Creencias sanas


Senda continuó durante años en esa cárcel que se había construido entorno al reloj, esa línea de sol dibujada a través de aquella minúscula ventana.

De forma paralela seguían apareciendo en su mente una pizarra en la que no dejaban de escribirse aquellas reglas y creencias constreñidas de sí misma y de cómo creía que era el mundo.

Un día paseaba por allí un travieso niño que cogiedo una piedra, la estampó contra la ventana.

Se oyó un estruendo en los cristales y en su corazón, también algo dentro de ella se rompió.

Se había acostumbrado tanto a esa pequeña habitación y a esa línea de sol, con sus cálculos para saber la hora en todo momento...

Ahora la línea sin el cristal ya no es igual, tendría que comenzar de nuevo todos sus cálculos y no estaba ya por la labor.

Durante unos días se quedó muy triste, pero a medida que se debaja sentir su tristeza algo se iba sanando en su corazón.

De repente, en aquella pizarra de su mente, comenzaron a aparecer otras palabras escritas muy diferentes:

- Tienes una oportunidad.
- No podías pasarte la vida entera haciendo cálculos.
- Los imprevistos y las desgracias te permiten a veces cosas nuevas y crecer.
- Y por cierto Senda, que sepas que estabas metida en una cárcel que tú sola habías construido sin darte cuenta.

Hizo una respiración profunda que también la alivió profundamente, y se dijo: ¿cómo no me había dado cuenta?.

Ante sus ojos se abrió todo un mundo por descubrir. Salió de la habitación y pudo ver aquella ventana desde fuera.