La madre interior

Canon en Re mayor. Johann Pachelbel

El sol previo a la primavera iba derritiendo el hielo en lo alto de las montañas. Tan sólo teníamos que esperar un poco para que se convirtiera en agua de la que poder abastecernos. 

Mientras tanto lo único que tenía que hacer es estudiar y aprobarlas todas en junio para poder escalar montañas en el verano, aunque ya no hubiera nieve.

- ¡Senda!, dijo Susana, mi compañera de piso.
- Dime, contesté yo.
- ¿Has visto lo que pone en este libro?, habla de la madre interior pero no tiene que ver nada con la madre biológica. ¿Quieres que probemos a hacer este ejercicio?
- Claro, aunque me va a costar mucho no relacionarla con mi madre, es lo único que me viene ahora a la cabeza...uf
- Bien, dijo Susana, probemos. Tú eres la madre interior y yo te voy a ir haciendo unas preguntas, pero Senda pasará ahora a tercera persona.
- Venga vamos a intentarlo, le dije.

- Susana: ¿quién eres?
- Senda: soy la madre interior
- Susana: ¿cómo eres?
- Senda: pesada, riño mucho a los demás, nerviosa...
- Susana: espera, espera, que no estamos hablando de tu madre biológica.
- Senda: uy se me había olvidado. Bien pues soy..., eh soy..., cuidadora y amorosa como madre interior. Sí, es verdad, tengo mucho amor para dar, realmente soy quien cuido de Senda.
- Susana: ¿y ella te deja cuidarla?
- Senda: upss, pues no, me rechaza mucho, y precisamente es porque me asocia a su madre biológica, y entonces me rechaza por rebeldía hacia ella.
- Susana: entonces si no te deja hacer su trabajo, ¿cómo te manifiestas?
- Senda: pues cuidando a los demás, ¡es verdad!, hago eso, pero lo que ocurre es que trato de cuidar y ayudar  a los demás incluso cuando no me piden nada y quizá ni lo necesiten. Y luego me enfado porque no me responden como yo quisiera después del esfuerzo hecho por ellos. Digamos que como no me deja cuidarla a ella pues me dedico a cuidar a los demás demasiado. Y además luego ella se enfada porque no la quieren exactamente como ella espera, con esas respuestas concretas que le gustaría recibir, y claro veo que tiene muchas expectativas hacia los demás, que muchas veces se convierten en exigencias, que además a los demás les puede agobiar mucho.
Y resulta que soy yo como madre interior quien le puede dar todo eso pero lo busca fuera porque cree que yo soy mala, que la voy a decepcionar, nuevamente porque me asocia a su madre biológica.
- Susana: entonces ¿cuáles son tus funciones?
- Senda: darle mucho amor, yo la quiero de forma incondicional, es mi única hija y la acepto tal y como es. Si ella me aceptara a mí no tendría que buscar el amor en otras personas de forma tan desesperada, y sus relaciones cambiarían mucho, sabría dejarse querer y querer a los demás, pero de una forma sana, aceptando también a los demás tal y como son, sabiendo lo que puede darle cada persona y valorando cada detalle de cariño que los demás tengan con ella, aunque no sea exactamente como ella lo espera.
- Senda: Susana esto es increíble, me siento tan bien...
- Susana: ¡genial! ha funcionado. Pues se trata de que vayas aceptando a la madre interior y entonces conseguirás todo eso que decías.
- Senda: sí pero es que ahora mismo me siento así, como si fuera la madre interior, siento mucho cariño y compresión. Te agradezco que me hayas invitado a hacer este ejercicio.