Espejos del alma


Mamá acércame la oveja de peluche y cuéntame un cuento. Dijo Cecilia, la hija de Raquel.

Bueno yo entonces me voy que tienes que acostar a Cecilia, dije yo.


¡No Senda!, quédate que a ti te gustan mucho los cuentos.

¡Vale! yo encantada de poder quedarme y escucharlo.

Te contaré el de Sirio. Sirio era un niño de 80 años.

No mamá, ¿cómo va a ser un niño si tiene 80 años?. Pues así era y ¿sabes por qué?, pues porque consiguió mantener intacta su ilusión por aprender y de hecho fue su mayor mérito en la vida, precisamente porque no se le presentó demasiado fácil, gracias a lo cual aprendió siempre mucho.

Sirio estaba dando su paseo matinal y se encontró a un gran amigo, Helio, éste le preguntó qué era de su vida y Sirio le contestó que ahora estaba aprendiendo inglés y estaba muy ilusionado, entonces Helio le invitó a un café para charlar sobre esas novedades, siempre que hablaba con él se recargaba también de ilusión.

- Helio: Sirio ¿cómo consigues que te haga siempre tanta ilusión aprender cosas?.
- Sirio: bueno es una larga historia en realidad, pero ahora mismo me viene a la memoria mi familia, mi infancia no fue fácil y creo que precisamente por eso conseguí superar los obstáculos, cuado hay obstáculos aparece el afán de superarlos, sin ellos creo que nos acomodaríamos demasiado.

Mi madre tenía una dificultad, y es que cuando estaba nerviosa o se enfadaba no solía darse cuenta, tenía tanto deseo de ser buena y de hacer las cosas bien que creía que el nerviosismo y el enfado le molestaban para conseguir ese objetivo, entonces como no los quería me los ofreción a mí y los cogí, aunque tomé alguna otra cosa para aligerar su peso y ayudar a mi madre como el descontrol, la negatividad y la tristeza.

Mi madre y yo creamos esa realidad que también le contábamos a los demás, realmente yo llegué a creer que era nervioso y enfadado e incluso así era muchas veces. Los demás en ese entorno también llegaron a creerlo y entonces yo me convertí en eso, aunque curiosamente no era así cuando estaba con otras personas.

Un buen día empecé a descubrir cómo era yo en realidad y no era eso, en realidad lo que mi madre me había dado era un regalo, ese fue mi mayor descubrimiento, me regaló un obstáculo para que lo superara sin ni siquiera saberlo ella.

Un buen día cogí mi regalo y lo examiné detenidamente, vi que era una maravilla si le prestaba la suficiente atención, aunque tardé años en darme cuenta. Ahí estaban el nerviosismo, el enfado, el descontrol, la negatividad y la tristeza. Las miré y las miré, y poco a poco fui viendo entusiasmo, determinación, disfrute, precaución y serenidad. Entonces fue cuando entendí bien que todo eso era un regalo.

Así es como hice las paces conmigo mismo y pude devolver el regalo ya transformado a mi madre. No sé si lo entendió pero lo que sí sé es que ese camino me ha llevado a ser lo que soy y a que hoy siga con tanta ilusión por aprender.

Mamá y cuando él era pequeño, ¿nadie decía nada?, ¿nadie se daba cuenta de que era su madre la que estaba nerviosa y enfadada y no él?.

Raquel dijo, bueno Cecilia eso no es tan fácil, no solemos mirar más allá de lo que nos dicen y como parte de nuestra realidad la creamos nosotros pues suceden estas cosas con más frecuencia de lo que pensamos. De todas formas si las cosas no hubieran ocurrido así, él hoy no sería lo que es, porque con cada obstáculo que se encontraba era una gran oportunidad para él de seguir aprendiendo y aprendiendo.

- Raquel: Senda ¿te gustó?.
- Senda: vaya que sí, me ha hecho sentir..., bueno no sé cómo explicarlo, te hace reflexionar. Pero ¿quién lo escribió?.
- Raquel: jajaja...en realidad no lo estaba leyendo, me lo inventaba.
- Senda: vaya y ¿cómo tienes esa inventiva?.
- Raquel: en realidad la tenemos todos pero eso otra noche te lo cuento.