Inteligencia emocional 5: el miedo


Hoy voy a hablar del miedo, es una emoción que también tiene muy mala prensa junto con el enfado. Realmente nos enseñan en muchos casos desde pequeños que no hay que tener miedo, que eso es de cobardes, es de malos emprendedores, que es de perdedores porque hay que apostar. Otras veces nos enseñan que hay que tener miedo a todo, que más vale quedarse quieto e inmovilizado hasta que pase lo que sea.
 
Y verdaderamente estas son las dos maneras básicas extremas con las que puede expresarse el miedo. Ante un peligro unas personas reaccionan quedándose paralizadas y otras enfrentándose atacando, ninguna de las dos es mejor que la otra, simplemente dependerá de la situación de la que se trate, será más conveniente una u otra. El problema está cuando nos instalamos en una de las maneras, en un punto del extremo y aplicamos esa forma de actuar en todas las situaciones peligrosas, y además es como si no pudiéramos reaccionar con otros grados diferentes de miedo según la situación.
 
Por otra parte en el día a día, cuando no hay peligros especiales ni situaciones límite, muchas veces estamos preparados y demasiado alerta como si el programa de situaciones de emergencia se hubiera quedado colgado y fuera el único con el que podemos contar.

La cuestión es: ¿cómo puede el miedo saber en qué medida debe activarse en cada situación y qué es lo mejor que puede hacer?. Lo gracioso es que el miedo de forma natural sabe perfectamente cómo debe actuar en cada momento y cuáles son sus funciones, pero tiene tan mala prensa, no queremos saber nada de él, lo rechazamos y, por tanto, lo desconocemos en gran medida, aún así él trata de seguir haciendo su trabajo como puede, aunque sea en malas condiciones, pero desde luego consigue que aún sigamos aquí vivos.

¿Te imaginas que te contrataran de vigilante en un gran centro comercial?, pero eres muy mal visto por todo el mundo y de hecho te esconden en la trastienda de la juguetería del piso de abajo. Desde ahí tienes que hacer el trabajo de vigilar, y no dispones de cámaras ni nada, sólo el agujero de la puerta que, con suerte, da a una parte del centro muy frecuentada. Ah y se me olvidaba, de sueldo vas a tener muy poquito porque apenas no se le da importancia a tu trabajo.

Si se produce un robo en alguna parte del centro comercial al que no tienes acceso visual vas a ser responsable igual, pero como estás en esa trastienda, no te ven y le echarán la culpa a uno de los encargados, que a su vez echará la culpa a la empresa, habrá disputas y el ambiente del centro comercial se enrarecerá. Y encima sentirás el mayor de los miedos y temores aún por más cosas que empiezas a imaginar ahí metido, muchas cosas que pueden pasar si tu no vigilas bien, comienzas incluso a tener escalofríos y hasta se te pone el bello de punta sabiendo de todos los peligros que hay y que no puedes hacer mucho. 

Tan sólo te han dejado una alarma que puedes activar en caso de peligro, claro esto suena a broma, pero es lo que hay, entonces como no ves muy bien lo que pasa fuera pues hay muchas veces que activas la alarma sin que realmente haya pasado nada, pero por si acaso, pues cada vez tienes más miedo, y claro todo el mundo echa a correr en el centro comercial y cree que hay un incendio, así los trabajadores comienzan a quejarse de que no rinden bien en su trabajo con tanto sobresalto, y además las ventas han bajado porque mucha gente que padece del corazón o no está para sustos prefieren ir a otro centro comercial más tranquilo.

Esto mismo es lo que pasa en nuestro interior en muchas ocasiones, la cuestión es que las consecuencias de tener que estar en tensión  por si acaso y de saltar la alarma incluso en momentos en los que no hay peligro es el estrés, la ansiedad, y todo tipo de síntomas asociados, desgaste, agotamiento, dolor de cabeza, para luego desembocar en tristeza y apatía quiza como única estrategia que encuentra la mente para al menos descansar un poco y tomar fuerzas. También las consecuencias podrían ser que quedes en muchas situaciones desprotegido y a la interperie, de manera que cualquiera podría hacerte daño físico y/o emocional.

¿Qué pasaría si como vigilante te dejaran hacer tu trabajo teniendo acceso a todos los pisos, todas las tiendas e instalaciones, controlando las cámaras de seguridad y encima te agradecieran tu trabajo?. Creo que todo cambiaría, ¿no?, ¿habría necesidad de acumular tanto miedo innecesario?, ¿saltarías la alarma sin que haya peligro?, y ¿cómo se sentirían tus compañeros trabajadores del centro comercial y la clientela?. Se sentirían seguros y tranquilos porque ya estás tú haciendo el trabajo de vigilar para que no pase nada o bien para actuar de la mejor manera si pasara algo.

En definitiva si comenzamos a confiar más en nuestro miedo y le dejamos hacer bien su trabajo nos va a proveer de bienestar, sin embargo, si lo encerramos e incluso quisiéramos eliminar entonces es cuando se darán todo tipo de problemas que son precisamente los que hacen que el miedo tenga mala prensa, sin saber que ese es precisamente el problema, no el miedo, sino la forma destructiva de manifestarse desde el rechazo, como una manera de dar voces pues no le quieren escuchar.

Ahora pasamos a la práctica de la atención, precisamente lo que llamamos atención plena tiene lugar gracias a un miedo bien integrado y sano, pues se convierte en una atención muy serena que incluso nos ayuda a relajarnos, a meditar y a realizar las acciones en nuestra vida de otra manera muy diferente, con más dedicación y cuidado, disfrutando de cada cosa que hacemos.


Ejercicio 3


Realiza este ejercicio de unos 4 minutos cada día e irás notando los beneficios, desarrollando tu capacidad de auto-observación y autogestión.