Cómo afrontar una separación


Es como si alguien me hubiera robado el corazón, como aquel globo que salió volando hacia el universo para nunca más volver. Me viene a la mente cuando iba a la feria de pequeña, toda la ilusión con la que sostenía mi globo se iba casi sin darme cuenta ante un descuido. Comentaba Gema en aquella sesión de terapia de grupo.

Bueno Gema al menos yo creo que es una suerte que estemos aquí compartiéndolo, porque esas grandes desilusiones y decepciones siempre terminan por superarse de una forma u otra. No sé cómo pero siempre tenemos sitio para más dolor en nuestro corazón. A no ser el que haya decidido no vivir más el amor, entonces estás muerto en vida. A Raquel le encantaba llamar a las cosas por su nombre, por muy mal que sonaran y eso hacía, mientras tenía la mirada perdida hacia el suelo.

Mirad yo he decidido no sufrir más y creo que puedo encontrar a alguien con quien jamás tenga discusiones. Dijo Armando con mirada inquisitoria.

Ante esto las mujeres del grupo miraron a Armando con incredulidad. Te voy a decir una cosa Armando, dijo Laura, si crees que la solución es no discutir nunca creo que vas a acumular mucha porquería debajo de la alfombra. A lo que Armando contestó: "no tengo alfombra, no hay problema".

Pero todos callaron cuando oyeron sollozar a Cecilia, ¿qué te pasa? preguntaron. Cuando Cecilia pudo recomponerse trató de explicarse. Lloro porque creo que ya a mi edad y con dos niños no voy a poder encontrar pareja y me voy a quedar sola.

Mirad, dijo Raúl, yo creo que eso es algo que muchos solemos pensar a estas edades, pero es que no somos ancianos hombre, y aún así también los ancianos se emparejan. Pero la cuestión es que si ahora tenemos más experiencia y sabemos lo que queremos y lo que no, entonces lo que es más difícil es meter la pata de nuevo, aunque también para eso seguimos siendo jóvenes.

Todos rieron y el ambiente se relajó, Cecilia había dejado de llorar.

Bueno, comentó el psicólogo del Centro de Salud, hoy me ha parecido una sesión de terapia de grupo muy interesante y me siento muy satisfecho de que hayamos conseguido, entre todos, su implantación por fin en los centros de esta ciudad. Ciertamente creo que sufriendo el duelo de una separación se suelen tener una serie de pensamientos irracionales, por miedo a la soledad. Pero, como bien dice Raúl, a ciertas edades se está en mejor disposición de saber relacionarse con los demás, después de todo lo aprendido. El próximo día nos vemos aquí a la misma hora y seguiremos compartiendo experiencias y aprendiendo unos de otros, muchas gracias por venir.

Algún día estará mucho más normalizada y generalizada la terapia de grupo en los Centros de Salud o eso espero. Después de este relato os dejo la última entrevista que el Doctor Alain Fernández me hizo en +Dehoynopasa TPA sobre cómo superar una separación.




Redes sociales en soledad


Tengo a golpe de click demasiadas cosas, todo rápido, instantáneo, detrás del ordenador, parece que lo tengo todo y, sin embargo, sigo sintiendo soledad.

Cual botella de náufrago lanzamos miles de mensajes al ciberespacio para ser escuchados. Como si aquí no me pudieran escuchar, ¿será quizá que no nos escuchamos? Nos tenemos tan cerca que no nos vemos, ni a nosotros ni a los demás, quizá sea esto.

Puedo hablar con 5 personas a la vez, lo que me permitan la rapidez de mis dedos tecleando, lo que permita mi agilidad mental, lo que permita la no profundidad de cada conversación mantenida.

Detrás del ordenador o del móvil podemos imaginar muy diferentes tipos de personas, pero con más seguridad, cuantas más horas transcurran detrás de la pantalla ¿podría ser proporcional con el sentimiento de soledad o de vacío? Puede que estemos huyendo de la soledad de nuestra vida, o bien puede que nos estemos adentrando en la soledad de las redes. 

Si puedo estar hablando casi con quien quiera detrás de la pantalla ¿para qué voy a ir a una cafetería? Y si voy a la cafetería, me encuentro a todo el mundo mirando a la pantalla, comunicándose con el que está delante y 4 más en el chat. O bien puedo ser educada, dejarlo para más tarde y mientras mantener una conversación entretenida, profunda o simplemente sincera y honesta. Incluso no se me había ocurrido que también puedo mantener conversaciones honestas en las redes.

Constantemente estamos esperando ese refuerzo que son las palabras, la esperada comunicación, cuanta más comunicación parece que mejor. Pero ¿nos estamos perdiendo en la cantidad, en la inmediatez, en el egocentrismo y narcisismo? ¿En qué nos estamos perdiendo?

Quizá estamos en esas primeras etapas, aprendiendo a manejar este mundo con tantas opciones y tan hiperestimulado. Tan enorme libertad hemos construido que no sabemos qué hacer con ella y, muchas veces, aparece el hastío, el aburrimiento, la saturación, la falta de valoración de las pequeñas cosas de nuestra vida y, por tanto, la infelicidad.

Con suerte esta infelicidad no te causará grandes daños, o no aparentemente. Quizá no sufras de ansiedad, ni de depresión, ni de cualquier otro mal que se pueda diagnosticar con el libro de cabecera de trastornos mentales (DSM IV). O bien ¿este aparente silencio es peligroso, como gripe que cursa sin fiebre?

Qué pasa si no tengo ningún problema pero en realidad los tengo todos, qué pasa si sufro de infelicidad y ni siquiera puedo ponerle nombre, al menos para ser comprendida por un médico que me diga: "tiene usted ansiedad" o "tiene usted depresión".

No sé si prefiero que mi cuerpo y mi mente me pongan un tope, me avisen de que algo va mal con diferentes síntomas, pues si no, ¿cómo curo mi infelicidad?

¿Me he encargado yo de programar la química de mi cerebro de infelicidad haciendo un mal uso de mi acceso a la libertad con las tecnologías, entre otras cosas?

Me pregunto si somos conscientes de cuánto poder tenemos para cambiar la química de nuestro cerebro, tanto para bien como para mal. Y si somos conscientes de cómo la química que tengamos en nuestro cerebro puede afectar a los demás. Pero primero hay que preguntarse si uno tiene conciencia, hay quien no la tiene.

¿Realmente queremos comunicarnos o preferimos crear una imagen maravillosa para enseñarla en las redes sociales, ser vista y admirada? Tengo la oportunidad de ocultar para siempre todo lo que en mí no me gusta gracias a las redes sociales, pero ¿podré comunicarme de verdad si antes me he deshecho de todo lo que no me gustaba de mí? ¿seré yo realmente la que se comunica o será la imagen idílica que he creado de mí?

Estamos quizá embarcándonos en un estilo de vida narcisista. El narcisismo humano difiere en las distintas culturas. En las culturas colectivistas, como en Japón, el líder se siente satisfecho de poder ayudar a la evolución de su grupo. En las culturas individualistas, como en Norteamérica, el líder se siente satisfecho de poder ayudarse a sí mismo. 


Es curioso cómo el trastorno narcisista de la personalidad no estaba incluido en las primeras clasificaciones de trastornos mentales en EEUU, lo que parece indicar que es una expresión típicamente norteamericana.

¿Podemos crear una sociedad en la que cada uno sea responsable y se preocupe de sí mismo con el fin de al menos no entorpecer, poder contribuir al grupo y ayudar a los demás? 

Para todas estas cuestiones morales en las que nos adentramos, te invito a ver este vídeo del programa REDES: "Principios morales universales".

Cómo se relaciona un psicópata



"El torturador se equivoca porque cree no participar en el sufrimiento, el torturado se equivoca porque cree no participar en la culpa". Shopenhauer.


Atrapa mi atención poder conocer diferentes puntos de vista, diferentes culturas, diferentes carácteres, diferentes formas de pensar, de sentir, de ver la vida, funcionamientos personales diametralmente opuestos. Es fascinante ver la gran diversidad de maneras de vivir la vida.

Sin embargo, hay unas formas más comprensibles que otras, y unas menos peligrosas que otras. La psicopatía es una forma de entender la vida bien diferente del que no la padece. Pero hablando de padecimientos, precisamente no es el psicópata el que sufre, los que padecen son los que entran en relación con él.

Cómo se desarrolla una psicopatía


Dentro de lo que se llama trastorno antisocial de la personalidad existen dos categorías diferentes: la psicopatía y la sociopatía.

La sociopatía: se trata de individuos que nacen con un temperamento normal pero que no tienen adquiridos los atributos socializadores a consecuencia de una crianza negligente o ineficaz por parte de los principales agentes de socialización, los padres.

La psicopatía: se expresa con tendencias innatas estructurales y funcionales producto de una anomalía en el cerebro (entre la parte responsable de los sentimientos como la culpa y la empatía y la amígdala que se relaciona con la ansiedad y el miedo) dificultando la socialización cuando se encuentran en edad de crecimiento. 

Cómo cumplir mis sueños y la psicopatía


Todos tenemos sueños que cumplir, nos mantienen vivos, son nuestras metas y objetivos. Necesitamos un motor para sentirnos motivados, para ver el sentido a nuestras vidas, para disfrutar, unas veces haciendo cosas y otras descansando sin hacer nada.

Ese gran arte de disfrutar de no hacer nada quizá está destinado a unos pocos, o a los valientes que se enfrentan a sus miserias sin problema, que se enfrentan a los muertos de su armario, a lo que a uno le avergüenza de sí mismo y que no es más que bendito tesoro en realidad, las propias limitaciones que le hacen a uno humano.

Cómo puedo cambiar mi estado de ánimo y el running


Era una mañana algo extraña, bueno muy extraña, pero sabía que tenía que correr.
Eso se dijo Senda mientras desayunaba para no desfallecer. Ya no era una adolescente y sabía muy bien que si quería sentirse bien debía trabajárselo, tenía que hacer algo, y decidió correr.

A cada paso que daba los pensamientos se iban colocando en su cabeza. A cada paso una nueva y clara reflexión de aquella nueva etapa. A cada paso otro sentimiento a dejar sentir libre por el cuerpo para que así lo pueda ingerir, masticar, degustar, hacer la digestión y nutrirse con él. 

Disfrutar de las vacaciones


Es curioso porque hacer una entrada de blog para hablar de cómo disfrutar de las vacaciones resulta un poco paradójico. Cualquiera puede decir: 

- "¿Es que hace falta aprender eso? si es muy fácil, si me dan vacaciones ya verás cómo las sabré aprovechar."

Puede ser, pero lo que es cierto es que no todas las formas de vivir las vacaciones valen para todo el mundo y, además, a muchas personas les ocasiona verdadero estrés, muchas cosas que echar en la maleta, los niños, la suegra, el suegro.... Y una exigencia alta respecto a que hay que pasarlo muy bien, tienen que ser las vacaciones de tu vida. Se pone el listón tan alto, que así es difícil relajarse y disfrutar. Digamos que has terminado obligándote a pasarlo bien y eso no suele funcionar.

Cómo desarrollar mi intuición


Hoy quiero hablarte de un libro que estoy leyendo: Inteligencia intuitiva, quiero presentarte al autor: Malcolm Gladwell.



Una de las cosas que más le gusta a este autor es la investigación académica de sociología y psicología, lo que sustenta buena parte de su trabajo y suscita muchas polémicas pues se inclina a resaltar las excepciones más documentadas a las reglas de la opinión general.

Por qué tu hijo no quiere jugar con muñecas


Conocí a una mujer que le encantaban las diferencias existentes entre entre hombres y mujeres y sabía que aquello era una gran oportunidad para aprender de lo mejor de forma recíproca en las relaciones.

Enseñar a los niños a gestionar sus emociones: la felicidad



Sólo la palabra felicidad suscita emociones. Unas personas aspiran a ella pensando que es algo que pueden conseguir, otras en cambio no aspiran a ella porque piensan que es algo que no pueden conseguir. Depende de cómo definamos el concepto de felicidad tendremos unas creencias sobre ella u otras.

Enseñar a los niños a gestionar las emociones: el miedo


"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender". Marie Curie.

El miedo al miedo es lo que más problemas nos causa, conocerlo lo solucionará.

Solemos decir: "no tengas miedo", sin embargo, muchas veces, eso es como decir: "no tengas frío" en una noche gélida de invierno en la que nos falta el abrigo.

Enseñar a los niños a gestionar las emociones: el enfado


El enfado tiene muy mala prensa. Nadie querría tenerse que enfadar y quizá quedar mal con una persona, o sufrir su rechazo.

La aceptación de los demás es algo que todos buscamos de una manera u otra y resulta muy frustrante encontrarse con el rechazo. La frustración podemos sentirla cuando nuestros objetivos se ven truncados.

A unas personas el rechazo les hace sentir abandonadas, a otras con poca valía, otras en cambio sienten que el mundo está contra ellas. Pero el caso es que a todos nos afecta y por eso suele existir una huída ante esta emoción. 

A veces preferimos aguantar ciertas cosas antes de que a la otra persona le parezca algo mal. En ocasiones, esta situación es perfecta para alguien, pues logra aprovecharse para conseguir del otro lo que desean, abusando así de su confianza.

Y es que en todo esto hay una cosa clave y es si hemos aprendido dónde están los límites. ¿Dónde termina tu libertad y dónde comienza la del otro? Este es un tema realmente interesante y que va unido inevitablemente con el propio desarrollo moral de la persona.

Es muy importante que cuando somos pequeños nos den seguridad transmitiéndonos claramente lo que podemos hacer y lo que no debemos hacer. De esta manera es como aprendemos a poner límites a nuestro narcisismo en favor de una buena convivencia, así nos están enseñando a respetarnos a nosotros mismos y a los demás.

Los niños hacen ensayos con sus emociones y con el narcisismo natural que conlleva su edad, si no perciben límites, de adultos creerán que se lo merecen todo y sin hacer ningún esfuerzo, que el mundo estará a sus pies. Entonces, al comprobar que no es así, la frustración puede ser enorme y se puede hacer insoportable tolerarla.

El autocontrol sólo puede conseguirse si primero hemos aprendido a darle un espacio seguro a nuestro enfado. Una forma de darle espacio al enfado de nuestros hijos es dejando que lo exprese, siempre que no sea de forma perjudicial para él o para otra persona. Hay que transmitirle que es natural que lo sienta, que está muy bien que lo exprese, pero hay que enseñarle los límites que debe tener la expresión de ese enfado.

Una de las cosas que más se utiliza en las escuelas que ya ponen en práctica la gestión emocional es el rincón de la furia. Es algo que podemos llevar a cabo en casa. Se trata de crear un lugar en la habitación del niño donde pueda expresar su enfado. Colocar algunos cojines vendría bien, por si necesita tirarlos al suelo con fuerza, si siente en alguna ocasión mucho enfado. Este rincón debe tener también un sitio cómodo donde poder sentarse o tumbarse para relajarse una vez desahogado el enfado.

Por otra parte, también debemos escuchar el mensaje que tiene el enfado para nosotros. Puede que necesite hacer o decir algo a alguien y, hasta que no se lleve a cabo, ese enfado no parará. Si no dirigimos ese enfado a quien le corresponde, corremos el peligro de dirigirlo a otras personas que no se lo merecen, o bien, irá hacia nosotros mismos como un boomerang, y debemos tener en cuenta que nosotros somos nuestros peores enemigos.

Cuando hemos practicado la tolerancia a la frustración estamos más preparados para aceptar nuestras propias limitaciones o las cosas que en nuestra vida no salgan como nosotros queremos. De esta manera aprenderemos a tener resiliencia, que es la capacidad de superar circunstancias difíciles o traumáticas, saber sobreponerse ante las adversidades. 

Realmente el enfado, bien gestionado, conlleva ese gran potencial que llevamos dentro todos. El enfado es el impulso que nos lleva a saber defendernos, a poner límites adecuados a otros para que no nos hagan daño. Pero también nos permite otras muchas cosas que no suelen asociarse al enfado. Y es que gracias a este impulso podemos conseguir una dirección en nuestra vida. Es ese motor que nos lleva a decir lo que necesitamos decir, o hacer lo que necesitamos hacer. Por ejemplo, nos lleva a desarrollar nuestro potencial personal y profesional, nuestros deseos y sueños. Gracias al enfado bien gestionado creamos nuestro propio entorno.

Así vemos cómo el enfado puede ser destructivo o constructivo. El destructivo es el que crea problemas y el constructivo es el que los resuelve. ¿Te atreves a escuchar a tu enfado, tomar las riendas de tu vida y resolver los problemas que se te pongan por delante?

Siempre me gustó este pequeño diálogo que decía: 

      -"¿Y tú qué tomas para ser feliz?"
      - "Yo decisiones."


Enseñar a los niños a gestionar las emociones: la tristeza


Con mucha frecuencia, problemas de ansiedad y depresión que veo en mi trabajo, se terminan solucionando comprendiendo y experimentando cosas de uno mismo, así de sencillo y difícil a la vez. Es un trabajo laborioso en el que hay que poner mucho cariño y paciencia.

Nos da mucho miedo caer en una depresión y pensamos que si nos dejamos sentir la tristeza no vamos a parar de llorar y caeremos en un pozo sin fondo. Y entonces empezamos a presionarnos para estar alegres. De esta forma puede que la tristeza se instale en nosotros más tiempo del deseado, porque la estamos rechazando, y a ninguna emoción le gusta que se la rechace.

Todo tiene su tiempo y su momento. Es normal que nos exijamos algo más si creemos que llevamos mucho tiempo instalados en la tristeza, pero si lloramos mientras otra voz en nuestro interior nos está reprochando por ello, entonces no vamos a avanzar mucho.

Se suele pensar que si se deja a la tristeza libre, entonces te va a secuestrar, pero recuerda, si te secuestra quiere decir que no has podido actuar con libertad ante ella, no nos engañemos, no le hemos dicho: "pasa y secuéstrame, te doy permiso". Cuando de verdad elegimos nosotros y le damos permiso para que se exprese es cuando podemos gestionarla, y siempre aparece después la calma y sensaciones agradables.

Te invito a imaginar la siguiente situación. Hay un niño o una niña enfrente de ti, que está sintiendo justo esa tristeza.

Imagina qué harías para que ese niño pueda calmarse. Puede que la primera tentación sea decirle que no llore, que no tiene motivos, que se sienta alegre, e incluso intentamos presionarle un poco para que haga ese cambio ya. Quizá somos nosotros los que nos sentimos incómodos ante su llanto, sin saber qué hacer.

¿Cómo crees que ese niño se sentiría? pues si para él existe una sola razón para estar triste, lo va a sentir, a pesar de lo que le digamos, e incluso puede que se sienta mal y culpable al mandarle el mensaje de que no debe sentirse así.

¿Qué ocurriría si le preguntamos qué le pasa y dejamos que se explique? seguro que se sentiría algo mejor. Si le escuchamos atentamente y además le hacemos saber que le entendemos, incluso si le transmites que si tú estuvieras en esa situación te sentirías igual, sería bien diferente. ¿Qué efecto crees que tendría esto en él? Si además dejamos que llore y permaneces tranquilo a su lado, estarías acompañándole realmente. Él se sentiría libre para llorar. Estaría aprendiendo a dar un espacio a su tristeza, a sentirla y a experimentar para qué puede servir o qué puede hacer con ella. Esto será de crucial importancia para su vida de adulto.

Solemos pensar que el problema es sentirse mal, pero no, sentirse mal en ocasiones es parte de la vida misma y algo adaptativo, pero lo fundamental es al actitud que tomamos ante cada emoción, como si de un trabajador de nuestra empresa se tratara y nosotros fuéramos el jefe. 

¿Crees que ese niño necesitaría llorar durante meses para dejar de sentirse triste? pues no, realmente lo que ocurriría es que necesitaría mucho menos tiempo si siente libertad para expresarse. Entonces antes de lo que pensamos, acompañado de un gran alivio, aparecerá su opuesto, la alegría.

Pero no sólo es importante cómo tratemos la tristeza de nuestro hijo, sino también nuestra propia tristeza, servimos de modelo para ellos, y con nuestro comportamiento es con lo que más aprenden. 

En ocasiones y con el estrés del día a día no atendemos nuestro interior, pensamos que no necesitamos nada, pero puede que dentro haya algún "niño" deseando que se le escuche.

Nunca se me olvidarán esos momentos emotivos en los que tengo el honor de ser partícipe en mi consulta, madre e hija se dan cuenta de que estaban ocultando su tristeza creyendo que se harían daño si la mostraban, y en ese preciso momento, al compartirla, sintieron más que nunca que las unía en un llanto de emoción, compasión y alegría.

Por tanto el aprendizaje empieza en ti. Ahora la pregunta sería, tú como adulto ¿qué haces con tu tristeza?

Si quieres enseñar a tu hijo a manejar las emociones tienes que empezar por ti. Aquí estoy para cualquier duda, buen viaje.


Cuentos terapéuticos


¿Recuerdas aquella sensación cuando alguien te contaba un cuento? de repente te zambullías en la historia deseando saber qué dilema era el que tenía el protagonista y cómo lograba solucionarlo. 

Tu atención se quedaba pegada a las palabras, como si hubiéramos untado mantequilla en una tostada y luego le hubiéramos echado mermelada, la degustamos dando pequeños bocados de imaginación.

Nuestra atención absorta se adentra en un estado de trance hipnótico que conecta directamente con la esencia de la vida.

Todos tenemos ciertas resistencias ante los nuevos aprendizajes, pero una historia hace que el mensaje vaya directamente al corazón y por eso los cuentos son una herramienta con enormes posibilidades terapéuticas. 

Entre sus muchas bondades están las siguientes:
  • Son interactivos.
  • Educan mediante la atracción.
  • Son invulnerables frente a la resistencia.
  • Atraen y alimentan la imaginación.
  • Ayudan a desarrollar facultades para solucionar problemas.
  • Proporcionan diversas conclusiones.
  • Invitan a que cada cual tome sus propias decisiones.
Compartir cuentos puede dar lugar al nacimiento de otras relaciones, al desafío de las ideas, a proporcionar modelos para futuros comportamientos y a mejorar el entendimiento entre las personas.

Una vez que se oye una historia es imposible ignorarla porque irremediablemente acontece un cambio en nuestro interior.

Las metáforas son la manera de equipar a los niños (y también a los adultos) con unas respuestas que posiblemente todavía no hayan descubierto por sus propios medios y que les proporcionarán las habilidades necesarias para enfrentarse a unas situaciones reales que acabarán por surgirles en su vida.

Los padres tienen una herramienta poderosa para enseñar valores a sus hijos, y es mediante la metáfora.

El primer paso para crear cuentos terapéuticos es tener claro cuál es el final, dónde queremos llegar, qué es lo que queremos conseguir con el cuento. Para ello hay que escuchar atentamente cuál es el problema expresado por nuestro hijo.

Entonces piensa en diferentes metáforas que pueden ser adecuadas, piensa en una historia en la que lo negativo queda transformado en positivo. Examina cuáles son las capacidades y recursos con los que cuenta el niño y qué cosas llaman su atención, actividades que le gusta hacer y personajes referentes, puede ser un cantante famoso, un deportista o algún personaje de una serie de dibujos animados.

Recuerda:

1. Pensar el final con el objetivo a conseguir.
2. Crear metáforas.
3. Utilizar los recursos que el niño ya tiene.
4. Tener en cuenta sus referentes. 

Con todo ello tienes los ingredientes para crear una historia con la que el niño se pueda sentir identificado.

Lo mejor es que elabores primero una ficha donde se refleje los problemas a tratar, los recursos que desarrolla y los desenlaces que ofrece.

Aquí tienes un ejemplo de cuento terapéutico junto con su ficha. 


Este es el libro de referencia donde puedes aprender a hacer cuentos terapéuticos: 101 historias sanadoras para niños y adolescentes


Espero que esta noche, cuando vayas a dormir, tengas la oportunidad de que te cuenten o leas una bonita historia que te ayude a conciliar un sueño reparador y una vida plena.


Apasiónate




Anoche, mientras leía un párrafo del libro Universo de Emociones, sentía un hormigueo que subía desde el vientre hacia arriba, y hasta que no comencé a escribir estas palabras no cesó esta sensación en su intento de expresión. La palabra que más se acerca a la hora de describir lo que sentí es ilusión.

La ilusión está en la galaxia de la alegría y la alegría está en el lado derecho del triángulo que, junto con el amor y, en el vértice, la felicidad, forman la más alta aspiración humana, es lo que todos buscamos.

Galaxias de emociones

El párrafo al que me refiero describía justo el objetivo del libro que, Rafael Bisquerra junto con Eduard Punset y la Editorial PalauGea, han elaborado. Universo de Emociones pretende que tomemos conciencia de la importancia y responsabilidad que cada uno tiene en la construcción de bienestar personal y social.

En aquel momento sentí que no había cosa más importante en el mundo que leer ese párrafo, como si estuviera desentrañando el misterio de la humanidad.

Debajo del triángulo más elevado de galaxias se encuentra otro triángulo, la galaxia de la tristeza a la derecha, la de la ira a la izquierda y la del miedo situada en el vértice, dibujando en este caso un triángulo boca abajo. Se trata de las emociones que llamamos negativas, que son buenas para nosotros aunque nos hagan sentir mal. Estas galaxias son las que más atrae la gravedad. 

Emociones negativas no significa emociones malas.
Todas las emociones son buenas, aunque algunas nos hagan sentir mal.

Las emociones negativas son las que nos proporcionan la supervivencia, estamos programados para sobrevivir, por eso requiere de nuestra parte un esfuerzo o una atención a la hora de acercarnos a las emociones positivas, tenemos que aprender a originarlas y alimentarlas, pero sin huír de las emociones negativas, esa sería una trampa muy golosa.

Entonces me preguntaba cuál sería la mejor manera de aproximarse con mayor frecuencia y adentrarse en las emociones positivas, contribuyendo a su expansión.

Tenemos que aprender a viajar de una galaxia a otra, viajar de  una constelación a otra, de las negativas a las positivas. Diría yo que tenemos que aprender a ser flexibles, a saber asaltar de una emoción a otra según las circunstancias o procesos internos, sin dejar que una de las galaxias nos atrape. 

Lo importante será aprender a viajar entre las galaxias

Entonces consiguiendo que su manejo las haga menos pesadas ante la gravedad nos facilitará el camino hacia arriba, más ligero hacia las galaxias de la alegría, el amor y la felicidad.

Cuando somos pequeños tenemos un torrente de pasión y energía, estamos ensayando con las emociones. Gritamos de ilusión, nos enfadamos cuando nos quitan un juguete, dudamos si hacer rodar el coche o tirarlo para ver cómo suena, nos da miedo una persona desconocida, queremos todo lo que vemos, sentimos que hemos hecho algo mal al meter los dedos en el enchufe y entonces lloramos. 

Toda una montaña rusa de emociones que albergamos dentro de nosotros y con un gran potencial. Para sacarle partido hay que ensayar y sufrir, sólo así podemos saber cómo se siente uno en cada caso y qué es lo que podemos hacer con esa emoción, descubrir para qué sirve.

Lo que el niño haga con las emociones dependerá, por una parte, de su temperamento y, por otra parte, de lo que aprenda de los demás.

Normalmente los adultos no sabemos bien qué hacer con nuestras emociones, como para saber qué decirle o mostrarle al niño, por eso lo que queda es lo que nosotros hacemos con nuestras propias emociones, eso lo observa el niño y lo repite. 

La diferencia entre saber saltar entre las galaxias o quedarse atrapados en alguna de ellas es la que vemos en los dibujos. 

El baúl cerrado simboliza que una galaxia nos ha atrapado. 



El baúl abierto simboliza la libertad de saltar de una galaxia a otra según sea necesario. 


Ahora estamos en disposición de comprender todas las bondades de cada una de las emociones, es toda una aventura que merece la pena experimentar, buen viaje.



Aprendizaje social y emocional

 
El cerebro es un órgano muy sofisticado, difícil de comprender pero enormemente plástico, esta es una de las grandes enseñanzas que ha venido a ofrecernos la neurociencia, la otra gran enseñanza es que la razón no sirve para nada sin las emociones.

Mediante programas probados científicamente se ha comprobado que es posible desarrollar lo que llaman habilidades para la vida, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético que complementan y optimizan las habilidades cognitivas e intelectuales. 

Esto podríamos resumirlo diciendo que aprendiendo a sentir pensamos mejor. Y precisamente es una de las cosas que más me gustan de mi trabajo, cada día tengo la fortuna de asistir a momentos maravillosos de toma de conciencia, del darse cuenta y del sentir más profundo y sano al que el ser humano puede llegar. Hablar de inteligencia emocional es hablar del funcionamiento de todo nuestro cerebro. La emoción interfiere con la razón y la razón modifica la emoción, y no se pueden separar.

Aprender a sentir equivale a la parte práctica de toda enseñanza, si hoy aprendo una lección de matemáticas y debo hacer ejercicios para asimilarla, de igual manera hoy tengo un problema que me hace sufrir y busco la manera de solucionarlo para aprender en la gestión de mis emociones.

¿Cómo buscamos soluciones a nuestro sufrimiento?

Muchas veces intentamos deshacernos del sentimiento que nos molesta de las siguientes maneras:

1. Pensando en otra cosa, pienso para no sentir.
2. Aislamiento en casa para que no nos pregunten los demás.
3. Tomando sustancias para el olvido.
4. Haciendo cosas sin parar.

Pero seguro que hay muchas más formas, incluso muy sutiles, de escapar del sentimiento, para eso solemos tener una gran creatividad.

¿Cuál es la forma de encontrar soluciones a nuestro sufrimiento?

1. Sintiendo para poder pensar claramente.
2. Relacionándonos con los demás para conectar con perspectivas más amplias que la de uno mismo. Conectar con otras ideas y formas de hacer que nos enriquecen y nos ayudan a salir de nuestros bucles de pensamiento, nada productivos. 
3. Aceptando el cariño y la ayuda que se nos ofrece, abriendo nuestro corazón a esa conexión con los demás.
4. Seguir con el ritmo de nuestra vida, aunque parando cuando lo necesitemos.
5. Preguntando a todo el equipo interior de sentimientos cada mañana cómo están y qué necesitan. 

Si un niño, en vez de tirar el cuaderno y decir "los deberes son una mierda", te dice: "me temo que no soy capaz de terminar mis deberes", entonces ya sabrás cómo ayudarle. Esta será la clave para aprender unos de otros también en la vida adulta.

Entre los 12 y los 15 años los niños aprenden a decodificar las señales emocionales de los demás, en esta etapa, es común que vean a alguien preocupado y lo confundan pensando que está enfadado.

"Si enseño a un niño a interpretar bien las emociones de otros, mejorará su capacidad de construir relaciones, conectar y de empatizar con ellos." René Diekstra.

Por todo esto en la educación se hace urgente no seguir colocando las asignaturas de matemáticas o lengua por encima del aprendizaje social y emocional, como si tuvieran un mayor valor en una jerarquía de siglos atrás, que ha quedado claramente desfasada.

Si quieres saber más te recomiendo ver este vídeo de Redes. 



Érase una vez la mente


No habían pasado muy buena noche pero justo acababa de despertar y Señor Controlador ya estaba listo y mirando fijamente por los prismáticos, observando todo aquello que había más allá de las pupilas.
 
A ratos también miraba por el microscopio lo que había más allá de las células, y justo ahí paró la lente y dio al zoom, continuaba en el mismo sitio el dolor de rodilla, fue al ordenador, comprobó en el historial los diferentes tipos de dolor sufridos en las rodillas, ninguno se parecía a éste, así es que activó el protocolo de acción.
 
Miró a su alrededor para avisar a..., pero ¿qué pasa aquí?, se dijo, Enfado se estaba peleando con Culpa, y los demás estaban como borrachos después de una noche de fiesta, ¿dónde está Miedo?, preguntó a todos pero sin contestación.

Cogió su nave, salió de la torre de control, fue a buscarlo a su oficina de abajo. Allí estaba, donde otras veces, en "la boca del estómago".

Controlador llamó a la puerta y le invitaron a entrar.

Allí estaban sargento Miedo, que por la mañana había huído de las peleas de arriba, y Doña Pereza, que había bajado de madrugada viendo que la noche iba a ser larga e incómoda arriba.
  
- Buenos días sargento, tenemos un dolor de rodilla algo alarmante después de la caída que sufrimos ayer, hay que ir al médico. El sargento Miedo comenzó a alarmarse cuando Doña Pereza le dijo:

- Pero no te preocupes, ¿para qué vas a ir al médico?, es un dolor de nada, durmamos otro poco más.

El sargento al escucharle parecía calmarse pero de pronto su nerviosismo era más fuerte. Controlador volvió a repetir: 

- Yo lo único que sé es que ayer tuvimos una caía, el dolor es alarmante y hay que ir al médico. Otra vez el sargento se puso nervioso pero volvió a escuchar las razones de Doña Pereza que sólo quería dormir.

El sargento Miedo daba vueltas alrededor de la mesa redonda confundido sin decidirse, empezó a ponerse rojo, a hiperventilar, sudoración, subieron sus pulsaciones y se convirtió en ataque de ansiedad, entonces se activó el protocolo de urgencia y todos fueron al médico.



Autoestima y autoconocimiento


Hay una razón fundamental por la que es necesario conocerse, y es que si no sabemos qué recursos tenemos y cuáles son nuestras debilidades no podremos ni defendernos ni querernos. No sé dónde vi yo una frase que decía "si te conoces te amas", pues se trata de esto.

Hay cuatro zonas fundamentales a tener en cuenta:

1. A plena luz: lo que sé sobre mí y lo que muestro a los demás.
2. La zona ciega: lo que no sé sobre mí pero que los demás conocen.
3. La cara oculta: lo que sé sobre mí que escondo a los demás.
4. El desconocido: lo que ni yo ni los demás conocemos de mí (el inconsciente).

La zona que más sorprendente me resulta es la última, las otras zonas tienen alguna ruta por la que se puede llegar más "fácilmente", pero la gran zona desconocida, lo que ni yo ni los demás conocemos de mí, ese es el gran reto cada día en mi trabajo. Los sueños, por ejemplo, nos revelan cosas muy interesantes y nos ayudan a tomar conciencia de eso que ya estaba ahí queriendo salir pero no lo escuchábamos.

Nos podemos acercar a esa zona desconocida también haciendo cosas nuevas y probándose uno a sí mismo, esta será la única forma de demostrarnos todo eso que somos capaces de hacer y que suele ser mucho más de lo que pensamos. Salir de tu zona de confort y enfrentarte a situaciones que están al límite de tu rutina y tu desarrollo es algo que fuerza las puertas de tu propia evolución, algo que cuesta, que se sufre, pero que finalmente obtienes tu recompensa, y es salir con una mayor fortaleza ante la vida.

La cara oculta es otra zona muy interesante, lo que sé sobre mí que oculto a los demás. Son muchas las ocasiones en las que he visto que una persona tenía miedo a enfrentarse a ella creyendo que lo que había dentro era algo horrible, y lo que ha descubierto es que es algo tan tierno como su propia vulnerabilidad.

Para la zona ciega, lo que no sé sobre mí pero que los demás conocen, te voy a proponer un ejercicio:

1. Escribe en un papel 5 cosas buenas de ti y guárdalo. 
2. Piensa en 5 personas de confianza que te conozcan y pídeles que escriban en un papel 5 cosas tuyas buenas.
3. Una vez que tengas reunidos todos los papeles reflexiona sobre lo que han puesto y observa si hay cosas que coinciden con las que tú apuntaste en tu papel.

Realmente recibir de los demás un reconocimiento de cosas positivas que tenemos activa en nosotros un motor, el de nuestra propia autoestima, es un ensayo para aprender a querernos antes de que lo hagan los demás.

Y sobre la primera zona a plena luz, lo que sé sobre mí y lo que muestro a los demás, sólo puedo decir que la proveches y la ofrezcas al mundo, porque el último fin de todas nuestras cualidades es compartirlo con los demás, dar lo que somos, mostrarnos con lo bueno y con lo malo, ayudar y ofrecer nuestro granito de arena al mundo, esa es la verdadera felicidad y sentido de la vida.