Enseñar a los niños a gestionar las emociones: el miedo


"Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender". Marie Curie.

El miedo al miedo es lo que más problemas nos causa, conocerlo lo solucionará.

Solemos decir: "no tengas miedo", sin embargo, muchas veces, eso es como decir: "no tengas frío" en una noche gélida de invierno en la que nos falta el abrigo.

Por un momento podemos imaginar cómo sería todo si no tuviéramos miedo. Seguro que rápidamente se te ha dibujado una sonrisa en la cara sólo de pensarlo. Bien, pues sigamos imaginando.

Podrías hacer todo lo que quisieras, te sentirías libre, no habría nada que se te pusiera por delante, podrías con todo. No habría límites para ti, tampoco semáforos en rojo, ni demasiada altura sin barandilla, cualquier negocio te resultaría atractivo, dirías todo lo que pasase por tu cabeza, aunque hiciera daño a alguien, te daría igual, al menos en ese momento. No habría acantilado que se te resistiera sin ganas de echar a volar, aprovechando alguna térmica. No lo harías porque sabes que ahí se acabaría todo, pero sin saber que el miedo estaría haciendo su trabajo, protegerte.

Se suele asociar con la cobardía, quien tiene miedo es cobarde, no hay que tener miedo, hay que ser valiente.

Pero su función original nada tiene que ver con la cobardía sino precisamente con la supervivencia, con ayudarnos a sobrevivir en muchas circunstancias. Por tanto, está asociado directamente con la valentía.

Esto es lo que podemos transmitir a nuestros hijos, hay que ser valiente para reconocer al miedo cuando se presenta en nuestro cuerpo y saber utilizarlo para que nos proteja.
Los niños pasan por diferentes miedos evolutivos, estas son las etapas por las que pasan, aunque no de manera exhaustiva: 

1. Miedo a los extraños ( a los 6 meses de edad)
2. Miedo de abandono (en torno a los 2 años)
3. Miedo a la oscuridad (a los 4 años)
4. Miedo a los animales (entre los 3 y 5 años), si no se han tenido animales en casa.

Pueden tener pesadillas y miedos nocturnos desde los 2 a los 6 años. Hacia los 6 años aparecen temores e inseguridades diferentes y más elaboradas. Son miedos más realistas y específicos, desapareciendo los temores a seres imaginarios o del mundo fantástico. En cambio aparecen miedos a daño físico, a fracaso escolar, a la crítica y otros miedos diversos en relación con sus iguales.

Es normal e inevitable tener miedo en muchas circunstancias, en cada etapa de la vida van cambiando los miedos que podamos tener, pero lo importante es qué hacemos con ese miedo, cómo reaccionamos ante él y cómo lo gestionamos.

Solemos enterarnos de que el miedo está ahí sólo cuando está dando voces porque hay algún peligro que no queremos ver, y su forma de dar voces, en muchas ocasiones, es causando ansiedad o problemas de fobias, o bien nos bloquea en nuestras decisiones. Desde luego tiene mala prensa, creemos que nos quita libertad. Lo tenemos asociado a cosas muy negativas y nada funcionales. 

Si lo rechazamos sin más estamos perdiendo una información muy valiosa, el miedo muchas veces lo que está haciendo es señalar hacia algún sitio, como el perro que ladra para que alguien venga a socorrer a su dueño. 

Cuando el miedo lleva mucho tiempo ignorado, habiendo señales de peligro para nuestra vida o nuestras decisiones, es una de las razones por las que pueden producirse fallos en el sistema y dar lugar a los frecuentes problemas de ansiedad.

Tener en cuenta esta emoción y los sentimientos, que como consecuencia nos produce, nos hace más fuertes, hace que tengamos más datos sobre cualquier situación, nos permite poner una mayor precaución, cuidado y mimo en todo lo que hacemos.

Normalmente se nos pasa por alto una cosa, lo que nos gusta hacer con mimo, cariño, cuidado, todo aquello que queremos que salga bien, no podríamos conseguirlo sin esta emoción. Pero en esta ocasión no está dando voces, sino ayudándonos a poner atención, esa atención que, si además es plena, nos hace tener nuestra mente en "estado de flujo". 

El flujo es el estado mental operativo en el cual una persona está completamente inmersa en la actividad que ejecuta. Se caracteriza por un sentimiento de enfocar la energía, de total implicación con la tarea, y de éxito en la realización de la actividad. 

Si todo va bien, el miedo nos ayuda a prestar una atención serena, si hubiera algún peligro entonces se activa para avisarnos, sólo tenemos que escucharle y poner solución.

Quizá estarás pensando, ojalá siempre fuera tan fácil. Es cierto que aún nos falta a todos mucha educación emocional pero, desde luego, podría ser mucho más sencillo si lo practicamos.

Te propongo hacer una lista de todas aquellas cosas que te dan miedo en este momento. Si piensas que no te hace falta porque nada te da miedo, entonces es que tienes cierto problema en conectar con esta emoción. Si piensas que la lista sería tan larga que te da pereza hacerla, entonces es que tu miedo está presente y activado en demasiadas ocasiones y tengo que decírtelo, puede que te esté dando voces porque no le quieres escuchar.

Todos tenemos diversos miedos en las diferentes etapas de nuestra vida, asumirlo como algo natural y hasta necesario es lo mejor que podemos transmitirle a nuestros hijos. Si nosotros lo vemos con naturalidad y hablamos de sus miedos abiertamente con ellos, será de gran ayuda.

No hay cosa que más pueda aliviar a un niño que charlar sobre los miedos que tiene y confesarle los miedos que nosotros teníamos a su edad. Esas conversaciones quedan grabadas y hacen el efecto de un bálsamo. Por tanto, imagina que te sientas a charlar tranquilamente con tus propios miedos, haciendo que se sientan comprendidos y viéndolos como algo natural. Sería un bálsamo en tu interior que te haría más fuerte, más valiente.

Pero nos falta hablar de otra maravillosa función que tiene el miedo, y es que nos sirve de reto. Si queremos conseguir algo, el miedo nos señala el temor a fracasar y nos ayuda a mantener la atención y el esfuerzo en el objetivo para que eso no ocurra, y finalmente lo conseguimos. No sólo hemos tenido éxito en la tarea sino que hemos logrado superar un miedo. Es el mecanismo que nos hace salir de nuestra zona de confort y superarnos día a día.

¿Cuál es tu próximo reto?

Enseñar a los niños a gestionar las emociones: el enfado


El enfado tiene muy mala prensa. Nadie querría tenerse que enfadar y quizá quedar mal con una persona, o sufrir su rechazo.

La aceptación de los demás es algo que todos buscamos de una manera u otra y resulta muy frustrante encontrarse con el rechazo. La frustración podemos sentirla cuando nuestros objetivos se ven truncados.

A unas personas el rechazo les hace sentir abandonadas, a otras con poca valía, otras en cambio sienten que el mundo está contra ellas. Pero el caso es que a todos nos afecta y por eso suele existir una huída ante esta emoción. 

A veces preferimos aguantar ciertas cosas antes de que a la otra persona le parezca algo mal. En ocasiones, esta situación es perfecta para alguien, pues logra aprovecharse para conseguir del otro lo que desean, abusando así de su confianza.

Y es que en todo esto hay una cosa clave y es si hemos aprendido dónde están los límites. ¿Dónde termina tu libertad y dónde comienza la del otro? Este es un tema realmente interesante y que va unido inevitablemente con el propio desarrollo moral de la persona.

Es muy importante que cuando somos pequeños nos den seguridad transmitiéndonos claramente lo que podemos hacer y lo que no debemos hacer. De esta manera es como aprendemos a poner límites a nuestro narcisismo en favor de una buena convivencia, así nos están enseñando a respetarnos a nosotros mismos y a los demás.

Los niños hacen ensayos con sus emociones y con el narcisismo natural que conlleva su edad, si no perciben límites, de adultos creerán que se lo merecen todo y sin hacer ningún esfuerzo, que el mundo estará a sus pies. Entonces, al comprobar que no es así, la frustración puede ser enorme y se puede hacer insoportable tolerarla.

El autocontrol sólo puede conseguirse si primero hemos aprendido a darle un espacio seguro a nuestro enfado. Una forma de darle espacio al enfado de nuestros hijos es dejando que lo exprese, siempre que no sea de forma perjudicial para él o para otra persona. Hay que transmitirle que es natural que lo sienta, que está muy bien que lo exprese, pero hay que enseñarle los límites que debe tener la expresión de ese enfado.

Una de las cosas que más se utiliza en las escuelas que ya ponen en práctica la gestión emocional es el rincón de la furia. Es algo que podemos llevar a cabo en casa. Se trata de crear un lugar en la habitación del niño donde pueda expresar su enfado. Colocar algunos cojines vendría bien, por si necesita tirarlos al suelo con fuerza, si siente en alguna ocasión mucho enfado. Este rincón debe tener también un sitio cómodo donde poder sentarse o tumbarse para relajarse una vez desahogado el enfado.

Por otra parte, también debemos escuchar el mensaje que tiene el enfado para nosotros. Puede que necesite hacer o decir algo a alguien y, hasta que no se lleve a cabo, ese enfado no parará. Si no dirigimos ese enfado a quien le corresponde, corremos el peligro de dirigirlo a otras personas que no se lo merecen, o bien, irá hacia nosotros mismos como un boomerang, y debemos tener en cuenta que nosotros somos nuestros peores enemigos.

Cuando hemos practicado la tolerancia a la frustración estamos más preparados para aceptar nuestras propias limitaciones o las cosas que en nuestra vida no salgan como nosotros queremos. De esta manera aprenderemos a tener resiliencia, que es la capacidad de superar circunstancias difíciles o traumáticas, saber sobreponerse ante las adversidades. 

Realmente el enfado, bien gestionado, conlleva ese gran potencial que llevamos dentro todos. El enfado es el impulso que nos lleva a saber defendernos, a poner límites adecuados a otros para que no nos hagan daño. Pero también nos permite otras muchas cosas que no suelen asociarse al enfado. Y es que gracias a este impulso podemos conseguir una dirección en nuestra vida. Es ese motor que nos lleva a decir lo que necesitamos decir, o hacer lo que necesitamos hacer. Por ejemplo, nos lleva a desarrollar nuestro potencial personal y profesional, nuestros deseos y sueños. Gracias al enfado bien gestionado creamos nuestro propio entorno.

Así vemos cómo el enfado puede ser destructivo o constructivo. El destructivo es el que crea problemas y el constructivo es el que los resuelve. ¿Te atreves a escuchar a tu enfado, tomar las riendas de tu vida y resolver los problemas que se te pongan por delante?

Siempre me gustó este pequeño diálogo que decía: 

      -"¿Y tú qué tomas para ser feliz?"
      - "Yo decisiones."


Enseñar a los niños a gestionar las emociones: la tristeza


Con mucha frecuencia, problemas de ansiedad y depresión que veo en mi trabajo, se terminan solucionando comprendiendo y experimentando cosas de uno mismo, así de sencillo y difícil a la vez. Es un trabajo laborioso en el que hay que poner mucho cariño y paciencia.

Nos da mucho miedo caer en una depresión y pensamos que si nos dejamos sentir la tristeza no vamos a parar de llorar y caeremos en un pozo sin fondo. Y entonces empezamos a presionarnos para estar alegres. De esta forma puede que la tristeza se instale en nosotros más tiempo del deseado, porque la estamos rechazando, y a ninguna emoción le gusta que se la rechace.

Todo tiene su tiempo y su momento. Es normal que nos exijamos algo más si creemos que llevamos mucho tiempo instalados en la tristeza, pero si lloramos mientras otra voz en nuestro interior nos está reprochando por ello, entonces no vamos a avanzar mucho.

Se suele pensar que si se deja a la tristeza libre, entonces te va a secuestrar, pero recuerda, si te secuestra quiere decir que no has podido actuar con libertad ante ella, no nos engañemos, no le hemos dicho: "pasa y secuéstrame, te doy permiso". Cuando de verdad elegimos nosotros y le damos permiso para que se exprese es cuando podemos gestionarla, y siempre aparece después la calma y sensaciones agradables.

Te invito a imaginar la siguiente situación. Hay un niño o una niña enfrente de ti, que está sintiendo justo esa tristeza.

Imagina qué harías para que ese niño pueda calmarse. Puede que la primera tentación sea decirle que no llore, que no tiene motivos, que se sienta alegre, e incluso intentamos presionarle un poco para que haga ese cambio ya. Quizá somos nosotros los que nos sentimos incómodos ante su llanto, sin saber qué hacer.

¿Cómo crees que ese niño se sentiría? pues si para él existe una sola razón para estar triste, lo va a sentir, a pesar de lo que le digamos, e incluso puede que se sienta mal y culpable al mandarle el mensaje de que no debe sentirse así.

¿Qué ocurriría si le preguntamos qué le pasa y dejamos que se explique? seguro que se sentiría algo mejor. Si le escuchamos atentamente y además le hacemos saber que le entendemos, incluso si le transmites que si tú estuvieras en esa situación te sentirías igual, sería bien diferente. ¿Qué efecto crees que tendría esto en él? Si además dejamos que llore y permaneces tranquilo a su lado, estarías acompañándole realmente. Él se sentiría libre para llorar. Estaría aprendiendo a dar un espacio a su tristeza, a sentirla y a experimentar para qué puede servir o qué puede hacer con ella. Esto será de crucial importancia para su vida de adulto.

Solemos pensar que el problema es sentirse mal, pero no, sentirse mal en ocasiones es parte de la vida misma y algo adaptativo, pero lo fundamental es al actitud que tomamos ante cada emoción, como si de un trabajador de nuestra empresa se tratara y nosotros fuéramos el jefe. 

¿Crees que ese niño necesitaría llorar durante meses para dejar de sentirse triste? pues no, realmente lo que ocurriría es que necesitaría mucho menos tiempo si siente libertad para expresarse. Entonces antes de lo que pensamos, acompañado de un gran alivio, aparecerá su opuesto, la alegría.

Pero no sólo es importante cómo tratemos la tristeza de nuestro hijo, sino también nuestra propia tristeza, servimos de modelo para ellos, y con nuestro comportamiento es con lo que más aprenden. 

En ocasiones y con el estrés del día a día no atendemos nuestro interior, pensamos que no necesitamos nada, pero puede que dentro haya algún "niño" deseando que se le escuche.

Nunca se me olvidarán esos momentos emotivos en los que tengo el honor de ser partícipe en mi consulta, madre e hija se dan cuenta de que estaban ocultando su tristeza creyendo que se harían daño si la mostraban, y en ese preciso momento, al compartirla, sintieron más que nunca que las unía en un llanto de emoción, compasión y alegría.

Por tanto el aprendizaje empieza en ti. Ahora la pregunta sería, tú como adulto ¿qué haces con tu tristeza?

Si quieres enseñar a tu hijo a manejar las emociones tienes que empezar por ti. Aquí estoy para cualquier duda, buen viaje.


Cuentos terapéuticos


¿Recuerdas aquella sensación cuando alguien te contaba un cuento? de repente te zambullías en la historia deseando saber qué dilema era el que tenía el protagonista y cómo lograba solucionarlo. 

Tu atención se quedaba pegada a las palabras, como si hubiéramos untado mantequilla en una tostada y luego le hubiéramos echado mermelada, la degustamos dando pequeños bocados de imaginación.

Nuestra atención absorta se adentra en un estado de trance hipnótico que conecta directamente con la esencia de la vida.

Todos tenemos ciertas resistencias ante los nuevos aprendizajes, pero una historia hace que el mensaje vaya directamente al corazón y por eso los cuentos son una herramienta con enormes posibilidades terapéuticas. 

Entre sus muchas bondades están las siguientes:
  • Son interactivos.
  • Educan mediante la atracción.
  • Son invulnerables frente a la resistencia.
  • Atraen y alimentan la imaginación.
  • Ayudan a desarrollar facultades para solucionar problemas.
  • Proporcionan diversas conclusiones.
  • Invitan a que cada cual tome sus propias decisiones.
Compartir cuentos puede dar lugar al nacimiento de otras relaciones, al desafío de las ideas, a proporcionar modelos para futuros comportamientos y a mejorar el entendimiento entre las personas.

Una vez que se oye una historia es imposible ignorarla porque irremediablemente acontece un cambio en nuestro interior.

Las metáforas son la manera de equipar a los niños (y también a los adultos) con unas respuestas que posiblemente todavía no hayan descubierto por sus propios medios y que les proporcionarán las habilidades necesarias para enfrentarse a unas situaciones reales que acabarán por surgirles en su vida.

Los padres tienen una herramienta poderosa para enseñar valores a sus hijos, y es mediante la metáfora.

El primer paso para crear cuentos terapéuticos es tener claro cuál es el final, dónde queremos llegar, qué es lo que queremos conseguir con el cuento. Para ello hay que escuchar atentamente cuál es el problema expresado por nuestro hijo.

Entonces piensa en diferentes metáforas que pueden ser adecuadas, piensa en una historia en la que lo negativo queda transformado en positivo. Examina cuáles son las capacidades y recursos con los que cuenta el niño y qué cosas llaman su atención, actividades que le gusta hacer y personajes referentes, puede ser un cantante famoso, un deportista o algún personaje de una serie de dibujos animados.

Recuerda:

1. Pensar el final con el objetivo a conseguir.
2. Crear metáforas.
3. Utilizar los recursos que el niño ya tiene.
4. Tener en cuenta sus referentes. 

Con todo ello tienes los ingredientes para crear una historia con la que el niño se pueda sentir identificado.

Lo mejor es que elabores primero una ficha donde se refleje los problemas a tratar, los recursos que desarrolla y los desenlaces que ofrece.

Aquí tienes un ejemplo de cuento terapéutico junto con su ficha. 


Este es el libro de referencia donde puedes aprender a hacer cuentos terapéuticos: 101 historias sanadoras para niños y adolescentes


Espero que esta noche, cuando vayas a dormir, tengas la oportunidad de que te cuenten o leas una bonita historia que te ayude a conciliar un sueño reparador y una vida plena.


Apasiónate




Anoche, mientras leía un párrafo del libro Universo de Emociones, sentía un hormigueo que subía desde el vientre hacia arriba, y hasta que no comencé a escribir estas palabras no cesó esta sensación en su intento de expresión. La palabra que más se acerca a la hora de describir lo que sentí es ilusión.

La ilusión está en la galaxia de la alegría y la alegría está en el lado derecho del triángulo que, junto con el amor y, en el vértice, la felicidad, forman la más alta aspiración humana, es lo que todos buscamos.

Galaxias de emociones

El párrafo al que me refiero describía justo el objetivo del libro que, Rafael Bisquerra junto con Eduard Punset y la Editorial PalauGea, han elaborado. Universo de Emociones pretende que tomemos conciencia de la importancia y responsabilidad que cada uno tiene en la construcción de bienestar personal y social.

En aquel momento sentí que no había cosa más importante en el mundo que leer ese párrafo, como si estuviera desentrañando el misterio de la humanidad.

Debajo del triángulo más elevado de galaxias se encuentra otro triángulo, la galaxia de la tristeza a la derecha, la de la ira a la izquierda y la del miedo situada en el vértice, dibujando en este caso un triángulo boca abajo. Se trata de las emociones que llamamos negativas, que son buenas para nosotros aunque nos hagan sentir mal. Estas galaxias son las que más atrae la gravedad. 

Emociones negativas no significa emociones malas.
Todas las emociones son buenas, aunque algunas nos hagan sentir mal.

Las emociones negativas son las que nos proporcionan la supervivencia, estamos programados para sobrevivir, por eso requiere de nuestra parte un esfuerzo o una atención a la hora de acercarnos a las emociones positivas, tenemos que aprender a originarlas y alimentarlas, pero sin huír de las emociones negativas, esa sería una trampa muy golosa.

Entonces me preguntaba cuál sería la mejor manera de aproximarse con mayor frecuencia y adentrarse en las emociones positivas, contribuyendo a su expansión.

Tenemos que aprender a viajar de una galaxia a otra, viajar de  una constelación a otra, de las negativas a las positivas. Diría yo que tenemos que aprender a ser flexibles, a saber asaltar de una emoción a otra según las circunstancias o procesos internos, sin dejar que una de las galaxias nos atrape. 

Lo importante será aprender a viajar entre las galaxias

Entonces consiguiendo que su manejo las haga menos pesadas ante la gravedad nos facilitará el camino hacia arriba, más ligero hacia las galaxias de la alegría, el amor y la felicidad.

Cuando somos pequeños tenemos un torrente de pasión y energía, estamos ensayando con las emociones. Gritamos de ilusión, nos enfadamos cuando nos quitan un juguete, dudamos si hacer rodar el coche o tirarlo para ver cómo suena, nos da miedo una persona desconocida, queremos todo lo que vemos, sentimos que hemos hecho algo mal al meter los dedos en el enchufe y entonces lloramos. 

Toda una montaña rusa de emociones que albergamos dentro de nosotros y con un gran potencial. Para sacarle partido hay que ensayar y sufrir, sólo así podemos saber cómo se siente uno en cada caso y qué es lo que podemos hacer con esa emoción, descubrir para qué sirve.

Lo que el niño haga con las emociones dependerá, por una parte, de su temperamento y, por otra parte, de lo que aprenda de los demás.

Normalmente los adultos no sabemos bien qué hacer con nuestras emociones, como para saber qué decirle o mostrarle al niño, por eso lo que queda es lo que nosotros hacemos con nuestras propias emociones, eso lo observa el niño y lo repite. 

La diferencia entre saber saltar entre las galaxias o quedarse atrapados en alguna de ellas es la que vemos en los dibujos. 

El baúl cerrado simboliza que una galaxia nos ha atrapado. 



El baúl abierto simboliza la libertad de saltar de una galaxia a otra según sea necesario. 


Ahora estamos en disposición de comprender todas las bondades de cada una de las emociones, es toda una aventura que merece la pena experimentar, buen viaje.



Aprendizaje social y emocional

 
El cerebro es un órgano muy sofisticado, difícil de comprender pero enormemente plástico, esta es una de las grandes enseñanzas que ha venido a ofrecernos la neurociencia, la otra gran enseñanza es que la razón no sirve para nada sin las emociones.

Mediante programas probados científicamente se ha comprobado que es posible desarrollar lo que llaman habilidades para la vida, una serie de destrezas en el ámbito social, emocional y ético que complementan y optimizan las habilidades cognitivas e intelectuales. 

Esto podríamos resumirlo diciendo que aprendiendo a sentir pensamos mejor. Y precisamente es una de las cosas que más me gustan de mi trabajo, cada día tengo la fortuna de asistir a momentos maravillosos de toma de conciencia, del darse cuenta y del sentir más profundo y sano al que el ser humano puede llegar. Hablar de inteligencia emocional es hablar del funcionamiento de todo nuestro cerebro. La emoción interfiere con la razón y la razón modifica la emoción, y no se pueden separar.

Aprender a sentir equivale a la parte práctica de toda enseñanza, si hoy aprendo una lección de matemáticas y debo hacer ejercicios para asimilarla, de igual manera hoy tengo un problema que me hace sufrir y busco la manera de solucionarlo para aprender en la gestión de mis emociones.

¿Cómo buscamos soluciones a nuestro sufrimiento?

Muchas veces intentamos deshacernos del sentimiento que nos molesta de las siguientes maneras:

1. Pensando en otra cosa, pienso para no sentir.
2. Aislamiento en casa para que no nos pregunten los demás.
3. Tomando sustancias para el olvido.
4. Haciendo cosas sin parar.

Pero seguro que hay muchas más formas, incluso muy sutiles, de escapar del sentimiento, para eso solemos tener una gran creatividad.

¿Cuál es la forma de encontrar soluciones a nuestro sufrimiento?

1. Sintiendo para poder pensar claramente.
2. Relacionándonos con los demás para conectar con perspectivas más amplias que la de uno mismo. Conectar con otras ideas y formas de hacer que nos enriquecen y nos ayudan a salir de nuestros bucles de pensamiento, nada productivos. 
3. Aceptando el cariño y la ayuda que se nos ofrece, abriendo nuestro corazón a esa conexión con los demás.
4. Seguir con el ritmo de nuestra vida, aunque parando cuando lo necesitemos.
5. Preguntando a todo el equipo interior de sentimientos cada mañana cómo están y qué necesitan. 

Si un niño, en vez de tirar el cuaderno y decir "los deberes son una mierda", te dice: "me temo que no soy capaz de terminar mis deberes", entonces ya sabrás cómo ayudarle. Esta será la clave para aprender unos de otros también en la vida adulta.

Entre los 12 y los 15 años los niños aprenden a decodificar las señales emocionales de los demás, en esta etapa, es común que vean a alguien preocupado y lo confundan pensando que está enfadado.

"Si enseño a un niño a interpretar bien las emociones de otros, mejorará su capacidad de construir relaciones, conectar y de empatizar con ellos." René Diekstra.

Por todo esto en la educación se hace urgente no seguir colocando las asignaturas de matemáticas o lengua por encima del aprendizaje social y emocional, como si tuvieran un mayor valor en una jerarquía de siglos atrás, que ha quedado claramente desfasada.

Si quieres saber más te recomiendo ver este vídeo de Redes. 



Érase una vez la mente


No habían pasado muy buena noche pero justo acababa de despertar y Señor Controlador ya estaba listo y mirando fijamente por los prismáticos, observando todo aquello que había más allá de las pupilas.
 
A ratos también miraba por el microscopio lo que había más allá de las células, y justo ahí paró la lente y dio al zoom, continuaba en el mismo sitio el dolor de rodilla, fue al ordenador, comprobó en el historial los diferentes tipos de dolor sufridos en las rodillas, ninguno se parecía a éste, así es que activó el protocolo de acción.
 
Miró a su alrededor para avisar a..., pero ¿qué pasa aquí?, se dijo, Enfado se estaba peleando con Culpa, y los demás estaban como borrachos después de una noche de fiesta, ¿dónde está Miedo?, preguntó a todos pero sin contestación.

Cogió su nave, salió de la torre de control, fue a buscarlo a su oficina de abajo. Allí estaba, donde otras veces, en "la boca del estómago".

Controlador llamó a la puerta y le invitaron a entrar.

Allí estaban sargento Miedo, que por la mañana había huído de las peleas de arriba, y Doña Pereza, que había bajado de madrugada viendo que la noche iba a ser larga e incómoda arriba.
  
- Buenos días sargento, tenemos un dolor de rodilla algo alarmante después de la caída que sufrimos ayer, hay que ir al médico. El sargento Miedo comenzó a alarmarse cuando Doña Pereza le dijo:

- Pero no te preocupes, ¿para qué vas a ir al médico?, es un dolor de nada, durmamos otro poco más.

El sargento al escucharle parecía calmarse pero de pronto su nerviosismo era más fuerte. Controlador volvió a repetir: 

- Yo lo único que sé es que ayer tuvimos una caía, el dolor es alarmante y hay que ir al médico. Otra vez el sargento se puso nervioso pero volvió a escuchar las razones de Doña Pereza que sólo quería dormir.

El sargento Miedo daba vueltas alrededor de la mesa redonda confundido sin decidirse, empezó a ponerse rojo, a hiperventilar, sudoración, subieron sus pulsaciones y se convirtió en ataque de ansiedad, entonces se activó el protocolo de urgencia y todos fueron al médico.



Autoestima y autoconocimiento


Hay una razón fundamental por la que es necesario conocerse, y es que si no sabemos qué recursos tenemos y cuáles son nuestras debilidades no podremos ni defendernos ni querernos. No sé dónde vi yo una frase que decía "si te conoces te amas", pues se trata de esto.

Hay cuatro zonas fundamentales a tener en cuenta:

1. A plena luz: lo que sé sobre mí y lo que muestro a los demás.
2. La zona ciega: lo que no sé sobre mí pero que los demás conocen.
3. La cara oculta: lo que sé sobre mí que escondo a los demás.
4. El desconocido: lo que ni yo ni los demás conocemos de mí (el inconsciente).

La zona que más sorprendente me resulta es la última, las otras zonas tienen alguna ruta por la que se puede llegar más "fácilmente", pero la gran zona desconocida, lo que ni yo ni los demás conocemos de mí, ese es el gran reto cada día en mi trabajo. Los sueños, por ejemplo, nos revelan cosas muy interesantes y nos ayudan a tomar conciencia de eso que ya estaba ahí queriendo salir pero no lo escuchábamos.

Nos podemos acercar a esa zona desconocida también haciendo cosas nuevas y probándose uno a sí mismo, esta será la única forma de demostrarnos todo eso que somos capaces de hacer y que suele ser mucho más de lo que pensamos. Salir de tu zona de confort y enfrentarte a situaciones que están al límite de tu rutina y tu desarrollo es algo que fuerza las puertas de tu propia evolución, algo que cuesta, que se sufre, pero que finalmente obtienes tu recompensa, y es salir con una mayor fortaleza ante la vida.

La cara oculta es otra zona muy interesante, lo que sé sobre mí que oculto a los demás. Son muchas las ocasiones en las que he visto que una persona tenía miedo a enfrentarse a ella creyendo que lo que había dentro era algo horrible, y lo que ha descubierto es que es algo tan tierno como su propia vulnerabilidad.

Para la zona ciega, lo que no sé sobre mí pero que los demás conocen, te voy a proponer un ejercicio:

1. Escribe en un papel 5 cosas buenas de ti y guárdalo. 
2. Piensa en 5 personas de confianza que te conozcan y pídeles que escriban en un papel 5 cosas tuyas buenas.
3. Una vez que tengas reunidos todos los papeles reflexiona sobre lo que han puesto y observa si hay cosas que coinciden con las que tú apuntaste en tu papel.

Realmente recibir de los demás un reconocimiento de cosas positivas que tenemos activa en nosotros un motor, el de nuestra propia autoestima, es un ensayo para aprender a querernos antes de que lo hagan los demás.

Y sobre la primera zona a plena luz, lo que sé sobre mí y lo que muestro a los demás, sólo puedo decir que la proveches y la ofrezcas al mundo, porque el último fin de todas nuestras cualidades es compartirlo con los demás, dar lo que somos, mostrarnos con lo bueno y con lo malo, ayudar y ofrecer nuestro granito de arena al mundo, esa es la verdadera felicidad y sentido de la vida.


Sello personal


Hoy quiero compartir contigo una reflexión que últimamente tengo presente y es que, lo que hacemos y los papeles que desempeñamos en la vida, sólo podemos hacerlo desde nuestra forma de ser y nuestro estilo, por eso es tan importante conocer nuestras mejores capacidades para fomentarlas y ofrecerlas al mundo.

Por ejemplo, en el ámbito profesional se ejerce de una forma u otra dependiendo en gran medida de este factor, y las protagonistas son tus propias fortalezas, por eso bien merece la pena conocerlas.

Voy a poner un ejemplo con la música porque creo que es muy representativo para lo que quiero explicar. Una persona puede ser una brillante estudiante de piano e incluso especializarse en jazz, tener una ejecución perfecta y una soltura impresionante a la hora de improvisar, sin embargo, no transmitir, no traspasar sus emociones, estilo y forma de ser a través del instrumento, de manera que lo que transmite no tiene alma.

El alma, el corazón que una persona pone en lo que está haciendo es lo que llega realmente en la comunicación, lo que hace que las emociones del oyente se muevan.

Este sello personal es el que hace que un profesional llegue a la excelencia, que no se quede sólo en una correcta praxis sino que es capaz de mejorar el ámbito en el que se mueve, es capaz de activar y transmitir a los demás su entusiasmo, es capaz de dejar su sello personal.

Todos tenemos un buen conjunto de cualidades que podemos optimizar, y no hace falta saberlo todo en una materia ni tampoco hacer una ejecución perfecta de nuestro trabajo pero sí ponerle alma a todo lo que hacemos.

Voy a poner otro ejemplo que creo va a completar el panorama que quiero presentar con este post. 

Un profesional de cualquier ámbito, al principio, puede que se guíe ciegamente por los libros de los que ha estudiado su especialidad, sin embargo, en el mejor de los casos, lo deseable es que, con el tiempo, termine asimilando los conocimientos adquiridos de tal manera que consiga construir un traje a medida, que le lleva a poner su marca o sello personal a todo lo que hace, transcendiendo todo cuanto aprendió y mejorando así, con su experiencia, el saber de la materia de la que se trate. 

Y todos, absolutamente todos, podemos hacerlo, cada uno a nuestro estilo, cada uno en nuestro ámbito de actuación.

Esa es la manera en que se han hecho los grandes avances en nuestra ciencia, tecnología y en el ámbito del arte. Se trata de fomentar una humanidad más humana, se trata de desarrollar nuestras mejores capacidades como humanos, se trata de mirar a la cara al otro de verdad, preguntarle qué necesita y hacer, desde nuestro trabajo, que su necesidad quede cubierta.

Así es que te invito a sacar lo mejor de ti y a buscar tu bienestar con esta cita del libro Focus de Daniel Goleman:

"Cuando nos sentimos bien nuestra conciencia se expande desde nuestro foco egocéntrico habitual, centrado en el "mí", hasta un foco más inclusivo y cordial, centrado en el "nosotros"."

Para seguir mejorando el grado de bienestar en tu vida y ofreciendo lo mejor de ti te acompaño a dar estos pasos:

1. Valora tu grado de bienestar en este momento de tu vida.
2. Dialoga contigo mismo y recuerda qué es para ti lo importante, escríbelo en un papel.
3. Determina en qué ámbito de tu vida querrías hacer cambios.
4. Planifica, toma decisiones y actúa.


Conseguir metas



¿Qué es lo que sientes cuando subes a la cima de una montaña? seguramente plenitud, satisfacción de haberlo conseguido y serenidad.

Todos tenemos un instinto de superación, es la gasolina que nutre el motor de nuestra vida. Puede que haya épocas en las que te sientas estancado pero si buscas en tu interior siempre encontrarás cosas que te gustaría hacer y lograr.

Las cosas que más te gusta hacer provocan que te concentres en ellas y les dediques toda tu atención y cariño para hacerlo bien. Esto conlleva también una parte de esfuerzo y organización, que quizá no nos guste tanto, pero es la única manera de que todo esté preparado para disfrutar.

Uno de los obstáculos que solemos encontrarnos a la hora de proponernos una meta es el miedo al fracaso, entonces nos buscamos toda clase de excusas para que no parezca que es esa la razón, sino que no tenemos tiempo, o que es algo fuera de nuestro alcance en algún sentido.

Pero si algo lo queremos de verdad y es factible y realista sólo nos queda entretejer un buen plan. Vamos a tener que salvar muchos obstáculos por el camino, en muchas ocasiones los que nosotros mismos nos pondremos, pero cada uno de ellos encierra un gran aprendizaje y es necesario superarlos, esa es la clave del aprendizaje y el disfrute del proceso. 

Imagina un video juego, por ejemplo, Super Mario Bros, en el que tienes que enfrentarte con diferentes monstruos para liberar a alguien, y por el camino debes recargar las pilas recogiendo puntos, el propio juego se encarga de reforzarte con los puntos si lo vas haciendo bien. De la misma manera debemos hacer un plan específico con los siguientes pasos:

Apunta - Divide - Diversión - Premio - Flexibilidad

1. Apunta en un papel tu meta, lo más específica y concreta que puedas.
2. Divide esa meta en pequeñas submetas. Que no sean ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles.
3. Incluye en este plan los tiempos de descanso y diversión, será la gasolina para seguir el camino, imprescindible.
4. Cada semana prémiate por los logros conseguidos.
5. Incluye por último la flexibilidad y los reajustes necesarios que debas hacer cada semana.

Está claro que para conseguir algo tenemos que renunciar a otras cosas, pero si somos nuestros mejores entrenadores ganaremos.

Uno de los monstruos a los que tendremos que enfrentarnos en nuestro video juego particular serán las diferentes emociones que aparecerán en el proceso, una buena autorregulación emocional será clave en nuestro éxito.

Tenemos que aprovechar: 

1. El enfado y la frustración para coger energía y seguir adelante. 2. La tristeza para descansar, reposar y reflexionar.
3. El miedo para estar atentos a la submeta del día.
4. La aversión para rechazar las distracciones que aparezcan.
5. La alegría para celebrar lo conseguido al final de la semana.

Entrenar nuestro autocontrol de una forma sabia será la clave de nuestro éxito, la clave para superarnos a nosotros mismos día a día. 

Espero que este post te haya llenado de motivación y concentración hacia tu meta. 

Aquí comparto la última entrevista en @DeHoyNoPasa, TPA, con el Doctor Alain Fernández. 



Qué es la psicoterapia


A menudo me encuentro con personas que tienen serias dudas sobre lo que es la psicoterapia, o bien creyendo algunos mitos sobre lo que es ir a un psicólogo.

Acudir a un psicólogo es algo muy saludable cuando sentimos que estamos en un callejón sin salida en nuestra vida, en medio de alguna crisis, o con una situación de vida en la que un problema se ha estancado y generado ansiedad, fobias, depresión o simplemente malestar general, o cuando la vivencia interna que tenemos nos dificulta en nuestras relaciones.

Todo lo que acabo de nombrar son síntomas psicológicos, así como la fiebre en la gripe es un mecanismo de autodefensa frente a las enfermedades del organismo, de la misma manera estos son síntomas psicológicos que nos señalan que hay un problema, que de no ser tratado puede complicarse.

Un psicólogo que se dedica a la psicoterapia, realiza un acompañamiento y tratamiento psicológico ante determinado malestar de la persona, o bien puede servir de ayuda en el crecimiento personal, sin necesidad de que haya un problema.

El terapeuta puede dar otra perspectiva de las cosas que ayuda a abrir el foco de atención y ver las soluciones.

Uno de los problemas más frecuentes y que está en la base de diversos síntomas de malestar es cuando el funcionamiento de nuestra mente gira alrededor de pensamientos o sentimientos irracionales, que suelen disfrazarse de autojustificaciones que parecen tener lógica, pero que no se corresponden con la realidad que vivimos, aunque en esos momentos sea nuestra realidad subjetiva y muy sentida para nosotros.

Nos creamos nuestra pequeña realidad subjetiva y distorsionada y con ello nuestra pequeña cárcel interior. Esto lo hacemos todos pero la diferencia a partir de la cual puede ser un problema es la medida y el tiempo que estamos en esta cárcel, identificándonos con ella. Si es mucho el grado de identificación con nuestra cárcel, de manera que creemos que eso somos nosotros, y es mucho el tiempo que pasamos en ella, o funcionando desde ahí, entonces necesitamos más que nunca ayuda, pues difícilmente podremos salir de ahí nosotros solos.

Cuanto mayor sea la cárcel interior más síntomas existirán, a no ser quien se haya adaptado de tal manera a ese funcionamiento que el sistema de alarma con sus síntomas ya no se active. Sería parecido a cuando una persona tiene una dependencia al alcohol y aunque beba mucho parece no emborracharse, esto sería preocupante pues puede que el sistema de alarma no esté funcionando.

La psicoterapia nos ayuda a ver desde fuera nuestros problemas, a proyectar nuestra vida en una película a través de metáforas e imágenes, así se va comprendiendo, ordenando y reescribiendo a la luz de nuestra parte consciente.

La psicoterapia nos ayuda también con diferentes técnicas para la reorganización del pensamiento, la conducta y los sentimientos.

Dependiendo del problema del que se trate, de la persona y sus objetivos se puede trabajar desde la historia emocional y familiar hasta los aspectos del presente. En muchas ocasiones hay que ir al pasado para solucionar cosas del presente, en otras ocasiones sólo se trabaja con técnicas para solucionar problemas específicos del presente.

Finalmente se trata de descubrirnos más, de salir de nuestra cárcel y tener los recursos suficientes como para salir de nuevo, si es que en algún momento nos volvemos a atascar en ella. Aprendemos, a través de la psicoterapia, a manejar más la compleja maquinaria que hay en nuestro cerebro.

Sin un trabajo personal de interiorización y autoconocimiento con un profesional, a veces puede resultar muy difícil tomar conciencia de nuestra cárcel interior. El primer paso sería poder detectar y observar nuestros bucles de pensamientos irracionales y sentimientos intensos, cazarnos metidos en esta cárcel. Puede llegar un momento en el que nos riamos de nosotros mismos con este funcionamiento. Esto último sería un gran síntoma de salud psicológica.


Agorafobia y tratamiento


- Cada día al atardecer me pongo melancólica, aumenta mi ansiedad y me pregunto cuándo conseguiré salir de casa sin decirme: "me va a dar un ataque de ansiedad, si salgo a la autopista debo tener ya preparado el plan para escapar de la situación". Dando por hecho que me va a pasar dedico mucho tiempo pensando en el plan de escape, realmente es como un amuleto para mí. -

Esto es de lo que suele quejarse una persona que padece de agorafobia, un trastorno de ansiedad que consiste en tener miedo a situaciones o lugares públicos cuya evitación es difícil o embarazosa.

Realmente la persona llega a creer que esa clase de pensamientos sobre cómo escapar los necesita como si de un amuleto se tratase, aunque son parte de lo que está manteniendo el problema. La anticipación de pensamientos negativos como que va a ocurrir un ataque de ansiedad, es la forma en que la persona se autosugestiona e hipnotiza para que el problema siga estando presente. La realidad es que la persona es la que comienza y mantiene el problema sin saberlo. Por esta razón una de las técnicas eficaces que pueden servir para su tratamiento es la hipnosis, compensando la autosugestión, pero en negativo, que ya la persona se hace y precisamente para comenzar con una exposición a la situación temida de forma gradual y virtual, antes de pasar a la acción.

Algunas personas acuden a la consulta con el único objetivo de hacer desaparecer este problema, y volver a la vida que conocían antes de esto. Lo que ocurre es que este trastorno de ansiedad suele provenir de una forma particular de gestionar las propias emociones que da lugar a estos síntomas. El trastorno de ansiedad son los síntomas con los que se manifiesta un problema de falta de gestión emocional.

Lógicamente si lo único que la persona quiere es hacer desaparecer los síntomas, lo puede conseguir básicamente con terapia cognitivo-conductual y en no mucho tiempo, sin embargo, frecuentemente la persona descubre durante la terapia cuál es el origen de estos síntomas, qué forma de gestionar sus propias emociones y qué características de su propio carácter son las que originan el problema. Un gran paso es resolver los síntomas, pero si no se trabaja el origen podrían manifestarse en el futuro estos mismos síntomas o bien otros diferentes.

El hecho de que la persona sólo quiera tratar los síntomas y a poder ser rápidamente, ya nos dice algo sobre la forma de ser y por qué el problema continúa existiendo, no obstante los objetivos serán los que la persona se proponga, pero ya intuímos que uno de los temas importantes a tratar será la autoexigencia y la comprensión que la persona tiene de sí misma.

Te propongo ahora que te adentres en esta relajación mental construyendo tu paisaje interior, será tu refugio y te ayudará en momentos de ansiedad, muchas veces las emociones no son lo que parecen y además pueden cambiar, puedes cambiarlas, ¡prueba y verás!

Audio de relajación: tu paisaje interior


Eclipse de pareja


Eso que dicen de que los opuestos se atraen, creo que no es más que una excusa y una justificación de esas parejas diametralmente opuestas que quieren seguir juntas, a pesar de las tempestades.

Solemos idealizar el concepto de amor y aguantar carros y carretas, normalmente hacemos las cosas y luego las justificamos para no sentir la incoherencia en nosotros, una especie de disonancia muy molesta que nadie quiere.

De la misma forma en que un espectador sale como voluntario a un espectáculo de hipnosis, una vez dentro del trance le hace abrir un paraguas, y cuando le saca del trance le pregunta qué hace con ese paraguas si no llueve, oiremos decir a esta persona toda clase de justificaciones de por qué está allí con el paraguas abierto, apuntando por supuesto a que lo abrió por propia decisión por alguna razón que ahora trata de encontrar.

El peligro de todo esto es que, una vez metidos en una situación, que quizá no es la que deseamos, para salir tendremos que sortear esta tendencia a autojustificarnos. 

Pero volvamos al tema que nos ocupa y al título de este post, ¿qué pasa cuando un miembro de la pareja eclipsa al otro? por ejemplo, si uno de los dos es más activo y solícito puede terminar siéndolo aún más ante la pasividad del otro. Esto puede llegar a eclipsar la propia forma de ser del miembro que es más pasivo, pues no le dará tiempo a reaccionar, ya estará hecho todo, llegando a parecerse la convivencia más a padres e hijos que a parejas.

Realmente esta dinámica tenderá a desequilibrar lo que es una relación de pareja y los papeles se irán dando a medida que la película transcurra.

Salir de una dinámica creada y a la que uno se acostumbra no es tarea fácil y obligará al miembro más activo a serlo pero más centrado en sus propias cosas, más que en ayudar al otro que, por otra parte, también es adulto y no hay que menospreciar su capacidad de autonomía. 

Esta sería la única forma de devolver más equilibrio a una relación de estas características. Y si no, siempre es mejor la opción de dejarlo que tirarse los trastos a la cabeza, y así poder conservar la dignidad uno y otro.

En cada etapa de nuestra vida nos atraen unas cosas y otras no, esto va cambiando a lo largo del tiempo, pero si no lo respetamos terminaremos forzándonos quizá a hacer lo que otros quieren. Respetarnos a nosotros mismos requiere de mucha valentía, pero será la única manera de respetar realmente a los demás.



Mi camino hasta aquí


Era febrero de 2011 y con mucha ilusión me disponía a hacer realidad mi proyecto de abrir una consulta de psicología en esta preciosa ciudad que es Gijón. 

Aquel local aún no estaba vacío, haría falta limpiar a fondo los restos del anterior inquilino y pintar para luego comenzar a habitar aquel lugar. Cuadros, fotos, colores y ya comenzaba a sentirme muy bien allí, esperaba que esa sensación fuera compartida.

Se trataba de que al entrar allí resultara acogedor y un lugar al que mereciera la pena acudir para aliviar penas, compartir alegrías y poner en orden algunas ideas. 

Poco a poco, como un goteo, iban apareciendo personas que confiaban en mí y en mi trabajo. Han sido 5 años maravillosos en los que he aprendido mucho cada día, sintiéndome agradecida de poder dedicarme a mi vocación y agradecida a cada cliente por haberme elegido para acompañarle en su proceso. 

Las cosas se iban desarrollando bien, empezaba a necesitar un sitio más grande e independiente y, a finales de 2015, comencé a ver anuncios para hacer un cambio, entonces fue cuando vi: Calle Libertad, me gustó el nombre, leí el anuncio más detenidamente y resulta que era lo que buscaba.

Una decisión importante, comenzaba una nueva aventura y, ayudada de Lola Torga, decoraba y ambientaba el nuevo sitio. Esta vez quería ofrecer todas las comodidades posibles a las personas que se aventuraban en su viaje interior. 


 

Cómo se llena y decora el espacio, la iluminación que se elige, los rincones con vida y el colorido, son factores fundamentales para influir en un estado de ánimo de bienestar y confianza. Aquí tanto el lugar como la persona que te recibe acogen tu mundo interior como algo muy valioso y delicado.

Con mi proyecto son muchas las personas que he tenido la oportunidad de conocer y de las que aprender, y estoy segura de que será una fuente inagotable de conocimiento y de enriquecimiento mutuo.


Libro: El puzle interior


Un vigilante muy mal pagado de un centro comercial, Roberto intentando meditar, un niño jugueteando con nuestro cableado interior, Silen que silenció todas sus emociones, Lina y la culpa, Amelia y su herida, son algunos de los personajes que aparecen en mi libro, relatos cortos que trataban de abrirse paso para plasmar mi propio puzle interior.  

Una gran empresa con su directiva: el poder-voluntad, el departamento de Recursos Humanos, Investigación y Desarrollo; y tres equipos dispuestos a hacernos felices: el equipo protector, el equipo conector y el equipo creador.

Dentro de cada equipo hay trabajadores estrella si les pagamos bien y valoramos su trabajo, pero se convertirán en destructivos si los encerramos en el sótano, gastando además grandes facturas de energía.

Cuando hay muchos trabajadores en el sótano es cuando se pueden manifiestar en la persona problemas como la depresión, el estrés, la ansiedad, las fobias, problemas psicosomáticos, etc.

Hay toda una serie de trabajadores que suelen tener mala prensa, como el enfado, la tristeza, el miedo, la víctima, la envidia, etc., sin embargo, trabajando a plena luz y reconocidos nos darán lo más preciado como la asertividad, la profundidad y conexión, la precaución y seguridad, el reconocimiento de nuestras heridas y los deseos más viables que nos reportarán mucho bienestar al perseguirlos.

Ha sido muy especial para mí escribir este libro porque han salido algunas de mis voces que estaban deseando sentirse escuchadas, yo las he escuchado y eso me ha resultado de gran alivio, espero que en cada voz te encuentres tú, lector, y también puedan así tus trabajadores sentirse escuchados por ti porque tienen mucho que ofrecerte.

Gracias a Hall y Sidra Stone por difundir el diálogo de voces, a Genpo Roshi por tu metáfora de la empresa interior y toda tu sabiduría enseñada en tus talleres, gracias también a Alejandro Villar Martín por facilitarnos este aprendizaje en España.