Falta de atención



Cuando tienes un sueño o un deseo en tu vida pueden existir muchas cosas que te bloqueen en su realización. En primer lugar hay que asegurarse de que esté dentro de unos límites realistas, es decir, yo no puedo pretender trasladarme ahora mismo a la luna. En segundo lugar hay que hacer una buena planificación y dividir la accción racionalmente en pasos que se pueden llevar a cabo sin dejarte la salud en ello. 

A partir de aquí, si no te sientes capaz de continuar, es porque algo está bloqueando tu impulso y tu ilusión de realizarlo, puede ser por miedo, por sentimientos de poca valía, por la creencia de que "yo no puedo", o porque hay personas en nuestra vida a las que le damos el poder de obstruir este camino que es nuestro. Entonces comenzamos a aplazar el proyecto o a dedicarnos a otras cosas o a acomodarnos en lo que ya conocíamos y desistimos en nuestra empresa.

No seguir persiguiendo nuestro sueño tiene un coste aunque no lo veamos, pues es algo que seguimos queriendo hacer pero se ha frustrado su realización. Esto se convierte en enfado, muchas veces hacia los demás pensando que son los demás los que no nos han dejado cumplir nuestro sueño, cuando en realidad somos nosotros mismos los que hemos permitido eso. Por ello, en realidad, el enfado es contra nosotros mismos aunque no lo sepamos pero nos dedicamos a culpar a los demás.

Y por esta razón la emoción del enfado tiene tan mala prensa, lo tenemos asociado a una conducta no aprobada socialmente, pero en realidad, muchas veces, no es más que un impulso o un sueño al que hemos dejado cortar sus alas o se las hemos cortado nosotros mismos y es en ese momento cuando más expresamos el enfado de una manera desmesurada, quizá contra quien no tiene nada que ver y fuera de lugar. Este es el comportamiento que tenemos asociado al enfado y por el que tiene tan mala prensa. Pero ¿por qué no lo volvemos a redescubrir con todo su potencial, le prestamos atención y lo iluminamos?