Optimismo


El optimismo es la predisposición a tener expectativas de que el futuro irá bien en general, a pesar de contratiempos, dificultades y frustraciones. Así es que está relacionado con tener expectativas favorables sobre lo que va a ocurrir.

Un optimismo sano y realista es el que no niega las dificultades ni mira para otro lado si se habla de la parte negativa o los riesgos sobre algo, sino que muy al contrario se abre a un sano escepticismo e investiga sobre los riesgos y lo que puede suceder negativo, precisamente para evitarlo en la medida de lo posible y realmente poder esperar esos buenos resultados.

En ocasiones ocurre que nos mostramos pesimistas, es decir, con unas expectativas negativas sobre lo que va a ocurrir pero sin fundamento, aquí está la clave. Pero incluso cuando unas expectativas negativas tienen fundamento en la realidad, esto no es más que una porción de la realidad, no toda.

Lo explico más detalladamente. Cuando aplico una visión reduccionista en la que me fijo en las cosas negativas que me han pasado puedo terminar concluyendo que toda la realidad es así, en todo caso puede ser una parte de mi realidad, pero no sería más que mi realidad, mi pequeño micromundo, que corresponde a mi círculo de personas con las que me relaciono, a las cosas que me han pasado en mi vida y a mi generación.

Sin embargo, si aplicamos una visión más amplia, la perspectiva cambia mucho, puedo recoger diferentes experiencias de vida de diferentes personas de mi generación y también de otras generaciones, incluso de otras culturas, entonces puedo tener una mirada más real, con lo bueno y con lo malo.

Precisamente hay una persona que se ha dedicado a recoger y compilar datos y experiencias individuales y también de diferentes culturas hasta que ha creado un modelo integral con el que se pueden explicar fácilmente muchas cosas. Este autor es Ken Wilber, quien habla de una antropología integral, es decir, una manera de entender al ser humano en la que se toman en cuenta tanto los logros de cada etapa como las trampas de cada una de ellas.

Y es que si nos fijamos en la evolución colectiva de las sociedades, desde la recolectora, hortícola, agraria e industrial, hasta la postmoderna en la que nos encontramos, y teniendo en cuenta la evolución individual desde lo arcaico-instintivo, mágico-animístico, mítico, conformista, logro científico hasta el ego sensible y el integrador, no encontramos más que evolución y mejora, por supuesto teniendo en cuenta el costo que significa este aprendizaje, por ejemplo destrozar bosques y contaminar ríos para que ahora la vanguardia en las empresas sea tener como uno de los objetivos prioritarios el no tirar líquidos contaminantes al río.

De la misma forma en lo individual de nuestras vidas aprendemos equivocándonos. Por tanto lo que yo haya sufrido desde mi pequeño micromundo es mi realidad, describo una porción de mi realidad y de la amplia realidad en la que estoy incluida. 

Pero por muy negativas que sean las cosas que me hayan ocurrido,  este hecho no hace que desaparezca todo lo positivo, puedo empeñarme en no verlo, pero eso no cambia la realidad, y cuanto más amplia sea mi mirada, más porción de la realidad veré, con lo bueno y con lo malo. Lo más importante no es cuantificar cuánto hay de bueno y cuánto de malo para ver si tengo razón en mi mirada pesimista u optimista, sino el poder incluir y trascender esta dualidad en una perspectiva mucho más amplia y que recoge más porción de la realidad.

En esta visión más amplia podemos tener en cuenta a muchas más personas, desde mi perspectiva e intereses incluyendo también los intereses de los demás, cuantas más personas incluya mejor, hasta que la preocupación sincera sea por el bien común de todos.

Y ¿acaso no es esto esperanzador? ¿saber que tenemos la capacidad de evolucionar hacia una mayor consciencia?