El gran espejo


Había sido un día que hubiera querido borrar de su memoria. Senda nunca se había tenido mucho cariño, bueno nunca había tenido apenas cariño, por tanto, apenas podía saber lo que era quererse.

Además su novio la había dejado, ya no sabía ni quién era, su identidad se había fundido demasiado con él todos esos años.

Paseaba por la ciudad con la mirada perdida y sin poder contener las lágrimas, pero en ese momento casi le daba igual encontrarse con algún conocido, sin embargo, en la calle no podía llorar abiertamente como ella necesitaba, y su casa se le caía encima.

Pensó en ir a algún tanatorio donde, con todos los respetos, poder fundir su llanto con el de otras personas, aunque temía que le preguntaran de qué conocía al difunto.

Con suerte pronto comenzó a sentirse muy cansada, había caminado durante una hora casi sin darse cuenta, tuvo que coger un autobús para volver a casa. Al llegar se sentía como si no tuviera alma, pero con suerte se durmió enseguida.

Cayó en un profundo sueño que por fin le libraba durante unas horas de su dolor.

Y ahí apareció esa sensación que le era familiar, parecía estar flotando en el aire. Se encontraba ante un gran espejo, su alma le dijo desde el otro lado de sí misma, en el reflejo, algo que nunca olvidaría:

- Vivo sólo para estar contigo, para hacerte feliz, para experimentar intensamente cada uno de los días de tu vida. Eres lo que más quiero y has de saber que sólo te tengo a ti, no me abandones nunca, bueno en realidad eso es imposible porque yo siempre estoy ahí lo quieras tú o no pero si trabajamos en equipo todo irá bien. Recuerda esto cuando salgas de este estado y llegues a lo que llamas despertar.