La felicidad III


Continúo con esta tercera parte hablando sobre la felicidad. En la anterior entrada comentaba el último número de la revista Papeles del Psicólogo, titulado La psicología positiva y sus amigos: en evidencia.

Marino Pérez-Álvarez continúa la crítica hacia la corriente de la psicología positiva, y es que hay un error que suele cometerse y no sólo en esta corriente, y es no tener en cuenta y no honrar los logros y avances ya conseguidos tiempo atrás en nuestra historia de la psicología. Por ejemplo, en este caso, la novedad de esta corriente sería poner el acento en lo positivo como lo saludable,  pero ¿es que antes de la aparición de esta corriente los psicólogos no se preocupaban ya del bienestar de las personas?

Hay una cosa muy positiva y es estar abiertos a la crítica y no justificarse excesivamente con tal de defender este pensamiento pues corremos el peligro de caer en el pensamiento único de la fecilidad.

En las otras entradas sobre la felicidad ya comentaba cómo solemos asociar a este concepto con vivir muy contentos siempre, pero nada tiene que ver con la realidad, en la que si hablamos de felicidad entonces debe ser otra cosa.

Vamos a señalar ahora los perjuicios de sentirse demasiado bien y las paradojas de la felicidad y el lado oscuro de entender el concepto de felicidad tal y como la psicología positiva lo entiende.

Demasiada felicidad tal y como se entiende en esta corriente suele convivir con su lado oscuro, y es que las personas que pretenden estar en ese estado con mucha facilidad pueden:

1. Estancarse en ese estado de bienestar y no seguir desarrollándose.
2.   Tener más conductas temerarias o aventuras mal calculadas.
3.  Caer en un optimismo galopante que puede llevar a querer probar de todo con su consiguiente riesgo.
4.   También puede constituir una condición clínica de hipomanía o manía, con una ausencia relativa de afectos "negativos".

Así vemos que este concepto de felicidad, entendido así,  no es apropiado y adaptativo en todo lugar y tiempo según refiere Marino en su artículo.

Asimismo enumera una lista muy interesante de 8 cosas buenas del afecto negativo:

1. Mejor memoria.
2. Juicios más precisos.
3. Menos credulidad.
4. Reducción de estereotipos.
5. Ventajas motivacionales.
6. Ventajas interpersonales.
7. Mayor justicia.
8. Persuasión más efectiva.

Todo esto fue investigado y estudiado en experimentos y estudios llevados a cabo por Forgas 2013, el cual concluye: "los hayazgos están en marcado contraste con el énfasis unilateral en los beneficios del afecto positivo de la reciente literatura científica así como en la cultura popular." (Forgas, 2013, p. 230)

No obstante hay una cosa en la que no puedo decir que estoy de acuerdo con este artículo de Marino y es cuando dice: "La felicidad infinita predicada por el Dalai Lama seguramente se refiere al mundo imaginado por John Lennon, sin cielo, ni infierno, ni países, todos viviendo el momento, en paz perpetua. 

Y es que desde luego se nota su desconocimiento al respecto, pues no se preconiza ningún estado de felicidad perpetua (y menos tal y como la entiende la psicología positiva) en culturas donde la meditación es una costumbre como lavarse los dientes. En realidad se trata de reducir el sufrimiento gratuito que a veces nos causamos y que son producto de bucles de pensamiento que aprendemos a parar. 


En todo caso la buena costumbre de meditar lo que hace es reducir las defensas inapropiadas y la resistencia excesiva que tenemos a no sentir el dolor inevitable de la vida, y de esa manera se deja vivirlo y sentirlo en toda su plenitud en vez de huir de él. Es así como nos ahorramos mucho sufrimiento del que yo llamo gratuito pero en contrapartida se trata de quedar más al descubierto para vivir la vida más plenamente con todo lo positivo y con todo lo negativo.