La escucha activa



Después de pasar considerable vergüenza y algunas miradas sospechosas hacia mí, al final de la última clase de la mañana, en Psicología Experimental, y gracias a mis tripas, lo único que podía experimentar era un hambre atroz. 

Salí la primera y comencé a trotar camino de la cafetería cuando una voz dijo mi nombre, miré hacia atrás y era María, mi compañera de clase con la que intercambiaba apuntes y experiencias. La esperé a duras penas y nos dirigimos a comer algo.

Por fin vino mi sándwich vegetal y comencé a comer mientras trataba de aplicar con María lo aprendido en clase sobre la escucha activa. Empezó a hablar de sus preocupaciones del fin de semana y yo la miraba fijamente a los ojos mientras daba buenos bocados a mi sándwich. De vez en cuando le decía: "ahá, claro...". Sin embargo, no podía evitar que me vinieran un montón de pensamientos a la vez. Lo que me contaba me resultaba parecido a cosas que a mí me habían pasado y entonces se me activaban una serie de pensamientos, emociones y voces contradictorias:

- Aquello que hiciste no estuvo bien, tienes que aprender a ser más comprometida con los demás.
- Pero si ya eres muy comprometida, lo que tienes que aprender es a decir "no".
- Va, ya estás con tus tonterías, eso no te llevará a ninguna parte, será mejor que atiendas a tu compañera o no te enterarás de nada y luego a lo mejor te pregunta algo.

Esto último pareció convencerme más de manera que pude escuchar cómo había cambiado de tema por un momento para contarme un cotilleo:

- ¿Sabes lo último que le pasó a Marisa hoy?, acuérdate que no vino a clase, pues bien, resulta que se prestó como modelo para los de aquí al lado y así poder ganar un dinerillo. Estaba ella tan confiada posando para los alumnos de Bellas Artes, que la estaban pintando, cuando entra el profe de Psicopatología para que le prestaran un material audiovisual. 

Me quedé con un trozo de lechuga en mis labios sin saber qué hacer ante tanto estímulo interno y externo, hasta que logré tragarlo y pude soltar una carcajada.

- Marisa se puso colorada como un tomate y sin poderse mover viendo cómo el profesor la había reconocido, ante lo cual él, observando lo mal que ella lo estaba pasando dijo: "nada, eso es naturalidad, la belleza es la belleza, eso es muy sano", y salió deprisa del aula para evitarle un mayor perjuicio a la circulación acumulada en su cara.

Eso me relajó un poco para seguir escuchándola sin que mis pensamientos me interrumpieran pero cuando retomó la conversación de antes no pude evitar que volvieran otra vez los pensamientos en conflicto:

- ¿Ves como no sabes escuchar?
- Anda... atiende para que luego sepas qué decirle.
- ¡Pero es que si no os calláis todas no habrá manera de escuchar nada!
- Y digo yo: ¿Quién está hablando? ¿Quiénes sois?
- ¿Y tú, quién eres?
- Va, ésta ya ha vuelto a fumar, así no se puede hacer nada.

De repente tuve la sensación de que estábamos hablando más de dos personas en esa conversación. Me pregunté si a ella le pasaría lo mismo. Pero entonces ¡seríamos aún más!, ¿al final cuántos estaríamos hablando? y además ¡todos sin ponernos de acuerdo!.

Con esa misma confusión volvimos a la clase de la tarde. Al lado de mí se había sentado un compañero que tenía un libro encima de la mesa, la curiosidad me pudo y lo tomé prestado por un momento. Era de Jung, Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis y posteriormente pionero de la psicología profunda. Tuvo una gran influencia en la corriente del pensamiento humanista. Eso decía en la tapa, y después de pasar algunas hojas leí:

" La actualidad demuestra con notoria claridad lo poco que las personas tienen en cuenta los argumentos ajenos, aunque esa capacidad sea una condición fundamental e indispensable de cualquier comunidad humana. Éste es un problema básico al que se verá obligado a enfrentarse todo aquél que pretenda llegar a un acuerdo consigo mismo. Porque la magnitud de su negación del otro constituye un claro reflejo de la negación del "otro" interno que hay dentro de si...y viceversa. La capacidad de emprender un auténtico diálogo interno es la piedra de toque de la objetividad exterior (citado en Knox, Developmental aspects of analytical psychology: New perspectives from cognitive neuroscience and attachment theory,
2004, p.78.)."

Con esto ya sólo me quedó agachar la cabeza y escuchar la clase como pude, agradeciendo que fuera la última clase del día para poder refugiarme cuanto antes en casa y esperar a la noche para tener dulces sueños en mi cómoda cama y así parar un poco mi cabeza.