Inteligencia emocional 9: la vulnerabilidad


Cuando era pequeña observaba a las hormigas a menudo, y solían ser momentos de reflexión, era increíble ver su delicada naturaleza, dependía tan sólo de que alguien descuidado las pisara para que muchas de ellas murieran aplastadas, incluso yo misma podía aplastarlas sin querer, eso me horrorizaba. Tan sólo una lluvia torrencial acababa con sus casas, eran muchas las amennazas. Y yo pensaba en lo afortunada que era por no ser hormiga, no era vulnerable como ellas.

Cuando volvía a casa solía leer un cuento que me gustaba mucho, antes de dormir, era de un gigante que me fascinaba, fuerte y seguro, podía con todo, los habitantes del pueblo le admiraban y se sentían seguros con él, sentían que si lo tenían a su lado podían con todo. El gigante vivía en lo alto de la montaña, donde más fresco hacía para el calor que solía tener.

Ya amanecía en la montaña y el gigante despertaba feliz, acababa de conocer a una chica de la que se había enamorado y ese día iba a verla, pero cuál fue su sorpresa que lo que le esperaba era una calabaza, ella le dijo que su relación no podía ser porque en lo alto de la montaña no podría vivir, pasaría mucho frío.

El gigante hizo como si nada y siguió haciendo su vida, al fin y al cabo todo el mundo esperaba que nada le afectase, su físico condicionaba las expectativas de los demás hacia él e incluso las expectativa de él mismo. Así pasaron meses.

Un buen día el gigante ya no aguantó más y comenzó a llorar, hasta que desde lo alto de la montaña inundó el pueblo.

- Este cuento es demasiado fantasioso, ¿no crees?.

- Mira te conozco Censura y sólo voy a decirte una cosa, déjame disfrutar que me estaba divirtiendo.

Pues bien, de tanto que lloró inundó el pueblo, y todos sus habitantes salieron de sus casas para salvarse, subieron montaña arriba y descubrieron que de allí provenía el agua, sí allí estaba llorando el gigante. Todos se quedaron asombrados, no esperaban eso de él, cuando les contó que lloraba porque le habían dado calabazas no lo creían pues el mismo día anterior le habían visto como si nada, pero por fin se desahogó y les dijo que estaba harto de fingir que podía con todo, pues no, no podía con todo, también tenía su corazoncito y eso le hacía más gigante.

- Querrás decir que eso le hacía más humano.
- A ver ya estamos, sí pero es un símil en el mundo de los gigantes, qué poca imaginación tienes Censura.

Los habitantes del pueblo le dijeron que preferían que fuera vulnerable como ellos y que llorara más a menudo cuando lo necesitara porque así le daba tiempo a la tierra a absorver el agua, si aguantaba mucho les inundaría de nuevo el pueblo.

Y así el gigante se sintió más gigante que nunca, paradójicamente su vulnerabilidad le hacía más grande, y los habitantes del pueblo se sintieron más humanos que nunca.


Poco a poco cuando fui creciendo ya no me sentía tan a salvo por no ser hormiga, porque yo también era vulnerable, y cuantas más cosas me pasaban en la vida me daba cuenta de que más cosas me podían afectar, el gran reto para mí fue aprovecharlo para aprender y hacerme más fuerte.

Prosigamos ahora con esa parte tan importante que es la práctica, para hacernos más conscientes de lo que ocurre en nuestro interior. Practica este ejercicio una vez al día durante esta semana. Hoy se trata de desarrollar nuestra imaginación y visualización con el ejercicio del limón.

Ejercicio 7