El padre interior


- Senda: venga Susana termina de desayunar que tenemos que ensayar el ejercicio para el examen de psicoterapia.
- Susana: ya voy..., pero eso del padre interior no lo entiendo muy bien, ¿qué diferencia hay entre la madre interior y el padre interior?.
- Senda: ahora lo verás, empezarás tú, así lo descubres. Venga te voy a hacer la pregunta para que te ayude a posicionarte. ¿Quién eres?
- Susana: soy el padre interior. No tengo voz ni voto, no sé qué decir, me siento anulado, creo que los pantalones los lleva la madre interior...jaja, bueno ya me pongo seria.
- Senda: a ver ¿de quién hablas, del padre biológico de Susana?.
- Susana: ah pues sí, es cierto.
- Senda: de acuerdo, cuando aún no tenemos descubrierto nuestro padre interior solemos asociarlo a nuestro padre biológico, pero no tiene nada que ver.
- Susana: vale, me va a costar entonces, nunca me había planteado que tuviera un padre interior. Cierro los ojos a ver si esto me lo facilita. Soy..., soy el padre interior.
- Senda: ¿cuál es tu función?
- Susana: mi función es dar dirección, fuerza, seguridad y poder a Susana. Pero ella no me deja, cree que no vale, que no tiene fuerza, ni seguridad, y todo eso lo admira en los demás. Pero ¿por qué estas cualidades tienen que ser del padre interior y no de la madre interior o por qué no podrían ser lo mismo?
- Senda: a ver sólo estamos hablando de aspectos internos, simbólicos. Si de lo que estás hablando es de hombres y mujeres, estas cualidades las tienen ambos, pero respecto al trabajo interno se trata de equilibrar las cualidades de la madre interior y del padre interior.
- Susana: ah vale, ya entiendo.
- Senda: y precisamente te has llegado a salir de la voz, así ves tu propio rechazo hacia lo que significa tener esas cualidades.
- Senda: sigamos, puesto que te tiene metido en la sombra, ¿cómo te manifiestas desde ahí?.
- Susana: pues, ¡ya lo tengo!, le hago ser muy crítica con los demás, pero de una forma incisiva y negativa, estoy todo el día diciendo cómo debería ser el mundo y lo que deberían hacer los demás, es la única forma con la que consigo que ella se sienta poderosa en ocasiones, como si estuviera por encima de los demás, y luego vuelve a su posición de inferioridad.
- Senda: ¿por qué no te deja hacer tu trabajo libremente?.
- Susana: porque ella cree que eso de sentir poder y seguridad le va a llevar a ser prepotente y autoritaria y entonces prefiere quedarse con su inferioridad, cree que agachando la cabeza y cediendo mi poder a los demás va a conseguir más aprobación. Luego sufre mucho creyendo que depende de los demás y que ella no puede hacer nada.
- Senda: si te escuchara y te aceptara más, ¿cómo cambiaría su vida?.
- Susana: su vida cambiaría radicalmente, para empezar ya no tendría la necesidad de criticar todo el rato a los demás de esa forma destructiva y dañina, y eso se convertiría en crítica constructiva que sólo ayuda a mejorar, pero no me centraría tanto en los demás, sino en ella, le marcaría la dirección que debe seguir para mejorar en lo que ella quiere. Respecto a los demás le daría firmeza para poner los límites y se defendería a sí misma muy bien cuando lo necesitase. Haría que tuviera seguridad en sí misma, sentiría su poder personal sin necesidad de ser ni más ni menos que nadie. Le ayudaría a cumplir sus sueños. Y ya no tendría tanta necesidad de aprobación de los demás porque yo la acepto tal y como es, es mi única hija y es perfecta para mí y lo será toda la vida, la haría sentir muy querida.
- Senda: vaya qué maravilla, ahora ya no vas a imaginar cómo sería si te dejara hacer tu trabajo, sino que ahora vas a ser el padre interior maduro, sabio e integrado. ¿Quién eres?
Susana: el padre interior maduro, sabio e integrado.....soy, soy, vaya esto es una pasada, casi me dan ganas de estar en silecio, me siento tan bien.....