Un atisbo de lo infinito


De repente apareció un genio, sí aunque parezca asombroso, un genio como el de los cuentos, miré mis manos y sujetaban una lámpara a la que le estaba cambiando la bombilla.

Una voz atronadora se oyó: "¡dime un deseo!", yo me quedé como bloqueada, pero a pesar de eso estaba pensando en mi deseo, parecía tenerlo claro, quería vivir al menos un día en la vida de todas las personas. Sin darme cuenta ya lo había dicho en voz alta, y me respondió: ¡como Dios, quieres estar en todas partes! y rió también de forma atronadora.

Entré en el túnel del tiempo y pasaron delante de mí imágenes, viviencias, emociones, agradables y desagradables, cada vez más iba quedándome sin palabras, ya no encontraba la manera de expresar lo que estaba viviendo, simplemente lo vivía.

Y descubrí tantas razones que las personas tenían para hacer las cosas, algunas buenas otras malas, unas beneficiaban a un grupo de personas y perjudicaban a otras, en otras ocasiones, las que menos, había razones que beneficiaban a todos. Me pasaron demasiadas cosas, como si la experiencia cobrara cada vez más protagonismo y las palabras se me agotaran como a través de un colador.

Al final quedé en un absoluto silencio, había entendido muchas cosas que deseaba hacía tiempo, esa comprensión era como entrar en un sitio donde no había espacio ni tiempo, un profundo pozo negro que a la vez era demasiado agradable como para querer salir de allí.

Y aquella familiar melodía comenzó sonar, no sé qué ocurría pero era tan bonita...Love is forever


¡No!, estaba tan a gusto..., ya era la hora de levantarse y el despertador había cumplido su función. 

Caminaba hacia clase y aún reflexionaba sobre ese sueño tan increíble, no sé qué ocurrió pero desde entonces, cada vez que alguien me contaba algo o se desahogaba de alguna situación desagradable que le había ocurrido, ya no le decía enseguida las típicas palabras de ánimo, de hecho casi me faltaban las palabras, pero con mi lenguaje no verbal sabían que estaba escuchando, y casi podía experimentar lo que la otra persona, y de nuevo podía degustar aquella sensación agradable del pozo negro sin espacio ni tiempo, pero nunca tan profunda como en aquel sueño.