¿Qué creemos sobre nosotros y sobre el mundo?



Todos tenemos creencias muy arraigadas, unas sanas, realistas y adaptativas, es decir, que nos ayudan a vivir con bienestar para nosotros y en convivencia con los demás, y otras que no son realistas, son irracionales, y no son adaptativas porque nos llevan a estar mal con nosotros mismos y por tanto también con los demás, o directamente nos llevan a estar mal con los demás.

Dependiendo de cómo nos tratemos a nosotros mismos así trataremos a los demás, hay veces que nos tratamos mal a nosotros mismos pero a la vez damos toda una serie de demasiadas concesiones a los demás, cosa que termina por desequilibrarse o afectarnos de alguna manera. Otras veces podemos estar tratándonos demasiado bien a nosotros mismos y haciendo que los demás importen menos y por tanto en algún momento nos dará problemas de convivencia, pues terminaremos pisando el terreno ajeno sin escrúpulos.

Pero en cualquier extremo del contínuo estaremos dando lugar a comportamientos y sentimientos que no son sanos ni para nosotros ni para los demás.

Teniendo en cuenta que se trata de un contínuo, los grados diferentes en los que se dan estas creencias pueden ser muchos, y todos en alguna medida tenemos algo de esto en nuestros sótanos psicológicos. Lo más sano que podemos hacer es reconocer que en algún momento, y aunque sea en poco grado, llegamos a creer cosas como éstas incluso aún en la actualidad, pues es muy goloso decir que a uno antes le pasaba y ahora no, siempre quedan cosas por trabajar.

Algunas de estas creencias arraigadas e irracionales son: 

1. Abandono/inestabilidad: creencia acerca de que las relaciones cercanas van a desaparecer inminentemente.
2. Defectuosidad/vergüenza: creencia acerca de que se es imperfecto e inadecuado, por lo que se puede avergonzar a otros.
3. Deprivación emocional: creencia acerca de que las propias necesidades emocionales jamás deben ser conocidas por otros.
4. Desconfianza/abuso: creencia acerca de que los demás van a aprovecharse siempre de uno.
5. Aislamiento social: creencia acerca de que uno está solo en el mundo, a diferencia de otras personas, y que no hace parte de una comunidad.
6. Restricción emocional: creencia acerca de que uno siempre debe inhibir las emociones e impulsos porque cualquier expresión de sentimientos podría herir a otros o afectar su autoestima, generar indisposición o abandono.
7. Dependencia/incompetencia: creencia acerca de que uno no es capaz de manejar las responsabilidades diarias de manera competente e independiente.
8. Vulnerabilidad de ser herido y de enfermar: creencia acerca de que siempre se es susceptible de experimentar una catástrofe.
9. Sentirse atrapado: creencia acerca de que se carece de una identidad individual por sobre involucrarse con otros. 
10. Ausencia de autoeficacia: creencia acerca de que se es incapaz de hacer algo bien.
11. Vivir subyugado: creencia acerca de que uno debe someterse al control de otros para evitar consecuencias negativas.
12. Autocontrol y autodisciplina insuficientes: creencia acerca de que uno no puede controlar totalmente sus impulsos y sentimientos.
13. Derecho/grandiosidad: creencia acerca de que las personas están autorizadas, pueden hacer o decir siempre lo que deseen aun lastimando a otros.
14. Temor a la pérdida de control: creencia acerca de que uno siempre debe inhibir emociones e impulsos, y la razón para ello es el temor a la pérdida de control.
15. Autosacrificio: creencia acerca de que uno debe sacrificar sus necesidades por ayudar a otros .
16: Altos estándares de exigencia/hipercrítica: creencia acerca de que uno debe esforzarse por alcanzar estándares irreales.

Y lo más curioso es que estas 16 creencias irracionales están sacadas de un artículo sobre anorexia nerviosa:

Evolución de las Teorías Cognoscitivas y del Tratamiento Cognoscitivo Conductual de la Anorexia Nerviosa

La cuestión es que aunque no tengamos ningún problema con la alimentación, no quiere decir que no nos estén afectando de muchas otras maneras estas mismas creecnias, pues cada persona es un mundo.

Espero que hayas podido identificar algunas de las que te afectan porque es el primer paso para conocerse mejor. Y si ves que tienes en gran medida algunas de ellas y que están afectando tu calidad de vida entonces tendrías que plantearte hacer un trabajo personal con algún especialista.

Si muy al contrario, crees que no tienes nada de esto, entonces con más razón sería bueno algún tipo de trabajo personal sincero y profundo, pues si no es así, ningún tipo de terapia podría servir de ayuda.


Creencias sanas


Senda continuó durante años en esa cárcel que se había construido entorno al reloj, esa línea de sol dibujada a través de aquella minúscula ventana.

De forma paralela seguían apareciendo en su mente una pizarra en la que no dejaban de escribirse aquellas reglas y creencias constreñidas de sí misma y de cómo creía que era el mundo.

Un día paseaba por allí un travieso niño que cogiedo una piedra, la estampó contra la ventana.

Se oyó un estruendo en los cristales y en su corazón, también algo dentro de ella se rompió.

Se había acostumbrado tanto a esa pequeña habitación y a esa línea de sol, con sus cálculos para saber la hora en todo momento...

Ahora la línea sin el cristal ya no es igual, tendría que comenzar de nuevo todos sus cálculos y no estaba ya por la labor.

Durante unos días se quedó muy triste, pero a medida que se debaja sentir su tristeza algo se iba sanando en su corazón.

De repente, en aquella pizarra de su mente, comenzaron a aparecer otras palabras escritas muy diferentes:

- Tienes una oportunidad.
- No podías pasarte la vida entera haciendo cálculos.
- Los imprevistos y las desgracias te permiten a veces cosas nuevas y crecer.
- Y por cierto Senda, que sepas que estabas metida en una cárcel que tú sola habías construido sin darte cuenta.

Hizo una respiración profunda que también la alivió profundamente, y se dijo: ¿cómo no me había dado cuenta?.

Ante sus ojos se abrió todo un mundo por descubrir. Salió de la habitación y pudo ver aquella ventana desde fuera.

Creencias peligrosas


Cada vez que me asomaba a la ventana casi no podía ver el exterior, tan sólo podía calcular la hora por la línea que el sol trazaba a través del cristal, pero aún no lo tenía bien calculado, mis cuentas no eran exactas, lo sabía porque cuando entraba alguien siempre le preguntaba la hora y en muchas de las ocasiones no era la hora exacta que yo había calculado.

A veces me quedaba quieta y pensativa, me venían a la mente toda esa cantidad de reglas o máximas que había aprendido, no sé bien en qué momento de mi vida ni sé dónde están escritas, sólo sé que de una forma automática continúo actuando bajo sus mandatos:

1. Nunca es suficiente para sentirme valiosa y entonces tengo que estar todo el tiempo haciendo algo
.
2. La vida tiene que ser justa conmigo.
3. Tengo que quedar bien con todo el mundo porque si no pensarán que soy mala.
4. Hay que ser educada y flexible con todos sin excepciones, independientemente de cómo se comporten contigo, así cuando te vayas a la tumba nadie podrá decir que fuiste descortés, tampoco podrán decir que fuiste tú misma.
5. He de ser perfecta, aunque muera en el intento.
6. Los medios justifican algunos fines, como ayudar a los demás, aunque sea a costa de ti misma.

Y seguiría, pero la línea de luz está a punto de tocar la telaraña más oscura y he de comprobar si efectivamente ahí son las 18:00.


Un atisbo de lo infinito


De repente apareció un genio, sí aunque parezca asombroso, un genio como el de los cuentos, miré mis manos y sujetaban una lámpara a la que le estaba cambiando la bombilla.

Una voz atronadora se oyó: "¡dime un deseo!", yo me quedé como bloqueada, pero a pesar de eso estaba pensando en mi deseo, parecía tenerlo claro, quería vivir al menos un día en la vida de todas las personas. Sin darme cuenta ya lo había dicho en voz alta, y me respondió: ¡como Dios, quieres estar en todas partes! y rió también de forma atronadora.

Entré en el túnel del tiempo y pasaron delante de mí imágenes, viviencias, emociones, agradables y desagradables, cada vez más iba quedándome sin palabras, ya no encontraba la manera de expresar lo que estaba viviendo, simplemente lo vivía.

Y descubrí tantas razones que las personas tenían para hacer las cosas, algunas buenas otras malas, unas beneficiaban a un grupo de personas y perjudicaban a otras, en otras ocasiones, las que menos, había razones que beneficiaban a todos. Me pasaron demasiadas cosas, como si la experiencia cobrara cada vez más protagonismo y las palabras se me agotaran como a través de un colador.

Al final quedé en un absoluto silencio, había entendido muchas cosas que deseaba hacía tiempo, esa comprensión era como entrar en un sitio donde no había espacio ni tiempo, un profundo pozo negro que a la vez era demasiado agradable como para querer salir de allí.

Y aquella familiar melodía comenzó sonar, no sé qué ocurría pero era tan bonita...Love is forever


¡No!, estaba tan a gusto..., ya era la hora de levantarse y el despertador había cumplido su función. 

Caminaba hacia clase y aún reflexionaba sobre ese sueño tan increíble, no sé qué ocurrió pero desde entonces, cada vez que alguien me contaba algo o se desahogaba de alguna situación desagradable que le había ocurrido, ya no le decía enseguida las típicas palabras de ánimo, de hecho casi me faltaban las palabras, pero con mi lenguaje no verbal sabían que estaba escuchando, y casi podía experimentar lo que la otra persona, y de nuevo podía degustar aquella sensación agradable del pozo negro sin espacio ni tiempo, pero nunca tan profunda como en aquel sueño.