La evasión a través de la ayuda

 

Cuando queremos ayudar a nuestros hijos o a los demás, muchas veces, supone cierta obsesión, de manera que nos resulta primordial para nosotros ofrecer esa ayuda y que sea tomada, tenga su efecto y sea agradecida, sin embargo, es la mejor manera en la que nuestra dependencia toma forma, es el síntoma que nos hace tomar consciencia de que estamos huyendo de nosotros mismos. Así termina siendo una ayuda no sincera, que poco efecto puede tener en los demás, o suponer un obstáculo más que una ayuda, y encima no va a ser agradecida. De esta forma nos alejamos de conectar con nuestras propias necesidades y además obtenemos mucho sufrimiento.


La crisis y el cambio



Cuando detectamos en nosotros un desacuerdo interior se trata de que una parte de nosotros piensa o siente o hace una cosa y otra parte de nosotros otra cosa diferente u opuesta. Esto crea un gran malestar, sin embargo, así como en las relaciones de pareja es inevitable y hasta necesario este fluir entre las diferencias y acuerdos que devuelven el equilibrio, en el interior de uno mismo también se puede llegar a negociar entre las diferentes partes en conflicto, y justo esto es lo que nos lleva a aprovechar cualquier conflicto interno o crisis, de otra manera habrá resistencias al cambio y habrá una cierta excisión entre esas partes. En este caso la terapia puede adquirir una importancia clave pues el terapeuta se convierte en el mediador del conflicto.


¿Nos vemos reflejados en el sufrimiento de los demás?



Cuando pensemos u observemos a personas que están sufriendo o que padecen ansiedad, estrés, depresión o cualquier otra dificultad o problema psicológico, haríamos bien en observarlo pero no desde la distancia sino desde la cercanía de sabernos hechos de una misma pasta y tomar consciencia de hasta qué punto, aunque sea de forma más moderada, encontramos eso mismo en nosotros.


¿Somos realistas respecto a lo que podemos o no controlar?



En el camino de nuestra vida son muchos los sucesos que no están bajo nuestro control o que lo están sólo de forma limitada, y esto casi siempre es muy poco agradable. Nuestra aversión a lo "incontrolable" es tan fuerte que normalmente optamos por desvalorizar los factores que son independientes de nuestra intervención y, sin embargo, nos atribuimos un poder de control superior al real. Esta situación puede distorsionar de tal forma la realidad que prestemos demasiada atención a los factores que no controlamos, pero que tenemos la creencia de poder controlar, y descuidar nuestra atención hacia los factores que sí podemos controlar de nosotros mismos. Esto finalmente crea un círculo vicioso que nos causa sufrimiento y nos quita capacidad de control para lo que sí podemos controlar y también nos quita capacidad de aceptación para lo que es inevitable.