Para qué sirven los límites


Me estaba haciendo esta pregunta: ¿para qué necesitamos los límites?, ¿qué sería de nosotros si en nuestra etapa infantil de narcisismo y egoísmo natural nos hubieran dejado hacer lo que nos saliera en cada momento?

Cuando somos niños todas nuestras emociones se expresan, hacemos ensayos en un intento de saber qué hacer con ellas, y nos enfadamos porque no tenemos lo que queremos en cada momento, es un proceso natural que se va regulando, pero ¿y si no lo regulamos enseñando a nuestros hijos que no hay prácticamente límites a su narcisismo?

Entonces pensarán que pueden hacer lo que en cada momento les salga en gana, así van aprendiendo a dejarse llevar por una inmadurez a la que, si no se le pone freno, seguirá hasta la vida adulta. Se centrará en cumplir sus objetivos más narcisistas y no tanto en cumplir sus objetivos más nobles y profundos en los que tienen cabida más personas a parte de uno mismo. 

Pero lo más triste es que además no podrán soportar la frustración procedente de no satisfacer sus objetivos más narcisistas e inmediatos, por tanto, puede esperarles una vida adulta realmente difícil y atormentada, con dificultad para adaptarse al medio que le toque vivir o a los propios sucesos de la vida.

Para mostrar mejor lo que puede pasar si no se ponen todos los límites que sean necesarios, de una forma sana y clara tenemos este decálogo desarrollado por el juez Emilio Calatayud, basado en su experiencia y mostrando una realidad que hoy en día estamos viviendo, conocido por sus sentencias educativas y orientadoras:

Decálogo para formar un delincuente

¿Y en la vida adulta?, ¿para qué quiero los límites?, pues quizá para saber poner límites a los demás y saber empoderarme de mi espacio personal, también para que los demás nos hagan la vida más fácil sabiendo qué quieren y qué no quieren y no dejar que nos confundamos.

¿Y en tu vida para qué te sirven los límites?