Escasez o abundancia


Anoche tuve un sueño, tenía a un bebé cogido en mis brazos, su cabeza tocaba la mía, mejilla con mejilla, había gente alrededor pero nadie se daba cuenta de que él estaba allí. Entonces supe que tenía sed, acerqué un vaso lleno de agua y lo bebió como si hubiera sido la primera vez, como si con ese agua hubiera revivido. Me di cuenta de que el bebé hasta entonces había estado aletargado, como inexistente, como si no se hubiera dado cuenta de que estaba vivo hasta que bebió.

Enseguida sonó el despertador y me dispuse a prepararme para ir a la facultad. Nada de lo que hacía fue pensado conscientemente, ni la ducha, ni el desayuno, ni la ropa que elegí para vestirme, porque sólo podía pensar en el sueño, sólo podía sentirlo, es como si yo fuera la que acabara de beber por primera vez en mi vida, como si de no ser vista por nadie hubiera pasado a ser vista, como si de no sentirme querida de repente hubiera descubierto una fuente de amor que nunca se agota, la mía propia...

En realidad yo era el bebé y mi mente debió utilizarlo como un desplazamiento de mí misma, o eso es lo que nos enseñan en la falcultad, en la asignatura de Técnicas de Psicoterapia, como hay muchas cosas que están en nuestro inconsciente pues aprovechan para salir en nuestros sueños, pero algunas aún no nos atrevemos a reconocerlas y necesitamos actores que hagan nuestro papel. A pricipios de curso pensaba que eso eran tonterías pero va a ser que funciona verdaderamente así. Y ahora que lo pienso decían que el agua suele ir asociado a las emociones y eso también tiene sentido en mi sueño.

Salí de casa ya apurada de tiempo pero no dejaba de pensar en ello. Realmente vivimos con lo que conocemos, podemos estar aletargados en nuestras vidas, sobre todo porque no conocemos otra forma de vivir, o podemos estar viviendo casi sin sentir el afecto y no enterarnos, pues no conocemos otra forma de sentir. Podemos estar creyendo que debemos tener a buen recaudo nuestro afecto, no sea que nos quedemos sin nada, con el trabajo que nos había costado conseguir ese, que debemos guardarlo para no gastarlo,  no sea que nos hagan daño al enseñarlo.

Es como si vivir en esa escasez llamara a más escasez, como si se multiplicara por momentos, como vivir casi asfixiado con lo justo, por si acaso luego no hay. Eso es realmente vivir en un sueño, el que nosotros mismos nos hemos creado, pero afortunadamente falso... Sin darme cuenta estaba diciendo estas palabras en alto antes del comienzo de la clase cuando al mirar a mi compañera me dijo: "pues falso no es que has venido en zapatillas de estar por casa".

Sí... pasé mucha vergüenza, pero no cambiaría mis reflexiones y descubrimientos, porque lo que en realidad todos buscamos es amor, que nos vean, que nos presten atención, que nos acepten, que nos den afecto y poder hacer nosotros lo mismo sin ningún miedo. 

Porque lo más asombroso es que el amor nunca se puede acabar, y no me refiero al amor romántico, sobre lo que nos han metido bastante mierda en la cabeza, sino al amor hacia mí misma, hacia los demás, hacia la conservación de la Tierra y de nuestra especie, y también se multiplica por momentos, con el único límite que es hasta donde nos permitamos sentirlo.

Y si nos quejamos de no estar recibiendo el suficiente amor de los demás siempre nos tendremos a nosotros mismos con nuestra fuente inagotable de amor, con la que también podremos entender el miedo de los demás a darlo.