Vínculo terapéutico


En nuestro camino por la vida, de alguna manera metafórica o no tanto, vamos buscando o rechazando a nuestra madre, o algo de ese vínculo que quizá no pudo ser o quedó frustrado, y por eso nos pasamos el resto de nuestras vidas proyectando a nuestra madre en las diferentes personas que de forma más íntima se acercan a nosotros.

El terapeuta es una de las personas que más puede simbolizar esa búsqueda o rechazo y quien puede ayudarnos a dilucidar algo más de lo que ya sabemos o hemos experimentado.

Pero todos somos pacientes o clientes potencialmente, porque en algún momento de nuestras vidas podemos necesitar una visión externa y una perspectiva que enriquezca la nuestra para seguir avanzando.

La relación terapéutica consistirá en hacer de espejo y en ayudar a la persona a hablar de sí misma y a elaborar algunas cosas un poco mejor. Pero el terapeuta no necesariamente va a saber mejor que la persona lo que ella necesita, muy al contrario, el terapeuta ante todo debe tener gran respeto por el conocimiento que la persona ya posee de sí misma y por sus propios recursos, y a partir de ahí se hace un acompañamiento para que el avance sea efectivo.

La libertad y la propia sabiduría de la persona deben quedar intactas y es la persona la que elige y sabe qué técnicas le hacen un mayor bien.

Cada terapeuta aplica sus conocimientos a su manera personal, sin embargo, ser demasiado ortodoxo no beneficia, pues puede cometerse el error de creer que las técnicas que provienen de una escuela en particular y que un terapeuta utiliza van a servir a todas las personas. Así se terminan aplicando esas técnicas con calzador hacia la persona, pensando: "si no le encaja, ya le encajará, y si no, el fallo estará en que la persona no está aplicándose bien la técnica o no está aprendiéndola bien". Esto ciertamente puede terminar haciendo daño y creando culpabilidades que antes no existían o agravarlas.

Es realmente fácil y frecuente caer en este error como consecuencia de los adoctrinamientos, a veces, excesivos en algunas escuelas que no son conscientes de las limitaciones de su propia filosofía y quieren vender sus técnicas como una panacea universal y una verdad absoluta. No siendo esto cierto sino que en todo caso cada escuela tiene su propia verdad parcial y su aportación a la psicología pero con sus propias limitaciones. En la práctica clínica se requiere de una apertura y sentido de investigación por parte del terapeuta, pues la realidad es mucho más compleja de lo que haya podido estudiar en ningún libro y siempre debe estar cuestionándose de una forma sana si está acertando como profesional o no.