de dificultad es que se reacciona con la pareja tal y como si estuviera delante su propio padre o su madre, ya sea para actuar de forma sumisa o para actuar de forma desafiante y reactiva. Es así cómo los problemas afectivos no resueltos con los padres tienden a proyectarse en la pareja, y más tarde en los hijos de ambos.

En el mejor de los casos los desencuentros dan lugar a las crisis habituales e inevitables, y con ellas viene un aprendizaje de sí mismo, que si se sabe aprovechar es muy enriquecedor y lleva a un fortalecimiento en la relación.

En el peor de los casos puede que uno de los miembros de la pareja, o los dos, tenga un mayor problema de base consigo mismo, aquí las crisis, tanto personales, como de pareja, pueden resultar algo insalvable e insufrible, hasta que un día puede que se rompa la cuerda.

Si tiene lugar la ruptura de la pareja, la persona menos preparada para una situación de crisis podría fusionar todos sus enfados y odios guardados durante toda su vida, provenientes de la conducta de otras personas, los padres e incluso de sí mismas, y sin saberlo llevarles a comenzar una guerra contra la otra persona.

Si la pareja ha tenido niños, éstos pueden ser usados como arma arrojadiza contra el otro progenitor, comenzando un auténtico lavado de cerebro en el niño contra el otro e incluso contra toda su familia, ocasionando así una interferencia parental y dando lugar a la alienación parental. Esto puede ocurrir en una sola dirección o en las dos direcciones, con lo que las consecuencias son más desastrosas.

En este caso el niño o los niños pueden llegar a sufrir toda una alienación de sí mismos, experimentando cómo uno de sus progenitores hace por borrar de su mente la huella y el cariño del otro progenitor e incluso de toda su familia de origen, tratando de privar así al niño de la mitad de su identidad y autoestima, que tanto necesita sobre todo en los primeros años de su vida.

El niño experimenta contradicciones en sí mismo, conflictos internos y estrés debido a la gran presión a la que está sometido, resultando una forma de maltrato infantil.


Los síntomas de un niño alienado son:


1. El niño contribuye activamente en la campaña de denigración contra el otro progenitor objeto.

2. Las razones alegadas para justificar el descrédito son débiles, frívolas o absurdas.
3. La animadversión hacia el progenitor rechazado carece de la ambivalencia normal en las relaciones humanas.
4. Fenómeno del "pensador independiente", el niño afirma que nadie le ha influenciado y que su rechazo hacia el progenitor objeto es propio.
5.  Hay un apoyo reflexivo hacia el progenitor que aliena, de manera pensada el niño sabe que tiene que elegir, quién tiene el poder y de quién depende su supervivencia, y es de su progenitor alienador.
6.  El niño expresa desprecio sin culpa por los sentimientos del progenitor odiado.
7. Las afirmaciones del niño reflejan un vocabulario y expresiones propias del progenitor alienador.
8. La animadversión se extiende a la familia extensa, creando un rechazo también hacia abuelos del otro progenitor, tíos y primos, con los que anteriormente había mantenido una buena relación.

Lo deseable sería tratar estos casos con la colaboración de todas las partes implicadas, sin embargo, no siempre es posible. Para trabajar estas problemáticas hay profesionales especialistas en psicología jurídica como Asunción Tejedor Huerta, quien ha escrito un libro pionero sobre el tema junto a otras dos psicólogas forenses. Este libro se llama: PIVIP Programa de Intervención para Víctimas de Interferencias Parentales.

Para quien esté pasando por esta situación o alguien de su familia recomiendo este libro: El síndrome de alienación parental: una forma de maltrato.