Afrontar la inseguridad


Me dirigía hacia una entrevista de trabajo, estaba muy nerviosa porque realmente quería ese puesto. Calculé perfectamente el camino, el tren que debía coger y las calles que debía atravesar una vez me bajara del tren.

Pero nada parecía suficiente, en cualquier momento podía acordarme de algo, algo que se me hubiera escapado de esa planificación, era tan consciente de mi imperfección..., mi mente podría tener un olvido, porque somos así los humanos, hay cosas que se nos escapan.

Y encima comenzaba a acordarme de todos los momentos de mi vida en los que me había sentido insegura, los peores momentos, de hecho me acordé de que a mí misma me etiquetaba como persona insegura, eso creía que me definía muy bien, incluso pensaba que no necesitaba de más descripción.

Me bajé por fin del tren y comencé a caminar, sabía el camino pero aún así puse el GPS del teléfono, en el semáforo, a la vuelta de la esquina hablaba la mujer de mi teléfono indicando el camino, tenía el volumen demasiado alto y la gente me miraba, pero prefería así porque no quería que nada se me escapase, por si acaso.

Pero me daba mucha rabia sentir esa inseguridad y creer que algo se me escapaba, siempre igual, estaba harta de sentirme insegura. Entonces traté de hacer el ejercicio que nos enseñaban en aquellas prácticas de psicología.

Respiré profundamente y traté de conectar bien con esa sensación terrible de inseguridad, me inundaba por todo el cuerpo y eso tan terrible iba esparciéndose quedando más diluído, entonces me di cuenta de que era en realidad nada más que miedo que se escondía dentrás de mi etiqueta de insegura.

Ohh, tenía tanto miedo..., miedo a no hacer bien la entrevista, miedo a no sentirme válida, miedo a ser tan pequeña..., y poco a poco comencé a sentir un cierto alivio, una sencilla humildad me rodeaba, la inseguridad se evaporó y el miedo salió de su escondite, para descubrirme que no era tan malo. 

Realmente me hacía menos daño sentir sencillamente el miedo, y cuando quise darme cuenta ya estaba en la puerta de aquella empresa, media hora antes, y sorprendentemente no recordaba la última parte del trayecto, estaba impresionada, por un rato no estaba controlando y, sin embargo, todo fue bien, y encima la tranquilidad me acompañaba. Creo que el miedo se tranquilizó al escucharle.

Y así, dejando que el miedo me atravesara aprendí bien un gran truco para superarlo.

Ya no importa el hecho en sí de cómo fue la entrevista porque me atreví más que nunca a ser yo misma y ese es el gran éxito para mí.